Reflexión del evangelio para el tercer domingo de Adviento

16 DE DICIEMBRE DE 2018

Reflexión del evangelio para el tercer domingo de Adviento

¿QUÉ PODEMOS HACER PARA ACOGER A JESÚS?

       La predicación del Bautista sacudió la conciencia de muchos, porque decía claro y fuerte que era necesario cambiar, volver a Dios, prepararse para acoger al Mesías. Ante esta predicación algunos le preguntaron: ¿Y qué podemos hacer?

       El Bautista no se pierde en teorías sublimes ni en motivaciones profundas. De manera directa, en el más puro estilo profético, lo resume todo en una fórmula genial: “El que tenga dos túnicas, que las reparta con el que no tiene; y el que tenga comida, que haga lo mismo”.

        Esto le dijo entonces, pero ¿qué nos diría ahora en este tiempo? Quizá que pongamos un poco de interés en conocer lo que está pasando actualmente a nuestro alrededor ya que la falta de información es la primera causa de nuestra pasividad. Nos diría que no toleráramos la mentira o el encubrimiento de la verdad. Tenemos que conocer, en toda su crudeza, el sufrimiento que se está generando de manera injusta entre nosotros. Tendríamos que atrevernos a hacer la experiencia de “empobrecernos un poco” compartiendo con los más necesitados tantas cosas que tenemos y no necesitamos para vivir. Tendríamos que estar un poco más atentos con aquellas personas que han caído en situaciones graves de exclusión social: desahuciados, familias sin ingresos ni recurso social alguno… Tendríamos que salir en defensa de los que se están hundiendo en la impotencia y la falta de motivación para enfrentarse a su futuro.

      Desde las comunidades cristianas tendríamos que desarrollar iniciativas diversas para estar cerca de los casos más sangrantes de desamparo social: conocimiento concreto de situaciones, movilización de personas para no dejar solo a nadie, aportación de recursos materiales, gestión de posibles ayudas… Con estas acciones estaríamos acogiendo con más verdad a Cristo en nuestras vidas.

LECTURAS PARA LA EUCARISTÍA

1ª LECTURA

Lectura del libro del profeta Sofonías 3,14-18a
Regocíjate, hija de Sión, grita de júbilo, Israel, alégrate y gózate de todo corazón, Jerusalén. El Señor ha cancelado tu condena, ha expulsado a tus enemigos. El Señor será el rey de Israel, en medio de ti, y ya no temerás.
Aquel día dirán a Jerusalén:
– No temas, Sión, no desfallezcan tus manos.
El Señor tu Dios, en medio de ti, es un guerrero que salva. Él se goza y se complace en ti, te ama y se alegra con júbilo como en día de fiesta. Palabra de Dios  

COMETARIO A LA 1ª LECTURA

    Al profeta Sofonías le tocó vivir en una época un tanto turbulenta para la vida del pueblo de Dios. En esta situación el profeta levanta su voz llamando a la esperanza y alegría al pueblo pobre y humilde, al “resto de Israel” símbolo de la presencia de Dios en medio del pueblo. Alegría y júbilo porque el Señor ofrece la salvación derribando del trono a los poderosos y exaltando a los humildes.                            

SALMO 

Is 12, 2-3. 4bcd. 5-6
R. Gritad jubilosos: «Qué grande es en medio de ti el Santo de Israel».

2ª LECTURA

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 4,4-7
Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito, estad alegres. Que vuestra mesura la conozca todo el mundo. El Señor está cerca. Nada os preocupe; sino que, en toda ocasión, en la oración y súplica con acción de gracias, vuestras peticiones sean presentadas a Dios. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo juicio, custodiará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús. Palabra de Dios.

COMENTARIO A LA 2ª LECTURA

    El apóstol Pablo decía a los cristianos de Filipo y nos dice a nosotros que estemos siempre alegres, porque el Señor está cerca, está con nosotros, que acojamos al Señor con generosidad y así recibiremos el don de la paz por la que superaremos toda preocupación. Nuestra alegría tiene su fundamento “en la presencia del Señor” en nosotros. Quien está en paz con Dios comunicará y contagiará su alegría a los demás.     

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según San Lucas 3,10-18
En aquel tiempo, la gente preguntaba a Juan:
– ¿Entonces, qué hacemos?
Él contestó:
– El que tenga dos túnicas, que se las reparta con el que no tiene; y el que tenga comida, haga lo mismo.
Vinieron también a bautizarse unos publicanos y le preguntaron:
– Maestro, ¿qué hacemos nosotros?
Él les contestó:
– No exijáis más de lo establecido.
Unos militares le preguntaron:
– ¿Qué hacemos nosotros?
Él les contestó:
– No hagáis extorsión ni os aprovechéis de nadie, sino contentaos con la paga.
El pueblo estaba en expectación, y todos se preguntaban si no sería Juan el Mesías; él tomó la palabra y dijo a todos:
– Yo os bautizo con agua; pero viene el que puede más que yo, y no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego; tiene en la mano el bieldo para aventar su parva y reunir su trigo en el granero y quemar la paja en una hoguera que no se apaga.
Añadiendo otras muchas cosas, exhortaba al pueblo y le anunciaba el Evangelio Palabra de Dios  Final del formularioPrincipio del formulario

COMENTARIO AL EVANGELIO

     Juan el Bautista, en el Evangelio de hoy, llama a la conversión y al perdón para poder acoger la Buena Noticia de Jesús. Conversión que se concreta en trabajar para que los valores del Reino sean efectivos aquí y ahora.    

PARA NUESTRA REFLEXIÓN PERSONAL

BIENAVENTURANZAS DEL ADVIENTO.

Felices quienes siguen confiando, a pesar de las muchas circunstancias adversas de la vida. Los que tratan de allanar todos los senderos: odios, marginaciones, discordias, enfrentamientos, injusticias. Los que bajan de sus cielos particulares para ofrecer esperanza y anticipar el futuro, con una sonrisa en los labios y con mucha ternura en el corazón.

Felices quienes aguardan, contemplan, escuchan, están pendientes de recibir una señal, y cuando llega el momento decisivo, dicen: sí, quiero, adelante, sea, en marcha… Los que denuncian y anuncian con su propia vida y no sólo con meras palabras. Los que rellenan los baches, abren caminos, abajan las cimas, para que la existencia sea para todos más humana.

Felices quienes acarician la rosa, acercan la primavera, regalan su amistad y reparten ilusión a manos llenas con su ejemplo y sus obras. Los que cantan al levantarse, los que proclaman que siempre hay un camino abierto a la esperanza, diciendo: “No tengáis miedo, estad alegres. Dios es como una madre, como un padre bueno que no castiga nunca, sino que nos acompaña y nos alienta, pues únicamente desea nuestra alegría y nuestra felicidad”.