VII Domingo de Pascua, Ascensión del Señor

VIVIR LA PASCUA

Vivir la Pascua de Cristo significa una entrega sin reservas, una aceptación incondicional de la voluntad del Padre, no instalarnos en situaciones placenteras ni conformarnos con las libertades conseguidas, afrontando los problemas que se presentan en cada momento.

Vivir la Pascua significa creer en la esperanza, en el cambio cualitativo, en la propia superación de cada día. Significa aceptar al Dios que se hace presente y está en cualquier persona o acontecimiento o en cada sacramento.

Significa aceptar la sorpresa de Dios que es palabra, regalo, providencia, amor. Aceptar la sorpresa de la vida diaria, porque el futuro no está escrito.

Vivir la Pascua es dejar que el Señor resucitado exhale su aliento sobre nosotros, su Espíritu creador, para que seamos capaces de nacer de nuevo. Vivir la Pascua significa estar en Cristo, que es estar en la verdad y vivir en el amor, que es tener sus mismos sentimientos y responder a su llamada. Estar en Cristo es acompañar, es escuchar, es trabajar, es morir y vivir en Él.

1ª LECTURA

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 1,1-11

En mi primer libro, querido Teófilo, escribí de todo lo que Jesús fue haciendo y enseñando hasta el día en que dio instrucciones a los apóstoles que había escogido, movido por el Espíritu Santo, y ascendió al cielo.

Se les presentó después de su pasión, dándoles numerosas pruebas de que estaba vivo, y, apareciéndoseles durante cuarenta días, les habló del reino de Dios.

Una vez que comían juntos, les recomendó:
No os alejéis de Jerusalén; aguardad que se cumpla la promesa de mi Padre, de la que yo os he hablado. Juan bautizó con agua, dentro de pocos días vosotros seréis bautizados con Espíritu Santo.

Ellos lo rodearon preguntándole:
Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar el reino de Israel?

Jesús contestó:
No os toca a vosotros conocer los tiempos y las fechas que el Padre ha establecido con su autoridad. Cuando el Espíritu Santo descienda sobre vosotros, recibiréis fuerza para ser mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta los confines del mundo.

Dicho esto, lo vieron levantarse, hasta que una nube se lo quitó de la vista.
Mientras miraban fijos al cielo, viéndolo irse, se les presentaron dos hombres vestidos de blanco, que les dijeron:
Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo?

El mismo Jesús que os ha dejado para subir al cielo volverá como le habéis visto marcharse.

Palabra de Dios.

COMENTARIO A LA 1ª LECTURA

Jesús abandona físicamente el mundo, pero su misión ha de ser mantenida, expandida y dada a conocer y esa es la labor de sus discípulos en aquel entonces y de nosotros, sus seguidores, ahora y ha de ser una labor realizada en cada momento de la historia y «aquí en la tierra».

Los seguidores de Jesús no podemos quedarnos plantados mirando al cielo, es necesario bajar a la arena de la vida diaria, para plantar en nuestra sociedad el mensaje salvador del Evangelio de Jesús.

SALMO
Salmo 46, 2-3. 6-7. 8-9

R. Dios asciende entre aclamaciones; el Señor, al son de trompetas.

• Pueblos todos batid palmas, aclamad a Dios con gritos de júbilo;
porque el Señor es sublime y terrible, emperador de toda la tierra. R.
• Dios asciende entre aclamaciones; el Señor, al son de trompetas;
tocad para Dios, tocad, tocad para nuestro Rey, tocad. R.
• Porque Dios es el rey del mundo; tocad con maestría.
Dios reina sobre las naciones, Dios se sienta en su trono sagrado. R.

2ª LECTURA
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 1,17-23

Hermanos:
Que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, os dé espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo. Ilumine los ojos de vuestro corazón, para que comprendáis cuál es la esperanza a la que os llama, cuál la riqueza de gloria que da en herencia a los santos, y cuál la extraordinaria grandeza de su poder para nosotros, los que creemos, según la eficacia de su fuerza poderosa, que desplegó en Cristo, resucitándolo de entre los muertos y sentándolo a su derecha en el cielo, por encima de todo principado, potestad, fuerza y dominación, y por encima de todo nombre conocido, no sólo en este mundo, sino en el futuro.

Y todo lo puso bajo sus pies, y lo dio a la Iglesia como cabeza, sobre todo. Ella es su cuerpo, plenitud del que lo acaba todo en todos.

Palabra de Dios.

COMETARIO A LA 2ª LECTURA

El apóstol Pablo ruega a Dios que dé a los cristianos de Éfeso espíritu de sabiduría para que lleguen a conocer a Dios.

Llama su atención para que sean conscientes de la gran categoría que -por la resurrección de Jesús- tienen y la grandeza a la que han sido llamados. Al mismo tiempo pide al Señor que «ilumine los ojos del corazón» para que alcancen a conocer la gran esperanza a la que han sido llamados.

EVANGELIO
Conclusión del santo evangelio según san Lucas 24,46-53

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
Así estaba escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día y en su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Vosotros sois testigos de esto.

Yo os enviaré lo que mi Padre ha prometido; vosotros quedaos en la ciudad, hasta que os revistáis de la fuerza de lo alto.

Después los sacó hacia Betania y, levantando las manos, los bendijo. Y mientras los bendecía se separó de ellos, subiendo hacia el cielo.

Ellos se postraron ante él y se volvieron a Jerusalén con gran alegría; y estaban siempre en el templo bendiciendo a Dios.

Palabra de Dios.

COMENTARIO SOBRE EL EVANGELIO

La Ascensión del Señor es el encuentro de los discípulos con Jesús resucitado y la acogida y "cierta comprensión" del mensaje pascual. Jesús, el Señor, les descubre el sentido profundo de las Escrituras, les envía como testigos a predicar la conversión de los pecados para todos los hombres.

Para esta ingente tarea, los discípulos cuentan con la ayuda del Espíritu que es quien guía el anuncio del Evangelio en el tiempo de la Iglesia.

PARA NUESTRA REFLEXIÓN PERSONAL
LA EUCARISTÍA DOMINICAL

Es muy fácil asistir a misa y no celebrar nada en el corazón; es muy fácil oír las lecturas de cada domingo y no escuchar la voz de Dios; comulgar piadosamente sin comulgar con Cristo; darnos la paz sin reconciliarnos con nadie.

Para celebrar la Eucaristía es necesario escuchar desde dentro con atención y alegría la Palabra de Dios y, en concreto, el evangelio de Jesús.

Durante la semana vivimos aturdidos por toda clase de mensajes, voces, ruidos, noticias, información y publicidad.

El domingo o día de fiesta necesitamos escuchar otra voz diferente que nos cure por dentro, necesitamos escuchar las palabras directas y sencillas de Jesús que nos traen verdad a nuestra vida, nos liberan de engaños, miedos y egoísmos que nos hacen daño.

Las palabras de Jesús nos enseñan a vivir con más sencillez y dignidad, con más sentido y esperanza.

En la plegaria eucarística levantamos el corazón para dar gracias a Dios por la vida, por la creación entera, por el regalo que es Jesucristo. La vida no es sólo trabajo, esfuerzo y agitación, es también celebración, acción de gracias y alabanza a Dios.

Es una alegría poder reunirnos cada domingo los que creemos en Jesús, el Señor, para sentir la vida como regalo suyo y dar gracias al Creador.

La comunión con Cristo es el momento de acoger a Jesús en nuestra vida para experimentarlo en nosotros, para identificarnos con Él y para dejarnos trabajar, consolar y fortalecer por su Espíritu.

VII Domingo de Pascua, Ascensión del Señor – Ciclo A

EL AMOR FRATERNO FUNDAMENTO DEL SEGUIDOR DE JESÚS

        Jesús, al despedirse de sus discípulos, quiere recordarles algunos rasgos fundamentales que no deben olvidar si quieren ser fieles a su persona y a su proyecto. Lo primero que les dice es: «Permaneced en mi amor», que es vivir en el amor con que nos ama Jesús, el amor que recibe del Padre.

        Ser cristiano no es en primer lugar un asunto doctrinal, sino una cuestión de amor. Lo importante será siempre no desviarse del amor. Permanece en el amor de Jesús quien pone en práctica el mandamiento fundamental del amor fraterno.

En cualquier época y situación, lo decisivo para el cristianismo es no salirse del amor fraterno. Jesús no presenta este mandato del amor como una ley que ha de regir nuestra vida haciéndola más dura y pesada, sino como una fuente de alegría.

Sin amor no es posible dar pasos hacia un cristianismo más abierto, cordial, alegre, sencillo y amable donde podamos vivir como «amigos» de Jesús. A nuestro cristianismo le falta, con frecuencia, la alegría de lo que se hace y se vive con amor.

A nuestro seguimiento a Jesucristo le falta el entusiasmo de la innovación, y le sobra la tristeza de lo que se repite sin la convicción de estar reproduciendo lo que Jesús quería de nosotros.

LECTURAS PARA LA EUCARISTÍA DEL DOMINGO

1ª LECTURA

Lectura de los Hechos de los Apóstoles 10,25-26. 34-35. 44-48

Aconteció que cuando iba a entrar Pedro, Cornelio salió a su encuentro y se echó a sus pies. Pero Pedro lo levantó diciendo:
– Levántate, que soy un hombre como tú.
Y, tomando de nuevo la palabra, Pedro añadió:
– Está claro que Dios no hace distinciones; acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que sea.

Todavía estaba hablando Pedro, cuando cayó el Espíritu Santo sobre todos los que escuchaban sus palabras.

Al oírlos hablar en lenguas extrañas y proclamar la grandeza de Dios, los creyentes circuncisos, que habían venido con Pedro, se sorprendieron de que el don del Espíritu Santo se derramara también sobre los gentiles.

Pedro añadió:
– ¿Se puede negar el agua del bautismo a los que han recibido el Espíritu Santo igual que nosotros?

Y mandó bautizarlos en el nombre de Jesucristo. Le rogaron que se quedara unos días con ellos.

Palabra de Dios

COMENTARIO A LA 1ª LECTURA

          Para Dios todos somos iguales y a todos nos ha salvado. El Espíritu Santo vino sobre todos los oyentes: judíos y paganos, y por tanto, confirma que Dios no hace distinción. Desde el principio la Iglesia abrió sus puertas a personas de toda raza, cultura y condición. La única condición es creer en Jesús y bautizarse.

SALMO 

Sal 97, 1. 2-3ab. 3cd-4
R. El Señor revela a las naciones su justicia.

2ª LECTURA

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan 4,7-10

Queridos hermanos, amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios.

Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor. En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que Dios envió al mundo a su Hijo único, para que vivamos por medio de él.

En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como víctima de propiciación para nuestros pecados.

Palabra de Dios

COMENTARIO  A LA 2ª LECTURA

  Dios nos manifestó su amor, ante todo al enviarnos a su Hijo para que tengamos vida en Él. El amor de Dios consiste en que Él nos amo primero enviando a Jesús, su Hijo, que nos trajo la salvación.       

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Juan 15,9-17

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
– Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor.

Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.

Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud.

Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado.
Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos.
Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando.

Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer.

No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto dure. De modo que lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo dé. Esto os mando: que os améis unos a otros.

Palabra de Dios

COMENTARIO AL EVANGELIO

Permanecer en el amor a Jesús, amar a los hermanos y hacerlo con el sacrificio de la propia vida, si fuera necesario, es el mensaje de Jesús antes de dejarnos.

La única manera de saber si somos discípulos de Jesús, sus seguidores y amigos, es si cumplimos el mandamiento del amor a los demás, en especial a los más necesitados.

PARA NUESTRA REFLEXIÓN PERSONAL

VIVIR AL ESTILO DE JESÚS

       Jesús al despedirse de sus discípulos les dio un solo mandato: “que os améis unos a otros como yo os he amado». Jesús no quería que su estilo de amar se perdiera entre los suyos.

Si un día lo olvidaban, nadie los podría reconocer como discípulos suyos.

Las primeras generaciones de creyentes en Jesús resumían así su vida: «Pasó por todas partes haciendo el bien».

Jesús buscaba siempre el bien de las personas, ayudaba a vivir, su estilo de amar era inconfundible, era muy sensible al sufrimiento de la gente, no podía pasar de largo ante quien estaba sufriendo.

Quien ama como Jesús, vive aliviando el sufrimiento y secando lágrimas. Quien ama como Jesús, aprende a mirar los rostros de las personas con compasión, está atento a cualquier llamada, está dispuesto siempre a hacer lo que pueda.

Los seguidores de Jesús, como Él, tenemos que estar junto a los más desvalidos, tenemos que hacer lo que podamos por curar sus dolencias, liberar sus conciencias o contagiar confianza en Dios, sabiendo que no podemos resolver todos los problemas, pero sí algunos.


VII Domingo de Pascua | Domingo de la Ascensión del Señor – Ciclo A

LA MISIÓN DE LOS SEGUIDORES DE JESÚS

      En Galilea fue el punto de arranque de la misión de Jesús. En Galilea le han escuchado hablar de Dios con parábolas conmovedoras, lo han visto aliviando el sufrimiento, ofreciendo el perdón de Dios y acogiendo a los más olvidados y esto es lo que quiere Jesús que sigan haciendo y transmitiendo los que quieran ser sus discípulos.

Jesús resucitado les dice a sus discípulos con toda precisión cuál ha de ser su misión que no es otra que dar testimonio del Resucitado, proclamar el evangelio, crear comunidades, pero todo estará finalmente orientado a un objetivo: “hacer discípulos” de Jesús.

     Esta es la misión de los que seguimos a Jesús, el Señor: conocer su mensaje, sintonizar con su proyecto, aprender a vivir como él y trabajar en hacerlo presente en este mundo en el que nos ha tocado vivir. No estamos solos.

Jesús nos ha prometido su presencia y su ayuda constante. La fuerza del Resucitado nos sostiene con su Espíritu. Jesús sigue vivo en nuestras comunidades.

Sigue con nosotros y entre nosotros curando, perdonando, acogiendo, salvando, cuando somos capaces de aliviar el sufrimiento del hermano, cuando somos acogedores, cuando perdonamos.

LECTURAS PARA LA EUCARISTÍA

1ª LECTURA

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 1,1-11 

En mi primer libro, querido Teófilo, escribí de todo lo que Jesús fue haciendo y enseñando hasta el día en que dio instrucciones a los apóstoles que había escogido, movido por el Espíritu Santo, y ascendió al cielo.

Se les presentó después de su pasión, dándoles numerosas pruebas de que estaba vivo, y, apareciéndoseles durante cuarenta días, les habló del reino de Dios. 

Una vez que comían juntos, les recomendó: 
– No os alejéis de Jerusalén; aguardad que se cumpla la promesa de mi Padre, de la que yo os he hablado. Juan bautizó con agua, dentro de pocos días vosotros seréis bautizados con Espíritu Santo. 

Ellos lo rodearon preguntándole: 
– Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar el reino de Israel? 

Jesús contestó: 
– No os toca a vosotros conocer los tiempos y las fechas que el Padre ha establecido con su autoridad. Cuando el Espíritu Santo descienda sobre vosotros, recibiréis fuerza para ser mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta los confines del mundo. 

Dicho esto, lo vieron levantarse, hasta que una nube se lo quitó de la vista. 
Mientras miraban fijos al cielo, viéndolo irse, se les presentaron dos hombres vestidos de blanco, que les dijeron: – Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo?

El mismo Jesús que os ha dejado para subir al cielo volverá como le habéis visto marcharse.

Palabra de Dios.

                                   COMENTARIO A LA 1ª LECTURA     

Desde la partida de Jesús hasta que vuelva al fin de los tiempos, sus discípulos no pueden quedarse inactivos, «mirando al cielo», contemplando la victoria de Jesús, sino que han de ser los testigos de su resurrección en todo el mundo, «hasta los confines de la tierra».

Los Apóstoles,-Iglesia naciente-, han de tomar el relevo en la misión evangelizadora de Jesús: ¡Ser testigos de su Evangelio, extender su Buena Noticia!        

Sal 46, 2-3. 6-7. 8-9 

R. Dios asciende entre aclamaciones; el Señor, al son de trompetas. 

  •  aclamad a Dios con gritos de júbilo; 
    porque el Señor es sublime y terrible, 
    emperador de toda la tierra. R:
  •  el Señor, al son de trompetas; 
    tocad para Dios, tocad, 
    tocad para nuestro Rey, tocad. R:
  •  tocad con maestría. 
    Dios reina sobre las naciones, 
    Dios se sienta en su trono sagrado. R:

2ª LECTURA

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 1,17-23 

Hermanos: 
Que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, os dé espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo.

Ilumine los ojos de vuestro corazón, para que comprendáis cuál es la esperanza a la que os llama, cuál la riqueza de gloria que da en herencia a los santos, y cuál la extraordinaria grandeza de su poder para nosotros, los que creemos, según la eficacia de su fuerza poderosa, que desplegó en Cristo, resucitándolo de entre los muertos y sentándolo a su derecha en el cielo, por encima de todo principado, potestad, fuerza y dominación, y por encima de todo nombre conocido, no sólo en este mundo, sino en el futuro. 

Y todo lo puso bajo sus pies, y lo dio a la Iglesia como cabeza, sobre todo. Ella es su cuerpo, plenitud del que lo acaba todo en todos. Principio del formulario

Palabra de Dios 

COMENTARIO A LA 2ª LECTURA

      El apóstol Pablo pide a Dios que a los cristianos de Éfeso los ilumine y fortalezca para que su testimonio cristiano sea verdadero y eficaz.

El Espíritu no solamente ha de fortalecer su voluntad para testimoniar el mensaje evangélico, sino que ha de iluminar su entendimiento para que comprendan ese mensaje en su verdadera dimensión.

Necesitan del Espíritu para «afirmar su fe y para proclamarla abiertamente a los demás».     

EVANGELIO

Final del santo evangelio según san Mateo 28,16-20

En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Al verlo, ellos se postraron, pero algunos vacilaban. 

Acercándose a ellos, Jesús les dijo: 
– Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra. Id y haced discípulos de todos los pueblos bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. 

Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.

Palabra de Dios

COMENTARIO AL EVANGELIO

    En Galilea, donde el Señor había comenzado su misión, Jesús les deja una: «Id por el mundo y proclamad todo lo que yo os he enseñado, consagrando a todos los hombres y bautizándoles».

Jesús envía a sus discípulos al mundo para que den testimonio de que Él es el Salvador de la humanidad, para hacer presente el Reino de Dios entre nosotros, haciendo el bien, en el pequeño radio de acción de nuestro entorno de cada día.    

PARA NUESTRA REFLEXIÓN PERSONAL

EL ROSTRO VISIBLE DE JESÚS INVISIBLE

   El ocultamiento de Jesús nos compromete a todos los cristianos, porque nos convierte en su rostro, en su humanidad de recambio, en sacramento de su presencia. “Quien me ve a mí, Felipe, ve al Padre”.

Jesús fue rostro fidelísimo del Padre y nosotros estamos llamados a ser rostro fidelísimo de Jesús: “Que al ver vuestras buenas obras glorifiquen al Padre que está en los cielos”.

Hemos de ser sacramento de Cristo no sólo por lo que hacemos, sino por lo que somos.

¡Qué terrible sería si con nuestras mezquindades y egoísmos reflejáramos un rostro grotesco de Jesús que invitara al rechazo de la fe!

¡Qué traición tan abominable supondría!

       Nos corresponde a nosotros sus seguidores y discípulos, ahora y en este momento, ser reflejo de su bondad, de su perdón, de su ternura, de su sinceridad, de su cordialidad, de su espíritu de servicio.

    Esta bondad intrépida de Jesús no sólo la hemos de reflejar las personas, sino también las comunidades: “Si esto es ser cristiano, decía un indiferente al entrar en contacto con un grupo eclesial muy vivo y fraterno, apuntadme ahora mismo”. 


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