Lecturas diarias: 13 de Junio – Sé amante del silencio – Festividad de San Antonio

Jueves, 13 de junio de 2013
Semana 10ª durante el año
Memoria obligatoria – Blanco
2 Corintios 3, 15-4,1.3-6 / Mateo 5, 20-26
Salmo responsorial Sal 84, 9ab. 10-14
R/. “La gloria del Señor habitará en nuestra tierra”

Santoral:
San Antonio de Padua, San Agustín Phan Viet Huy
y San Nicolás Bui Duc The

Sé amante del silencio

La palabra que no va precedida de una preparación,
de una reflexión en silencio, corre el riesgo de ser vana.

El silencio no está de moda, dicen algunos,
nunca lo ha estado, afirman otros.
La verdad es que vivimos en un mundo
de ruidos; estamos tan acostumbrados
a ellos que no sabemos vivir sin ruidos.

El silencio nos aterra, nos espanta
y lo consideramos propio de monjes
y ermitaños, sin embargo, aunque vivimos
inmersos en una cultura del ruido,
el silencio es importante.

El ser humano contemporáneo,
aun inconscientemente, está gritando con Verlaine:
“Dadme silencio y el amor del misterio”.

El silencio no es contrario a la palabra.
Ésta tiene que reposar en aquél, porque
“el resonar de la palabra auténtica puede brotar
sólo desde el silencio” nos dice Heidegger.

¿Qué es el silencio?

“Existe la ausencia de ruido –escribe Le Chevalier–
y existe el silencio. El silencio es la paz; la ausencia
de ruido, a veces, es la nada angustiosa”.

“El silencio pertenece a la estructura fundamental
del hombre”, ha escrito Picard.
En él –afirma Guardini– se realiza el conocimiento auténtico”.
Para Gandhi, “el silencio dilata el espacio
de tiempo de nuestra vida”;

Para Psichari, es “un gran maestro de verdad”.
Para Lavelle, “es la forma más perfecta del pudor”.
Para san Pablo de la Cruz, “la llave de oro
que conserva el tesoro de las virtudes”.
Para Bossuet, “el guardián del alma”.

El silencio es algo más que callar la palabra,
es el fruto de un convencimiento de concentración,
meditación, reflexión y oración.

El silencio puede asumir múltiples significados.
Hay silencios positivos de aceptación,
de promesa, creativos…
Pero no todo en el silencio es positivo.
Así como existe la palabra vana e hiriente,
se da el silencio negativo y destructivo.

Existe el silencio falso, como existe la palabra falsa.
Existe el silencio de amenaza, de cólera, de odio, rencor…
“Algunos –ha escrito Canetti– consiguen la cima
de su maldad en el silencio”; otros, con el silencio,
callan la injusticia, el robo, la mentira…

Para progresar en el silencio hay que dominar
la lengua, los impulsos, los deseos…
ya que el lenguaje que escucha es el del amor.

El silencio prepara el camino para el encuentro
con Dios, para escuchar a los otros
y para escucharse uno mismo.

Quien desee progresar en los caminos del Espíritu
deberá hablar poco a las criaturas y mucho a Dios.
Tendrá que guardar silencio al trabajar, al andar;
silencio de los ojos, de los oídos, de la voz;
silencio de la imaginación, de la memoria…
Es necesario guardar el silencio de la mente,
callar los pensamientos inútiles…

“Por el silencio se reconoce a los que llevan
a Dios en el corazón”, dice G. Tersteegen.

P. Eusebio Gómez Navarro OCD

Liturgia – Lecturas del día

Jueves, 13 de Junio de 2013

Dios hizo brillar su luz en nuestros corazones
para que resplandezca el conocimiento de la gloria de Dios

Lectura de la segunda carta del Apóstol san Pablo
a los cristianos de Corinto
3, 15-4,1.3-6

Hermanos:
Hasta el día de hoy un velo cubre la inteligencia de los israelitas siempre que leen a Moisés. Pero al que se convierte al Señor, se le cae el velo. Porque el Señor es el Espíritu, y donde está el Espíritu del Señor, allí está la libertad. Nosotros, en cambio, con el rostro descubierto, reflejamos, como en un espejo, la gloria del Señor, y somos transfigurados a su propia imagen con un esplendor cada vez más glorioso, por la acción del Señor, que es Espíritu.
Por eso, investidos misericordiosamente del ministerio apostólico, no nos desanimamos. Si nuestro Evangelio todavía resulta impenetrable, lo es sólo para aquéllos que se pierden, para los incrédulos, a quienes el dios de este mundo les ha enceguecido el entendimiento, a fin de que no vean resplandecer el Evangelio de la gloria de Cristo, que es la imagen de Dios.
Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Cristo Jesús, el Señor, y nosotros no somos más que servidores de ustedes por amor de Jesús. Porque el mismo Dios que dijo: «Brille la luz en medio de las tinieblas», es el que hizo brillar su luz en nuestros corazones para que resplandezca el conocimiento de la gloria de Dios, reflejada en el rostro de Cristo.

Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL 84, 9ab. 10-14

R. La gloria del Señor habitará en nuestra tierra.

Voy a proclamar lo que dice el Señor:
el Señor promete la paz para su pueblo y sus amigos.
Su salvación está muy cerca de sus fieles,
y la Gloria habitará en nuestra tierra. R.

El Amor y la Verdad se encontrarán,
la Justicia y la Paz se abrazarán;
la Verdad brotará de la tierra
y la Justicia mirará desde el cielo. R.

El mismo Señor nos dará sus bienes
y nuestra tierra producirá sus frutos.
La Justicia irá delante de Él,
y la Paz, sobre la huella de sus pasos. R.

EVANGELIO

Todo aquél que se enoja contra su hermano,
merece ser condenado por un tribunal

a Evangelio de nuestro Señor Jesucristo
según san Mateo
5, 20-26

Jesús dijo a sus discípulos: Les aseguro que si la justicia de ustedes no es superior a la de los escribas y fariseos, no entrarán en el Reino de los Cielos.
Ustedes han oído que se dijo a los antepasados: No matarás, y el que mata debe ser llevado ante el tribunal. Pero Yo les digo que todo aquél que se enoja contra su hermano merece ser condenado por un tribunal. Y todo aquél que lo insulta merece ser castigado por el Tribunal. Y el que lo maldice merece el infierno.
Por lo tanto, si al presentar tu ofrenda en el altar, te acuerdas de que tu hermano tiene alguna queja contra ti, deja tu ofrenda ante el altar, ve a reconciliarte con tu hermano, y sólo entonces vuelve a presentar tu ofrenda.
Trata de llegar en seguida a un acuerdo con tu adversario, mientras vas caminando con él, no sea que el adversario te entregue al juez, y el juez al guardia, y te pongan preso. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo.

Palabra del Señor.

Reflexión

2 Corintios 3, 15-4,1.3-6
a) Pablo sigue comparando el AT con el NT, para hacer ver la superioridad de Jesús sobre Moisés y la importancia del ministerio que tienen los apóstoles del NT.
Esta vez, la palabra clave es el «velo». El velo que ocultaba el rostro de Moisés, por el brillo que tenía cuando salía de hablar con Yahvé, lo interpreta Pablo como una visión no perfecta: ver las cosas con un velo sobre la mente. Los judíos leen la misma Escritura que nosotros, pero no la acaban de entender con claridad. Nosotros sí, porque Jesús ha «re-velado», «des-velado» el sentido de la historia y de la voluntad de Dios.
Los demás ministros del NT llevan la cara descubierta, intentando ser imagen cada vez más clara del Señor. Pablo ha predicado ese evangelio «dando a conocer la gloria de Dios reflejada en Cristo». Cuando encontramos dificultades en el camino, dice Pablo que «no nos acobardamos». Mientras que los judíos, por estar obcecados, no alcanzan a ver «el fulgor del glorioso evangelio de Cristo».
b) En este mundo hay muchos que no acaban de ver. Que tienen ante los ojos un velo: el materialismo, el interés, la falta de formación religiosa…
Como Pablo para con los Corintios, los cristianos de hoy, y en especial los religiosos, los sacerdotes, los catequistas, los educadores, deberíamos ser luz para los demás. No se trata sólo de palabras y discursos. Así como Cristo era «imagen de Dios», los cristianos debemos «reflejar la gloria del Señor y transformarnos en su imagen, con resplandor creciente». Y eso sucede cuando nuestra misma vida es signo de la salvación de Dios.
Preguntémonos hoy si de veras difundimos luz a nuestro alrededor, si somos reflejo del amor y de la alegría de Dios, si los que nos ven pueden enterarse fácilmente de cuál es el evangelio que seguimos.
Para nosotros ya ha sido realidad el plan de Dios, porque hemos recibido su Espíritu de gracia y libertad. Podemos cantar con el salmo: «la gloria del Señor habitará en nuestra tierra», porque ya ha aparecido Cristo Jesús. Pero se trata de que ahora lo vaya siendo para los demás, también con nuestra colaboración: «El Dios que dijo: brille la luz del seno de la tiniebla, ha brillado en nuestros corazones, para que nosotros iluminemos, dando a conocer la gloria de Dios, reflejada en Cristo>. Y eso se puede hacer, no sólo yendo a países de misión, sino en nuestra misma familia y comunidad: todos necesitamos la luz y el testimonio de los demás.
Mateo 5,20-26
a) «Pero yo os digo». Jesús, con la autoridad del profeta definitivo enviado por Dios, y sirviéndose de antítesis muy claras, sigue comparando las actitudes del AT y mostrando que ahora deben ser perfeccionadas: «Si no sois mejores que los letrados y los fariseos…».
Hoy trata el tema de la caridad fraterna (¿cuántas veces sale la palabra «hermano»?). Si el AT decía, con razón, «no matarás», el seguidor de Cristo tiene que ir mucho más allá.
Tiene que evitar estar peleado con su hermano o insultarle. Parece una paradoja que Jesús, comparando «culto a Dios» y «reconciliación con el hermano», dé prioridad a la reconciliación con el hermano. Después podremos traer la ofrenda al altar.
b) Preguntémonos hoy cómo van nuestras relaciones con los hermanos, con las personas con quienes convivimos. Naturalmente, no llegaremos a sentimientos asesinos («yo no mato ni robo»). Pero ¿existen en nosotros el rencor, la ira, las palabras insultantes, la maledicencia, la indiferencia?
Jesús quiere que cuidemos nuestras actitudes interiores, que es de donde proceden los actos externos. Si tenemos mala disposición para con una persona, es inútil que queramos corregir las palabras o los gestos: tenemos que ir a la raíz, a la actitud misma, y corregirla.
Antes de comulgar con Cristo, en la misa hacemos el gesto de que queremos estar en comunión con el hermano. El «daos fraternalmente la paz» no apunta sólo a un gesto para ese momento, sino a un compromiso para toda la jornada: ser obradores de paz, tratar bien a todos, callar en el momento oportuno, decir palabras de ánimo, saludar también al que no me saluda, saber perdonar. Son las actitudes que, según Jesús, caracterizan a su verdadero seguidor. Las que al final, decidirán nuestro destino: «tuve hambre y me diste de comer, estaba enfermo y me visitaste».

J. Aldazabal
Enséñame tus Caminos

Si continuas utilizando este sitio aceptas el uso de cookies. más información

Los ajustes de cookies de esta web están configurados para "permitir cookies" y así ofrecerte la mejor experiencia de navegación posible. Si sigues utilizando esta web sin cambiar tus ajustes de cookies o haces clic en "Aceptar" estarás dando tu consentimiento a esto.

Cerrar