Lecturas diarias: 19 de Junio – Victoria para quienes perseveran

Lecturas diarias: 19 de Junio – Victoria para quienes perseveran

Iniciar una obra es cosa relativamente
fácil, basta con avivar un poco
la lumbre del entusiasmo.

Perseverar en ella hasta el éxito,
es cosa diferente; eso ya es algo
que requiere continuidad y esfuerzo.

Comenzar está al alcance de los demás,
continuar, distingue a los hombres de carácter.

Por eso la médula de toda obra grande
-desde el punto de vista de su realización práctica-
es la perseverancia, virtud que consiste
en llevar las cosas hasta el final.

Es preciso, pues, ser perseverante,
formarse un carácter no sólo intrépido,
sino persistente, paciente, inquebrantable.

Sólo eso es un carácter.
El verdadero carácter no conoce
más que un lema: la victoria.
Y sufre con valor, con serenidad
y sin desaliento, la más grande
de las pruebas: la derrota.

La lucha tonifica el espíritu,
pero cuando falta carácter,
la derrota lo reprime y desalienta.

El triunfo es el fracaso al revés;
es el matiz plateado de esa nube incierta
que no te deja ver su cercanía…
¡Aún estando bien cerca!

Por eso, decídete a luchar sin dudar,
porque en verdad, cuando todo empeora,
el que es valiente, no se rinde,
¡persevera y lucha!

Hay que seguir adelante, aunque todo
parezca perdido; hay que insistir,
porque la perseverancia
convierte en fuerte al débil.

Hemos nacido para luchar.
Las más grandes victorias corresponden
siempre a quienes se preparan,
a quienes luchan y a quienes perseveran.

Evangelio del día 19 de Junio con el Padre Guillermo Serra

Evangelio según San Mateo 6, 24-34

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Nadie puede servir a dos amos, porque odiará a uno y amará al otro, o bien obedecerá al primero y no hará caso al segundo. En resumen, no pueden ustedes servir a Dios y al dinero.

Por eso les digo que no se preocupen por su vida, pensando qué comerán o con qué se vestirán. ¿Acaso no vale más la vida que el alimento, y el cuerpo más que el vestido?

Miren las aves del cielo, que ni siembran, ni cosechan, ni guardan en graneros y, sin embargo, el Padre celestial las alimenta. ¿Acaso no valen ustedes más que ellas? ¿Quién de ustedes, a fuerza de preocuparse, puede prolongar su vida siquiera un momento?

¿Y por qué se preocupan del vestido? Miren cómo crecen los lirios del campo, que no trabajan ni hilan. Pues bien, yo les aseguro que ni Salomón, en el esplendor de su gloria, se vestía como uno de ellos.

Y si Dios viste así a la hierba del campo, que hoy florece y mañana es echada al horno, ¿no hará mucho más por ustedes, hombres de poca fe?

No se inquieten, pues, pensando: ¿Qué comeremos o qué beberemos o con qué nos vestiremos?

Los que no conocen a Dios se desviven por todas estas cosas; pero el Padre celestial ya sabe que ustedes tienen necesidad de ellas. Por consiguiente, busquen primero el Reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas se les darán por añadidura.

No se preocupen por el día de mañana, porque el día de mañana traerá ya sus propias preocupaciones. A cada día le bastan sus propios problemas“.

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