Tercer Domingo de Pascua

Tercer Domingo de Pascua

¡Resucitó!! ¡Aleluya, alegría!

¡Aleluya, aleluya!, éste es el grito que, desde hace veinte siglos, dicen los cristianos por la Resurrección de Cristo, un grito que traspasa los siglos y cruza continentes y fronteras.

Alegría, porque Él resucitó. Alegría para los niños que acaban de asomarse a la vida y para los ancianos que se preguntan a dónde van sus años; alegría para los solitarios que consumen su vida en el silencio y para los que gritan su gozo en la ciudad.

Como se abren las flores, aunque nadie las vea, así revive Cristo dentro de los que le aman. Su resurrección es un anuncio de mil resurrecciones: la del recién nacido que ahora recibe las aguas del bautismo, la de los dos muchachos que sueñan el amor, la del joven que suda recolectando el trigo, la de ese matrimonio que comienza estos días la estupenda aventura de querer y quererse, y la de esa pareja que se ha querido tanto que ya no necesita palabras ni promesas.

El que resucitó volverá a recogernos, nos llevará en sus hombros como un padre querido, como una madre tierna que no deja a los suyos. Jesús, el resucitado no nos ha dejado solos en un mundo sin rumbo. Aleluya, aleluya.

LECTURAS DE LA EUCARISTÍA
1ª LECTURA

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 5,27b-32. 40b-41

En aquellos días, el sumo sacerdote interrogó a los apóstoles y les dijo:
¿No os habíamos prohibido formalmente enseñar en nombre de ése? En cambio, habéis llenado Jerusalén con vuestra enseñanza y queréis hacernos responsables de la sangre de ese hombre.

Pedro y los apóstoles replicaron:
Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús, a quien vosotros matasteis, colgándolo de un madero.

La diestra de Dios lo exaltó, haciéndolo jefe y salvador, para otorgarle a Israel la conversión con el perdón de los pecados. Testigos de esto somos nosotros y el Espíritu Santo, que Dios da a los que le obedecen.

Prohibieron a los apóstoles hablar en nombre de Jesús y los soltaron. Los apóstoles salieron del Sanedrín contentos de haber merecido aquel ultraje por el nombre de Jesús. Palabra de Dios.

COMENTARIO A LA 1ª LECTURA

El texto del libro de los Hechos de los Apóstoles nos manifiesta que «el avance del Evangelio es imparable y cuanto mayores son las dificultades, más evidentes se hacen la presencia de Dios y la fuerza del Espíritu para confirmar el testimonio de los Apóstoles.

No se trata de una obra humana, sino de una misión confiada por Dios que nadie puede detener». Por eso mismo es evidente la afirmación del apóstol Pedro que «es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres» por muchas complicaciones que eso lleve consigo.

SALMO
Sal 29, 2 y 4. 5-6. 11 y 12a y 13b

R. Te ensalzaré, Señor, porque me has librado.
• Te ensalzaré, Señor, porque me has librado,
y no has dejado que mis enemigos se rían de mí.
Señor, Dios mío, a ti grité y tú me sanaste;
Señor, sacaste mi vida del abismo,
me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa. R:
• Tañed para el Señor, fieles suyos, dad gracias a su nombre santo;
su cólera dura un instante, su bondad, de por vida. R:
• Al atardecer nos visita el llanto, por la mañana el júbilo.
Escucha, Señor, y ten piedad de mí, Señor, socórreme.
Cambiaste mi luto en danzas.
Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre. R:

2ª LECTURA
Lectura del libro del Apocalipsis 5,11-14

Yo, Juan, en la visión escuché la voz de muchos ángeles: eran millares y millones alrededor del trono y de los vivientes y de los ancianos, y decían con voz potente: – Digno es el Cordero degollado de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría, la fuerza, el honor, la gloria y la alabanza.

Y oí a todas las criaturas que hay en el cielo, en la tierra, bajo la tierra, en el mar -todo lo que hay en ellos-, que decían: – Al que se sienta en el trono y al Cordero la alabanza, el honor, la gloria y el poder por los siglos de los siglos.

Y los cuatro vivientes respondían: «Amén». Y los ancianos se postraron rindiendo homenaje.

Palabra de Dios.

COMENTARIO A LA 2ª LECTURA

El evangelista Juan, en el Apocalipsis, nos ofrece la imagen de Dios sentado en un trono majestuoso y a Cristo Jesús en su función de mediador entre Dios y el ser humano.

Con estos elementos, se nos va describiendo la historia del mundo, vista desde una óptica creyente.

EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Juan 21,1-19

En aquel tiempo, Jesús se apareció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberíades. Y se apareció de esta manera:
Estaban juntos Simón Pedro, Tomás apodado el Mellizo, Natanael el de Caná de Galilea, los Zebedeos y otros dos discípulos suyos.

Simón Pedro les dice:
Me voy a pescar.

Ellos contestan:
Vamos también nosotros contigo.

Salieron y se embarcaron; y aquella noche no cogieron nada. Estaba ya amaneciendo, cuando Jesús se presentó en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús.

Jesús les dice:
Muchachos, ¿tenéis pescado?

Ellos contestaron:
No.
Él les dice:
Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis.
La echaron, y no tenían fuerzas para sacarla, por la multitud de peces.

Y aquel discípulo que Jesús tanto quería le dice a Pedro:
Es el Señor.

Al oír que era el Señor, Simón Pedro, que estaba desnudo, se ató la túnica y se echó al agua. Los demás discípulos se acercaron en la barca, porque no distaban de tierra más que unos cien metros, remolcando la red con los peces.

Al saltar a tierra, ven unas brasas con un pescado puesto encima y pan.
Jesús les dice:
Traed de los peces que acabáis de coger.

Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red repleta de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y, aunque eran tantos, no se rompió la red.

Jesús les dice:
Vamos, almorzad.
Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían bien que era el Señor.
Jesús se acerca, toma el pan y se lo da; y lo mismo el pescado.

Ésta fue la tercera vez que Jesús se apareció a los discípulos, después de resucitar de entre los muertos.
Después de comer, dice Jesús a Simón Pedro:
Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?

Él le contestó:
Sí, Señor, tú sabes que te quiero.
Jesús le dice:
Apacienta mis corderos.

Por segunda vez le pregunta:
Simón, hijo de Juan, ¿me amas?
Él le contesta:
Sí, Señor, tú sabes que te quiero.

Él le dice:
Pastorea mis ovejas.
Por tercera vez le pregunta:
Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?

Se entristeció Pedro de que le preguntara por tercera vez si le quería y le contestó:
Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero.
Jesús le dice:
Apacienta mis ovejas.

Te lo aseguro: cuando eras joven, tú mismo te ceñías e ibas adonde querías; pero cuando seas viejo, extenderás las manos, otro te ceñirá y te llevará adonde no quieras.
Esto dijo aludiendo a la muerte con que iba a dar gloria a Dios.
Dicho esto, añadió: – Sígueme.

Palabra de Dios

REFLEXIÓN SOBRE EL EVANGELIO

La fe de los apóstoles en Jesús hace posible el milagro que realiza de la «pesca milagrosa». No hay duda que donde está Jesús hay frutos.

Pero en la narración de hoy, no importa mucho la «pesca milagrosa». Lo importante es echar las redes porque Jesús lo dice.

Eso significa creer en él, creer en su palabra, «a pesar de que habían estado trabajando toda la noche y no habían pescado nada». Pero ahora echan las redes en su nombre y el fruto es abundante.

PARA NUESTRA REFLEXIÓN PERSONAL
EN TU NOMBRE ECHAREMOS LAS REDES

Los discípulos de Jesús deciden ir a pescar, símbolo de ir a anunciar la Buena Noticia de Jesús, por iniciativa propia y además cuando era de noche, en plena obscuridad, simbolizando la ausencia de Jesús, luz del mundo, y en esta situación no pescan nada, no consiguen su objetivo. La segunda vez echan las redes porque Jesús se lo pide y pescaron tanto que no tenían fuerzas para sacar las redes.

Es posible que en la Iglesia de Jesús haya demasiadas apuestas misioneras personales, sin discernimiento, motivadas por el deseo de gratificación, de llenar el tiempo, de obtener diversas recompensas. Esto es lo que hace que estallen los conflictos, las rivalidades entre personas y grupos que, quizás, sólo busquen hegemonía.

¿Por qué nos lamentamos con frecuencia de que nuestras invitaciones a la fe “no llegan”? Porque “es de noche”, porque no está el Señor con nosotros en el ministerio, no lo hacemos “en su nombre”, desde el amor y la gratuidad, porque no lo hacemos movidos por el Espíritu.

Cuando se actúa en nombre de Jesús, cuando se trabaja de día, a la luz de la verdad, poniendo a Cristo en el centro de nuestro mensaje, entonces nuestro quehacer es fecundo.


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