Domingo XXIII del Tiempo ordinario

Domingo XXIII del Tiempo ordinario

Domingo XXIII del Tiempo ordinario – 9 DE SEPTIEMBRE DE 2018

SED FUERTES, NO TEMÁIS

¡Cuánto necesitamos estas palabras llenas de ánimo del profeta Isaías! Nuestra Iglesia muy a menudo parece estar triste. Y a buen seguro que motivos hay. Cada cual carga con sus problemas. Nuestras comunidades parecen no crecer y cada vez están más envejecidas. Podríamos señalar muchos motivos de desánimo pastoral, dificultades de todo tipo, quizás el mal humor, los problemas personales de soledad o falta de ilusión tal vez.

A buen seguro que la letanía de aspectos negativos podría hacerse muy larga.
Ante este panorama nos sentimos muy pequeños e incapaces de poder afrontar nuestras responsabilidades de una manera digna. ¿Qué haremos, pues?

Es entonces cuando el mensaje de Isaías alcanza su fuerza y su luz. Volvamos a escucharlo: “Sed fuertes, no temáis”. Y se nos dirige hoy a nosotros. ¡Ahora y aquí! Se trata de un mensaje de vida y de esperanza. Podemos ser fuertes, podemos ser valientes, porque Dios está con nosotros. Él es nuestra vida, nuestra energía, nuestra salvación. Todo puede cambiar porque Dios está con nosotros.

Aún con todas las dificultades que nos podemos encontrar, Jesús, el Señor, nos muestra el camino a seguir. Los que le seguimos hemos de tener siempre una actitud positiva, llena de aliento, de ánimo, convencidos de que podemos hacer muchas cosas. Jesús quiere que nos abramos a los demás, que les ayudemos, que les acompañemos.

LECTURAS PARA LA EUCARISTÍA

1ª LECTURA

Lectura del libro del profeta Isaías 35,4-7a

Decid a los cobardes de corazón: sed fuertes, no temáis. Mirad a vuestro Dios,
que trae el desquite, viene en persona, resarcirá y os salvará.

Se despegarán los ojos del ciego, los oídos del sordo se abrirán, saltará como un ciervo el cojo, la lengua del mudo cantará.

Porque han brotado aguas en el desierto, torrentes en la estepa; el páramo será un estanque, lo reseco un manantial. Palabra de Dios

 

COMENTARIO A LA 1ª LECTURA

En este texto el profeta resalta la llamada a la alegría y al júbilo porque Dios interviene en favor de su pueblo.

Hace una llamada a la esperanza porque la presencia de Dios se hará manifiesta en medio de su pueblo. Propone lo “insospechado” como realidad para el futuro y como fuerza dinámica para el presente. Si la esperanza es firme nadie puede recortar su fuerza liberadora.

 

SALMO
Sal 145, 6b-7. 8-9a. 9bc-10

R. Alaba, alma mía, al Señor.

• Alaba, alma mía, al Señor:
que mantiene su fidelidad perpetuamente,
que hace justicia a los oprimidos,
que da pan a los hambrientos. R:

• El Señor liberta a los cautivos,
el Señor abre los ojos al ciego,
el Señor endereza a los que ya se doblan,
el Señor ama a los justos,
el Señor guarda a los peregrinos. R:

• El Señor sustenta al huérfano y a la viuda,
y trastorna el camino de los malvados.
El Señor reina eternamente,
tu Dios, Sión, de edad en edad. R:

 

 

2ª LECTURA
Lectura de la carta del apóstol Santiago 2,1-5

Hermanos:

No juntéis la fe en nuestro Señor Jesucristo glorioso con la acepción de personas.

Por ejemplo: llegan dos hombres a la reunión litúrgica. Uno va bien vestido y hasta con anillos en los dedos; el otro es un pobre andrajoso.

Veis al bien vestido y le decís:
– Por favor, siéntate aquí, en el puesto reservado.

Al otro, en cambio:
– Estáte ahí de pie o siéntate en el suelo.

Si hacéis eso, ¿no sois inconsecuentes y juzgáis con criterios malos?

Queridos hermanos, escuchad: ¿Acaso no ha elegido Dios a los pobres del mundo para hacerlos ricos en la fe y herederos del Reino, que prometió a los que le aman? Palabra de Dios

COMENTARIO A LA 2ª LECTURA

Para Dios lo importante en la persona es su corazón y no su posición social o su situación económica y a todos hay que tratar de la misma manera. Los predilectos para los cristianos deben ser los humildes, los necesitados, los que carecen de todo. Dios nos juzgará según los valores de la sencillez, de la fidelidad y de la acogida que demos a su mensaje salvador.

 

EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Marcos 7,31-37

En aquel tiempo, dejó Jesús el territorio de Tiro, pasó por Sidón, camino del lago de Galilea, atravesando la Decápolis. Y le presentaron un sordo que, además, apenas podía hablar; y le piden que le imponga las manos.

Él, apartándolo de la gente a un lado, le metió los dedos en los oídos y con la saliva le tocó la lengua. Y, mirando al cielo, suspiró y le dijo:

– «Effetá», esto es: «Ábrete».

Y al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y hablaba sin dificultad.

Él les mandó que no lo dijeran a nadie; pero, cuanto más se lo mandaba, con más insistencia lo proclamaban ellos. Y en el colmo del asombro decían:

– Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos. Palabra de Dios

REFLEXIÓN SOBRE EL EVANGELIO

En Jesús se cumple lo anunciado por los profetas: Jesús actúa como salvador, liberador del hombre. A través del signo milagroso de curar a un ciego nos está manifestando que él nos libera del pecado que nos ata y esclaviza.

PARA NUESTRA REFLEXIÓN PERSONAL

SALIR DEL AISLAMIENTO

La soledad se ha convertido en una de las plagas más graves de nuestra sociedad. Los hombres construyen puentes y autopistas para comunicarse con más rapidez. Lanzan satélites para transmitir toda clase de ondas entre los continentes. Se desarrolla la telefonía móvil y la comunicación por Internet, pero muchas personas están cada vez más solas.

El contacto humano se ha enfriado en muchos ámbitos de nuestra sociedad. La gente no se siente apenas responsable de los demás.

Cada uno vive encerrado en su mundo. No es fácil el regalo de la verdadera amistad. Hay quienes han perdido la capacidad de llegar a un encuentro cálido, cordial, sincero.

No son ya capaces de acoger y amar sinceramente a nadie, y no se sienten comprendidos ni amados por nadie. Se relacionan cada día con mucha gente, pero en realidad no se encuentran con nadie. Viven con el corazón bloqueado, cerrado a Dios y cerrado a los demás.

Según el relato evangélico, para liberar al sordomudo de su enfermedad, Jesús le pide su colaboración:

“Ábrete” ¿No es esta la invitación que hemos de escuchar también hoy para rescatar nuestro corazón del aislamiento?

Jesús nos está pidiendo: ¡abre tu corazón al amor verdadero y a la amistad! ¡Abandona el egoísmo, la desconfianza y la insolidaridad que nos separa y aísla a unos de otros! Abrirse al amor es el camino indispensable para escapar de la soledad. El que se abre al amor al Padre y a los hermanos no está sólo.

Vive de manera solidaria.