Lecturas diarias – 4 de Noviembre – Como Zaqueo, Señor

Evangelio del día 4 de noviembre con el Padre Guillermo Serra| Miércoles de la trigésimo primera semana del tiempo ordinario

Disfruta cada día de la Palabra de Dios y compártela para que llegue a los corazones de tantos cristianos que necesitan este alimento diario.

EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS 14, 25-33

Grandes multitudes iban con él; y volviéndose, les dijo: Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo.

Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo. Porque ¿quién de vosotros, queriendo edificar una torre, no se sienta primero y calcula los gastos, a ver si tiene lo que necesita para acabarla?

No sea que después que haya puesto el cimiento, y no pueda acabarla, todos los que lo vean comiencen a hacer burla de él, diciendo: Este hombre comenzó a edificar, y no pudo acabar.

¿O qué rey, al marchar a la guerra contra otro rey, no se sienta primero y considera si puede hacer frente con diez mil al que viene contra él con veinte mil?

Y si no puede, cuando el otro está todavía lejos, le envía una embajada y le pide condiciones de paz. Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo.


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ORACIÓN del Ángelus por el Papa Francisco


Como Zaqueo, Señor

Quiero ser pequeño, para luego,
ver y comprobar que Tú eres lo más grande.
Quiero sentir mi pecado y mi debilidad
para, luego, gustar que Tú eres la santidad y la gracia,
la vida y la verdad, altura de miras hontanar de bondad.

Como Zaqueo, Señor.
Quiero ascender al árbol de la oración
y, agarrado a sus ramas, saber que Tú en ella
me tiendes la mano y me acompañas,
me proteges y, al oído, siempre me hablas,
me auxilias, y en mis caminos,
me alumbras con la luz de tu Verdad.

Como Zaqueo, Señor.
A veces me siento pecador y egoísta,
usurero y con afán de riquezas.
Por eso, Señor, como Zaqueo,
quiero ser grande en aquello que soy pequeño
y, diminuto, en aquello que soy gigante.

¿Me ayudarás, Señor?
No pases de largo, Jesús mío.
Que son muchos los tropiezos,
los que de saltar para llegarme hasta tu encuentro.
Que son incontables los intereses y, a veces las personas,
que me impiden darme el abrazo contigo.

Como Zaqueo, Señor.
En la noche oscura de mi alma
haz que nunca me falte un árbol donde remontarme
Una rama donde agarrarme.
Un tronco donde apoyarme para que, cuando pases,
aunque, por mi cobardía, no te diga nada,
Tú, Señor, me digas… ¡en tu casa quiero yo hospedarme!

P. Javier Leoz

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