Reflexión para el tercer domingo de Cuaresma

Reflexión para el tercer domingo de Cuaresma – Ciclo C

¿QUÉ IDEA TENEMOS DE DIOS?

Este domingo se nos invita a purificar nuestra idea de Dios o, incluso, a cambiarla si nos hemos formado una idea equivocada:

Dios no es un Dios lejano, desentendido de la humanidad, no es un juez implacable, condenador de lo humano, castigador, no es un Dios “tapagujeros”, que buscamos sólo en los problemas que no podemos solucionar, no es una creación mía, ni siquiera Dios es el resultado de sumar el esfuerzo de toda la humanidad por hacer un mundo más justo.

Una de las ideas más equivocadas de Dios, que tenían los contemporáneos de Jesús y que podemos tener nosotros, es que Dios castiga con el mal o que quien padece algún tipo de mal es a consecuencia de sus pecados, por lo que Dios le ha enviado ese mal.

El Dios que nos revela Jesús no es un Dios vengativo, dispuesto a castigar al malvado, sino un Dios compasivo y misericordioso, paciente con cada persona que espera dé los frutos de su conversión, pues la conversión no es sólo cambiar en el modo de pensar, sino también en el modo de actuar.

LECTURAS PARA LA EUCARISTÍA

Lectura del libro del Éxodo 3,1-8a. 13-15

En aquellos días, Moisés pastoreaba el rebaño de su suegro Jetró, sacerdote de Madián; llevó el rebaño trashumando por el desierto hasta llegar a Horeb, el monte de Dios.

El ángel del Señor se le apareció en una llamarada entre las zarzas. Moisés se fijó: la zarza ardía sin consumirse.

Moisés se dijo:
Voy a acercarme a mirar este espectáculo admirable, a ver cómo es que no se quema la zarza.
Viendo el Señor que Moisés se acercaba a mirar, lo llamó desde la zarza:
Moisés, Moisés.

Respondió él:
Aquí estoy.

Dijo Dios:
No te acerques; quítate las sandalias de los pies, pues el sitio que pisas es terreno sagrado.

Y añadió:
Yo soy el Dios de tus padres, el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob.
Moisés se tapó la cara, temeroso de ver a Dios.

El Señor le dijo:
He visto la opresión de mi pueblo en Egipto, he oído sus quejas contra los opresores, me he fijado en sus sufrimientos. Voy a bajar a librarlos de los egipcios, a sacarlos de esta tierra, para llevarlos a una tierra fértil y espaciosa, tierra que mana leche y miel.

Moisés replicó a Dios:
Mira, yo iré a los israelitas y les diré: «El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros».
Si ellos me preguntan cómo se llama, ¿qué les respondo?

Dios dijo a Moisés:
«Soy el que soy»; esto dirás a los israelitas: «Yo soy» me envía a vosotros.

Dios añadió:
Esto dirás a los israelitas: «Yahvé (Él-es), Dios de vuestros padres, Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob, me envía a vosotros.

Éste es mi nombre para siempre: así me llamaréis de generación en generación».

Palabra de Dios.

COMENTARIO A LA 1ª LECTURA

Moisés sufre la dura experiencia de tener que huir de Egipto porque el faraón le persigue a muerte. En su huida se refugia en la región de Madián y en uno de aquellos montes, el monte Sinaí, va a tener una experiencia mística, de encuentro con Dios y la encomienda de una difícil, pero extraordinaria misión: la liberación del pueblo.

Moisés descubre al Señor en la zarza ardiendo sin consumirse y Dios le sale al encuentro por medio de la palabra.

SALMO
Sal 102, 1-2. 3-4. 6-7. 8 y 11

R. El Señor es compasivo y misericordioso.

• Bendice, alma mía, al Señor, y todo mi ser a su santo nombre.
Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides sus beneficios. R:
• Él perdona todas tus culpas, y cura todas tus enfermedades;
él rescata tu vida de la fosa, y te colma de gracia y de ternura. R:
• El Señor hace justicia, y defiende a todos los oprimidos;
enseñó sus caminos a Moisés, y sus hazañas a los hijos de Israel. R:
• El Señor es compasivo y misericordioso,
lento a la ira y rico en clemencia;
como se levanta el cielo sobre la tierra,
se levanta su bondad sobre sus fieles. R:

2ª LECTURA
Lectura de la 1ª carta del apóstol san Pablo a los Corintios 10,1-6. 10-12

No quiero que ignoréis, hermanos, que nuestros padres estuvieron todos bajo la nube y todos atravesaron el mar y todos fueron bautizados en Moisés por la nube y el mar; y todos comieron el mismo alimento espiritual; y todos bebieron la misma bebida espiritual, pues bebían de la roca espiritual que los seguía; y la roca era Cristo. Pero la mayoría de ellos no agradaron a Dios, pues sus cuerpos quedaron tendidos en el desierto.

Estas cosas sucedieron en figura para nosotros, para que no codiciemos el mal como lo hicieron aquellos. No protestéis, como protestaron algunos de ellos, y perecieron a manos del Exterminador.

Todo esto les sucedía como un ejemplo y fue escrito para escarmiento nuestro, a quienes nos ha tocado vivir en la última de las edades. Por lo tanto, el que se cree seguro, ¡cuidado!, no caiga.

Palabra de Dios.

COMENTARIO A LA 2ª LECTURA

El apóstol Pablo recuerda a la comunidad de Corinto que no deben hacer igual que sus antepasados cuando cruzaron el desierto en busca de la Tierra prometida.

Les manifiesta con mucha firmeza, que no deben codiciar el mal ni estar siempre protestando como hicieron sus padres. Ellos ya recibieron su merecido.

EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Lucas 13,1-9

En aquella ocasión se presentaron algunos a contar a Jesús lo de los galileos, cuya sangre vertió Pilato con la de los sacrificios que ofrecían. Jesús les contestó:
¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que los demás galileos, porque acabaron así?

Os digo que no; y si no os convertís, todos pereceréis lo mismo. Y aquellos dieciocho que murieron aplastados por la torre de Siloé, ¿pensáis que eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén?

Os digo que no. Y si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera.
Y les dijo esta parábola:
Uno tenía una higuera plantada en su viña, y fue a buscar fruto en ella, y no lo encontró.

Dijo entonces al viñador:
Ya ves: tres años llevo viniendo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro. Córtala. ¿Para qué va a ocupar terreno en balde?

Pero el viñador contestó:
Señor, déjala todavía este año; yo cavaré alrededor y le echaré estiércol, a ver si da fruto. Si no, el año que viene la cortarás.

Palabra de Dios

COMENTARIO SOBRE EL EVANGELIO

Jesús, frente a la interpretación que hacían los fariseos, que consideraban toda desgracia como castigo de Dios, advierte que las desgracias no son castigos de Dios, sino “llamadas de Dios” para inclinarnos hacia la conversión al Señor, y «si no nos convertimos, todos pereceremos de la misma manera».

Las desgracias y accidentes suceden a los buenos y a los malos, la diferencia estriba en el modo de aceptarlas, de enfocarlas y en la manera de sobrellevarlas.

PARA NUESTRA REFLEXIÓN PERSONAL

LOS SEGUIDORES DE JESÚS, ¿HACEMOS ALGO PARA QUE CAMBIE UN POCO NUESTRO ENTORNO?

En el Evangelio que se proclama este domingo vemos a Jesús lanzando un ataque a los fariseos que son capaces de “ver” la realidad, de emitir un juicio, pero que al final no sacan consecuencias de ello, no cambian su actitud.

A los cristianos nos ocurre muchas veces que somos capaces de realizar análisis de la realidad extremadamente finos: nos paramos a contemplar nuestro mundo y conseguimos desmenuzarlo; detectamos hasta la más pequeña de las injusticias; nos posicionamos ante nuestra vida y sabemos perfectamente qué hilos deberíamos tocar para que todo se mueva en la dirección adecuada.

Pero podemos ser como la higuera improductiva de la parábola del Evangelio: pocas veces damos frutos. Vemos, juzgamos… pero no actuamos, nos quedamos bloqueados en nuestra pereza, en la complacencia sin sacar consecuencias de las cosas que veo en mi vida, las ideas las tenemos claras, pero lo que pensamos no lo ponemos en práctica en nuestra vida diaria.

No cuidamos nuestra vida espiritual con el abono de la Palabra ni el riego del Espíritu que me sirvan para poder dar fruto.


Reflexión para el tercer domingo de Cuaresma – Ciclo A

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Juan 4,5-42

En aquel tiempo, llegó Jesús a un pueblo de Samaria llamado Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José: allí estaba el manantial de Jacob.

Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al manantial.
Era alrededor del mediodía.

Llega una mujer de Samaria a sacar agua, y Jesús le dice:
Dame de beber.

La samaritana le dice:
¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?
Jesús le contestó:

Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, le pedirías tú, y él te daría agua viva.
La mujer le dice:
Señor, si no tienes cubo y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas el agua viva?; eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?

Jesús le contesta:
El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed; el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna.

La mujer le dice:
Señor, dame ese agua: así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí a sacarla.
Jesús le dice:
Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén daréis culto al Padre.

Vosotros dais culto a uno que no conocéis; nosotros adoramos a uno que conocemos, porque la salvación viene de los judíos.

Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los que quieran dar culto verdadero adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que le den culto así. Dios es espíritu, y los que le dan culto deben hacerlo en espíritu y verdad.

La mujer le dice:
Sé que va a venir el Mesías, el Cristo; cuando venga él nos lo dirá todo.

Jesús le dice:
Soy yo: el que habla contigo. Palabra del Señor.

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