Lecturas diarias: 4 de Octubre – Los escalones que llevan…

Los escalones que llevan a la felicidad

No puedes ser todo para todas las personas.
No puedes hacer todas las cosas al mismo tiempo.

No puedes hacer todas las cosas igual de bien.
No puedes hacer todas las cosas mejor de lo que
lo hacen los demás, tú las haces a tu manera.

Tu humanidad se hace presente como
en el resto de la gente.

Así que:

Debes buscar dentro tuyo quién eres, y ser ése.
Debes decidir las prioridades, y cumplirlas.
Debes encontrar tu fuerza y usarla.
Debes aprender a no competir con los demás

Por lo tanto:

Habrás aprendido a aceptar que eres único.
Habrás aprendido a fijar las prioridades
y a tomar decisiones.

Habrás aprendido a vivir con tus limitaciones.
Habrás aprendido a respetarte.
Y serás un mortal más vital.

Atrévete a creer:

Que eres una persona maravillosa
e irrepetible.

Que más que un derecho, es tu tarea
encomendada, ser quien eres.

Que la vida no es un problema a resolver,
sino un regalo que disfrutar.

De esta forma podrás sobreponerte
y disfrutar de las cosas que antes te deprimían.

Evangelio del día 4 de octubre con el Padre Guillermo Serra| Festividad de San Francisco de Asís

Disfruta cada día de la Palabra de Dios y compártela para que llegue a los corazones de tantos cristianos que necesitan este alimento diario.

EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS 10, 25-37

En aquel tiempo, se presentó ante Jesús un doctor de la ley para ponerlo a prueba y le preguntó: «Maestro, ¿qué debo hacer para conseguir la vida eterna?» Jesús le dijo: «¿Qué es lo que está escrito en la ley? ¿Qué lees en ella?»

El doctor de la ley contestó: «Amarás al Señor tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con todo tu ser, y a tu prójimo como a ti mismo». Jesús le dijo: «Has contestado bien; si haces eso, vivirás».

El doctor de la ley, para justificarse, le preguntó a Jesús: «¿Y quién es mi prójimo?» Jesús le dijo: «Un hombre que bajaba por el camino de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de unos ladrones, los cuales lo robaron, lo hirieron y lo dejaron medio muerto.

Sucedió que por el mismo camino bajaba un sacerdote, el cual lo vio y pasó de largo.

De igual modo, un levita que pasó por ahí, lo vio y siguió adelante. Pero un samaritano que iba de viaje, al verlo, se compadeció de él, se le acercó, ungió sus heridas con aceite y vino y se las vendó; luego lo puso sobre su cabalgadura, lo llevó a un mesón y cuidó de él.

Al día siguiente sacó dos denarios, se los dio al dueño del mesón y le dijo: ‘Cuida de él y lo que gastes de más, te lo pagaré a mi regreso’.

¿Cuál de estos tres te parece que se portó como prójimo del hombre que fue asaltado por los ladrones?» El doctor de la ley le respondió: «El que tuvo compasión de él». Entonces Jesús le dijo: «Anda y haz tú lo mismo».


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ORACIÓN A SAN FRANCISCO DE ASÍS


ORACIÓN del Ángelus por el Papa Francisco


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