Reflexión del evangelio para la festividad de la familia el primer Domingo de Navidad

Primer Domingo de Navidad

Reflexión del evangelio para la festividad de la familia el primer Domingo de Navidad

FESTIVIDAD DE LA SAGRADA FAMILIA / CICLO C

 

¿QUÉ FAMILIA QUEREMOS?                                        

         Hoy es el Día de la familia cristiana. Una fiesta establecida recientemente para que los cristianos celebremos y ahondemos en lo que puede ser un proyecto familiar entendido y vivido desde el espíritu de Jesús.

         No basta defender de manera abstracta el valor de la familia. Tampoco es suficiente imaginar la vida familiar según el modelo de la familia de Nazaret, idealizada desde nuestra concepción de la familia tradicional. Seguir a Jesús puede exigir a veces cuestionar y transformar esquemas y costumbres muy arraigados en nosotros.

         La familia no es para Jesús algo absoluto e intocable. Para Jesús lo más importante es construir la gran familia de los hijos de Dios escuchando el deseo del único Padre de todos.

         Cuando María y José encuentran a Jesús en el templo de Jerusalén y le preguntan, después de decirle que lo estaban buscando angustiados: Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Jesús los sorprende con una respuesta inesperada: ¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?           Sus padres no le comprendieron en ese momento, aunque con el tiempo descubrirían que para Jesús, lo primero era la familia humana: una sociedad más fraterna, justa y solidaria, tal como la quiere Dios.

         La familia cristiana de este tiempo, como un compromiso de su fe, debe vivir comprometida para conseguir una sociedad mejor y más humana, debe educar para la solidaridad, la búsqueda de paz, la sensibilidad hacia los necesitados, la compasión.                                 

LECTURAS PARA LA EUCARISTÍA

 

1ª LECTURA

Lectura del libro del Eclesiástico   3, 2-6. 12-14.

Dios hace al padre más respetable que a los hijos y afirma la autoridad de la madre sobre su prole. El que honra a su padre expía sus pecados, el que respeta a su madre acumula tesoros; el que honra a su padre se alegrará de sus hijos y, cuando rece, será escuchado; el que respeta a su padre tendrá larga vida, al que honra a su madre el Señor lo escucha. Hijo mío, sé constante en honrar a tu padre, no lo abandones mientras vivas; aunque chochee, ten indulgencia, no lo abochornes mientras vivas. La limosna del padre no se olvidará, será tenida en cuenta para pagar tus pecados. Palabra de Dios  

COMETARIO A LA 1ª LECTURA

 En el libro del Eclesiástico se dan unas normas para que en la familia predomine el amor mutuo entre los padres y los hijos, porque eso gusta al Señor y además los hijos que honran a sus padres tendrán su recompensa.                              

SALMO

Sal 127, 1-2. 3. 4-5 (R.: cf. 1)

  1. Dichosos los que temen al Señor y siguen sus caminos.

– Dichoso el que teme al Señor y sigue sus caminos.

Comerás del fruto de tu trabajo, serás dichoso, te irá bien. R.

-Tu mujer, como parra fecunda, en medio de tu casa;                                              tus hijos, como renuevos de olivo, alrededor de tu mesa. R.

-Ésta es la bendición del hombre que teme al Señor.

Que el Señor te bendiga desde Sión,

que veas la prosperidad de Jerusalén todos los días de tu vida. R.

2ª LECTURA

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses 3, 12-21

Hermanos: Como elegidos de Dios, santos y amados, vestíos de la misericordia entrañable, bondad, humildad, dulzura, comprensión. Sobrellevaos mutuamente y perdonaos, cuando alguno tenga quejas contra otro. El Señor os ha perdonado: haced vosotros lo mismo. Y por encima de todo esto, el amor, que es el ceñidor de la unidad consumada.                                                                                        Que la paz de Cristo actúe de árbitro en vuestro corazón; a ella habéis sido convocados, en un solo cuerpo. Y sed agradecidos. La palabra de Cristo habite entre vosotros en toda su riqueza; enseñaos unos a otros con toda sabiduría; corregíos mutuamente.                                                                                               Cantad a Dios, dadle gracias de corazón, con salmos, himnos y cánticos inspirados. Y, todo lo que de palabra o de obra realicéis, sea todo en nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él.                                   Mujeres, vivid bajo la autoridad de vuestros maridos, como conviene en el Señor. Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas. Hijos, obedeced a vuestros padres en todo, que eso le gusta al Señor. Padres, no exasperéis a vuestros hijos, no sea que pierdan los ánimos. Palabra de Dios.

COMENTARIO A LA 2ª LECTURA

     El apóstol Pablo se dirige a los cristianos de Colosas para pedirle que sean misericordiosos, bondadosos, comprensivos unos con otros, que se sobrelleven y se perdonen lo mismo que nos ha perdonado el Señor, que se corrijan mutuamente, en resumen que se amen. También les pide que todas sus acciones las realicen en nombre del Señor Jesús.                        

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Lucas 2,41-52
Los padres de Jesús solían ir cada año a Jerusalén por las fiestas de Pascua.
Cuando Jesús cumplió doce años, subieron a la fiesta según la costumbre y, cuando terminó, se volvieron; pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que lo supieran sus padres.
Éstos, creyendo que estaba en la caravana, hicieron una jornada y se pusieron a buscarlo entre los parientes y conocidos; al no encontrarlo, se volvieron a Jerusalén en su busca.
A los tres días, lo encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas; todos los que le oían quedaban asombrados de su talento y de las respuestas que daba.
Al verlo, se quedaron atónitos, y le dijo su madre:
– Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados.
Él les contestó:
– ¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?
Pero ellos no comprendieron lo que quería decir.
Él bajó con ellos a Nazaret y siguió bajo su autoridad. Su madre conservaba todo esto en su corazón. Y Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y los hombres. Palabra de Dios Final del formularioPrincipio del formulario

COMENTARIO AL EVANGELIO

  El evangelista Lucas destaca en este pasaje del Evangelio las relaciones de Jesús con el Padre en las que su voluntad está por encima de los vínculos familiares, aunque estos ni los rompe ni los quebranta porque Jesús se volvió con María y José a Nazaret y siguió bajo su autoridad.  

PARA NUESTRA REFLEXIÓN PERSONAL

EL ESTILO DE LA FAMILIA DE JESÚS

     Tres aspectos podemos destacar en esta festividad en la que la familia de Jesús se nos presenta como modelo justamente en unos días que consideramos tan entrañablemente familiares.

  1. El respeto a la forma de ser de cada persona. Cada uno tenemos nuestro carácter, nuestras cualidades, nuestros gustos y aficiones, nuestros amigos, nuestros proyectos profesionales y personales. Cada uno tenemos nuestra misión, nuestra vocación. También tenemos cada uno nuestro ritmo de crecimiento y madurez y no se puede forzar las cosas. No puedo exigir que el otro sea como yo quiero, que se comporte a mi gusto, que elija el proyecto de vida que a mí me parece mejor, que elija los amigos que yo considero adecuados… He de respetar a cada uno profundamente.
  2. Ayudar a que cada uno sea él mismo, desarrolle sus cualidades y aficiones, respete a sus amigos y elija sus diversiones. Que cada uno descubra su vocación y misión, elija su pareja y sus amigos, su trabajo y sus opciones en la vida. Que todos se sientan arropados, acompañados, acogidos, comprendidos, defendidos, dignos de confianza… Y sin embargo son muchos los que no se sienten así en la familia. Son muchos los que se sienten solos, incomprendidos, desatendidos, forzados a hacer lo que quieren los padres sin ningún respeto a su forma de ser y a sus gustos…
  3. Aprender a amar. A hacer las cosas no por egoísmo, sino por amor verdadero, con generosidad, sin pedir nada a cambio. Dejar que Dios ocupe su lugar en nuestro corazón y nuestra casa para poder amar a los demás con el mismo amor y el mismo corazón de Dios.