Evangelio del día – Lecturas del Domingo XV Tiempo ordinario – Ciclo C
SE NECESITA UNA NUEVA EVANGELIZACIÓN
En la Iglesia se siente hoy la necesidad de una nueva evangelización. Sólo Jesús es la fuente, el inspirador y el modelo de la acción evangelizadora de sus seguidores que no deben hacer nada en nombre propio, porque son sus «enviados» para anunciar su Evangelio y abrir caminos al Reino de Dios.
Al enviar Jesús a sus discípulos a predicar la Buena Noticia del Reino de Dios no los deja abandonados a sus fuerzas.
Les da su «autoridad», que no es un poder para controlar, gobernar o dominar a los demás, sino su fuerza para «expulsar espíritus inmundos», liberando a las gentes de lo que esclaviza, oprime y deshumaniza a las personas y a la sociedad.
Jesús quiere que sus discípulos no tengan ataduras, que estén siempre disponibles, sin instalarse en el bienestar; confiando en la fuerza del Evangelio.
La «nueva evangelización» necesita evangelizadores que tengan un contacto más vivo, lúcido y apasionado con Jesús.
Lo importante no es poner en marcha nuevas actividades y estrategias, sino desprendernos de costumbres, estructuras y servidumbres que nos están impidiendo ser libres para contagiar lo esencial del Evangelio con verdad y sencillez.
Es posible que nuestra Iglesia haya perdido ese estilo itinerante que sugiere Jesús, que su caminar en el mundo de hoy sea lento y pesado, que busque agarrarse al poder que en otro tiempo tuvo, que quiera enredarse en intereses que no coinciden con el reino de Dios.
Es posible que nuestra Iglesia necesite convertirse
LECTURAS PARA LA EUCARISTÍA
1ª LECTURA
Lectura del libro del profeta Amós 7,12-15
En aquellos días, dijo Amasías, sacerdote de Betel, a Amós:
Vidente, vete y refúgiate en tierra de Judá: come allí tu pan y profetiza allí. No vuelvas a profetizar en «Casa de Dios», porque es el santuario real, el templo del país.
Respondió Amós:
No soy profeta ni hijo de profeta, sino pastor y cultivador de higos.
El Señor me sacó de junto al rebaño y me dijo: «Ve y profetiza a mi pueblo de Israel». Palabra de Dios
COMENTARIO A LA 1ª LECTURA
Amós habla al pueblo anunciando el castigo de Dios por sus pecados y la destrucción del reino y es recriminado por Amasías, sacerdote del santuario de Betel, que es el santuario nacional, controlado por el rey.
Amós habla en nombre de Dios, mientras Amasías habla en nombre del rey. Amós quiere cumplir la misión que ha recibido de Dios de profetizar al pueblo de Israel.
SALMO
Sal 84, 9ab-10. 11-12. 13-14
R. Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación.
• Voy a escuchar lo que dice el Señor:
«Dios anuncia la paz a su pueblo y a sus amigos».
La salvación está ya cerca de sus fieles
y la gloria habitará en nuestra tierra. R:
• La misericordia y la fidelidad se encuentran,
la justicia y la paz se besan; la fidelidad brota de la tierra
y la justicia mira desde el cielo. R:
• El Señor nos dará la lluvia, y nuestra tierra dará su fruto.
La justicia marchará ante él, la salvación seguirá sus pasos. R:
2ª LECTURA
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 1,3-14
Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en la persona de Cristo con toda clase de bienes espirituales y celestiales.
Él nos eligió en la Persona de Cristo -antes de crear el mundo- para que fuésemos consagrados e irreprochables ante Él por el amor.
Él nos ha destinado en la Persona de Cristo -por pura iniciativa suya- a ser sus hijos, para que la gloria de su gracia, que tan generosamente nos ha concedido en su querido Hijo, redunde en alabanza suya.
Por este Hijo, por su sangre, hemos recibido la redención, el perdón de los pecados. El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia ha sido un derroche para con nosotros, dándonos a conocer el Misterio de su Voluntad.
Éste es el plan que había proyectado realizar por Cristo, cuando llegase el momento culminante: recapitular en Cristo todas las cosas del cielo y de la tierra.
[Con Cristo hemos heredado también nosotros. A esto estábamos destinados por decisión del que hace todo según su voluntad. Y así, nosotros, los que ya esperábamos en Cristo, seremos alabanza de su gloria. Y también vosotros -que habéis escuchado la Verdad, la extraordinaria noticia de que habéis sido salvados, y habéis creído- habéis sido marcados por Cristo con el Espíritu Santo prometido, el cual -mientras llega la redención completa del pueblo, propiedad de Dios- es prenda de nuestra herencia.]
Palabra de Dios
COMENTARIO A LA 2ª LECTURA
El apóstol Pablo en una especie de himno, da gracias a Dios por los dones recibidos, por el don supremo de ser hijos de Dios, por el Espíritu.
Él nos ha elegido en Cristo, porque nos ama. Por Cristo hemos sido redimidos y se nos han perdonado los pecados.
EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Marcos 6,7-13
En aquel tiempo, llamó Jesús a los Doce y los fue enviando de dos en dos, dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos.
Les encargó que llevaran para el camino un bastón y nada más, pero ni pan, ni alforja, ni dinero suelto en la faja; que llevasen sandalias, pero no una túnica de repuesto.
Y añadió: Quedaos en la casa donde entréis, hasta que os vayáis de aquel sitio.
Y si un lugar no os recibe ni os escucha, al marcharos sacudíos el polvo de los pies, para probar su culpa.
Ellos salieron a predicar la conversión, echaban muchos demonios, ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.
Palabra de Dios
COMENTARIO AL EVANGELIO
Jesús envía a sus discípulos para que vayan por todo el mundo a predicar su mensaje, invitando a cambiar de vida (conversión) y para aliviar el sufrimiento de las personas.
PARA NUESTRA REFLEXIÓN PERSONAL
¿PODEMOS VIVIR CON SOBRIEDAD?
Es posible que los que creemos en Jesús y queremos seguir sus pasos nos hayamos distanciado del proyecto inicial de Jesús.
El evangelio de Jesús para que sea creíble debe ser anunciado por aquellos que saben vivir con sencillez, hombres y mujeres libres que conocen el gozo de caminar por la vida sin sentirse esclavos de las cosas.
No serán los poderosos, los financieros, los tecnócratas, los grandes estrategas de la política los que construyan un mundo más humano.
Nuestra sociedad necesita descubrir que hay que volver a una vida sencilla y sobria, que lo más importante no es alcanzar un mayor nivel de vida y disfrutar de mayor bienestar.
Nuestra sociedad necesita más que nunca el impacto de hombres y mujeres que sepan vivir con pocas cosas, creyentes capaces de demostrar que la felicidad no está en acumular bienes, seguidores de Jesús que nos recuerden que no somos ricos cuando poseemos muchas cosas, sino cuando sabemos disfrutarlas con sencillez y compartirlas con generosidad.
XV Tiempo ordinario – Guión para la eucaristía
DOMINGO XV DURANTE EL AÑO
Del propio – Verde
Isaías 55, 10-11 / Romanos 8, 18-23 / Mateo 13, 1-23
Salmo Responsorial Sal 64, 10-14
R/. «La semilla cayó en tierra fértil y dio fruto”
Santoral:
San Enrique, San Eugenio de Cartago,
Profeta Joel , Santa Mildred y Beato
Carlos Manuel Rodríguez
LECTURAS DEL DOMINGO 13 DE JULIO DE 2014
DOMINGO XV DURANTE EL AÑO
La lluvia hace germinar la tierra
Lectura del libro de Isaías
55, 10-11
Así habla el Señor:
Así como la lluvia y la nieve descienden del cielo
y no vuelven a él sin haber empapado la tierra,
sin haberla fecundado y hecho germinar,
para que dé la semilla al sembrador
y el pan al que come,
así sucede con la palabra que sale de mi boca:
ella no vuelve a mí estéril,
sino que realiza todo lo que Yo quiero
y cumple la misión que Yo le encomendé.
Palabra de Dios.
SALMO RESPONSORIAL 64, 10-14
R. La semilla cayó en tierra fértil y dio fruto.
Visitas la tierra, la haces fértil
y la colmas de riquezas;
los canales de Dios desbordan de agua,
y así preparas sus trigales. R.
Riegas los surcos de la tierra,
emparejas sus terrones;
la ablandas con aguaceros
y bendices sus brotes. R.
Tú coronas el año con tus bienes,
y a tu paso rebosa la abundancia;
rebosan los pastos del desierto
y las colinas se ciñen de alegría. R.
Visitas la tierra, la haces fértil.
Las praderas se cubren de rebaños
y los valles se revisten de trigo:
todos ellos aclaman y cantan. R.
Toda la creación espera ansiosamente
la revelación de los hijos de Dios
Lectura de la carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Roma 8, 18-23
Hermanos:
Yo considero que los sufrimientos del tiempo presente no pueden compararse con la gloria futura que se revelará en nosotros. En efecto, toda la creación espera ansiosamente esta revelación de los hijos de Dios. Ella quedó sujeta a la vanidad, no voluntariamente, sino por causa de quien la sometió, pero conservando una esperanza. Porque también la creación será liberada de la esclavitud de la corrupción para participar de la gloriosa libertad de los hijos de Dios.
Sabemos que la creación entera, hasta el presente, gime y sufre dolores de parto. Y no sólo ella: también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos interiormente anhelando a plena realización de nuestra filiación adoptiva, la redención de nuestro cuerpo.
Palabra de Dios.
EVANGELIO
El sembrador salió a sembrar
a Evangelio de nuestro Señor Jesucristo
según san Mateo
13, 1-23
Jesús salió de la casa y se sentó a orillas del mar. Una gran multitud se reunió junto a Él, de manera que debió subir a una barca y sentarse en ella, mientras la multitud permanecía en la costa. Entonces Él les habló extensamente por medio de parábolas.
Les decía: «El sembrador salió a sembrar. Al esparcir las semillas, algunas cayeron al borde del camino y los pájaros las comieron. Otras cayeron en terreno pedregoso, donde no había mucha tierra, y brotaron en seguida, porque la tierra era poco profunda; pero cuando salió el sol, se quemaron y, por falta de raíz, se secaron. Otras cayeron entre espinas, y éstas, al crecer, las ahogaron. otras cayeron en tierra buena y dieron fruto: unas cien, otras sesenta, otras treinta. ¡El que tenga oídos, que oiga!»
Los discípulos se acercaron y le dijeron: «¿Por qué les hablas por medio de parábolas?»
Él les respondió: «A ustedes se les ha concedido conocer los misterios del Reino de los Cielos, pero a ellos no. Porque a quien tiene, se le dará más todavía y tendrá en abundancia, pero al que no tiene, se le quitará aun lo que tiene. Por eso les hablo por medio de parábolas: porque miran y no ven, oyen y no escuchan ni entienden. y así se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dice:
«Por más que oigan, no comprenderán,
por más que vean, no conocerán.
Porque el corazón de este pueblo se ha endurecido,
tienen tapados sus oídos y han cerrado sus ojos,
para que sus ojos no vean,
y sus oídos no oigan,
y su corazón no comprenda,
y no se conviertan,
y yo no los sane».
Felices, en cambio, los ojos de ustedes, porque ven; felices sus oídos, porque oyen. Les aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que ustedes ven, y no lo vieron; oír lo que ustedes oyen, y no lo oyeron.
Escuchen, entonces, lo que significa la parábola del sembrador. Cuando alguien oye la Palabra del Reino y no la comprende, viene el Maligno y arrebata lo que había sido sembrado en su corazón: éste es el que recibió la semilla al borde del camino. El que la recibe en terreno pedregoso es el hombre que, al escuchar la Palabra, la acepta en seguida con alegría, pero no la deja echar raíces, porque es inconstante: en cuanto sobreviene una tribulación o una persecución a causa de la Palabra, inmediatamente sucumbe.
El que recibe la semilla entre espinas es el hombre que escucha la Palabra, pero las preocupaciones del mundo y la seducción de las riquezas la ahogan, y no puede dar fruto.
Y el que la recibe en tierra fértil es el hombre que escucha la Palabra y la comprende. Éste produce fruto, ya sea cien, ya sesenta, ya treinta por uno».
Palabra del Señor.
Reflexión
LA TIERRA QUE ACOGE LA SEMILLA DE LA PALABRA
1.- El encargo que Dios nos encomienda.
Nos dice el profeta Isaías que la lluvia y la nieve riegan la tierra y la hacen germinar y dar fruto. De la misma manera, la Palabra que sale de Dios no volverá a El vacía, sino que trasformará nuestra vida para que demos fruto.
Esto nos dice que, entre la provisión de Dios (lluvia y nieve) y lo que llega a nuestras manos (semilla y pan), está el trabajo de cultivar y cuidar la tierra, ahuyentando las aves que pueden arrebatar la semilla, quitando las piedras que impedirán que eche raíces profundas y eliminando las hierbas que robarán sus nutrientes…
La vivencia de la Palabra de Dios tiene también sus dificultades, pero Dios nos ayudará para que nosotros hagamos posible que se cumpla el encargo que nos da a cada uno: construir el Reino de Dios. El, nos dice el Salmo 64, prepara la tierra –nosotros–, la riega y la “enriquece sin medida».
2.- Ser tierra fértil.
En la parábola evangélica Jesús mismo se compara con el sembrador, que siembra con confianza la semilla de su palabra en la tierra de los corazones humanos. El fruto no depende únicamente de la semilla, sino también de las diversas situaciones del terreno, es decir, de cada uno de nosotros.
Jesús mismo dio una explicación de la parábola. La semilla devorada por las aves evoca la intervención del maligno, que lleva al corazón la incomprensión del camino de Dios, que es siempre el camino de la cruz. La semilla sin raíz describe la situación en la que se acepta la Palabra sólo exteriormente, sin la profundidad de adhesión a Cristo y el amor personal a El, necesarios para conservarla.
La semilla ahogada remite a las preocupaciones de la vida presente, a la atracción que ejerce el poder, al bienestar y al orgullo. La Palabra no da fruto automáticamente: aunque es divina, y por tanto omnipotente, se adapta a las condiciones del terreno, o mejor aún, acepta las respuestas que le da el terreno, y que pueden ser también negativas.
Porque, en el fondo, la semilla sembrada en los diversos terrenos es Jesús mismo La lectura de esta parábola y de la explicación que dio Jesús a sus discípulos suscita en nosotros una reflexión necesaria: nosotros somos la tierra en donde el Señor siembra incansablemente la semilla de su Palabra y de su amor.
¿Con qué disposiciones la acogemos? ¿Cómo la hacemos fructificar? Dios nos encomienda hoy a todos nosotros el tesoro de esta Palabra, haciéndonos, siendo el sembrador confiado que siembra en el secreto del corazón de cada uno la «buena nueva» del Reino. Debemos ser la tierra fértil y buena que, con la abundancia de sus frutos, realiza las expectativas de la Iglesia y del mundo.
3.- Jesús nos asegura que la semilla sí dará fruto.
Que a pesar de que este mundo nos parece terreno estéril -la juventud de hoy, la sociedad distraída, la falta de vocaciones, los defectos que descubrimos en la Iglesia, Dios ha dado fuerza a su Palabra y germinará, contra toda apariencia. No tenemos que perder la esperanza y la confianza en Dios. Es él quien, en definitiva, hace fructificar el Reino, no nosotros. Nosotros somos invitados a colaborar con él. Pero el que da el incremento y el que salva es Dios.
José María Martín OSA
www.betania.es
LLAMADOS A DAR O HACER ALGO
Avanza el mes de julio y también el Tiempo Ordinario con el que vamos descubriendo, siguiendo y escuchando los pensamientos y estilo de Jesús de Nazaret.
1. En estos tres próximos domingos, incluido el de hoy, vamos a meditar tres impresionantes parábolas conocidas como las parábolas del Reino.
¿Qué pretenden? Ni más ni menos que sensibilizarnos, interpelarnos seriamente en el cómo vivimos nuestra fe y si hacemos algo por transmitirla a los demás.
¡Cuántas cosas recibimos de Dios! Hay algunos que dicen que no; que todo lo que son, adquieren, mueven y disfrutan, es fruto de la casualidad o del propio esfuerzo.
Los creyentes, sin embargo, sabemos que Dios dirige como nadie esta complicada maquinaria del mundo y que, nada de lo que acontece en él, ocurre sin su consentimiento.
Qué bueno sería que saboreásemos la parábola de este domingo. Salió el sembrador a sembrar y, encontró a gente como nosotros. Y por si no nos hemos dado cuenta, nosotros, somos campo y sembradores a la vez. ¿Que…cómo puede ser? ¿Que es imposible? ¡Somos siembra y sembrador!
Desde el día de nuestro Bautismo, el Señor, puso en nosotros la semilla de la fe. A continuación, con el paso de los años, en el campo de nuestra vida espiritual, el Señor ha ido depositando, una y otra vez, simientes de su amor, de su Eucaristía, del Sacramento de la
Reconciliación. ¿O es que, los sacramentos, no son pepitas de las buenas, de esas que crecen y nos hacen fuertes frente a tantas adversidades?
Pero, como en los campos castigados por la sequía o por la cizaña, también con nosotros ocurre algo parecido: o queremos y no podemos, o dejamos malograr aquello que Dios depositó en lo más hondo de nuestras entrañas.
2. ¿Qué tal va la cosecha?
Nos pregunta el Señor en este domingo. Que ¿qué tal va, Señor? ¡Aquí nos tienes! Lo intentamos; queremos ser de los tuyos, pero somos muy nuestros; queremos dar la cara por ti, pero tenemos miedo a que nos lastimen; nos gustaría anunciar tu Reino, pero preferimos sentarnos frente al televisor y dejarnos seducir por los anuncios de bienes pasajeros.
Es así, amigos; nuestra vida cristiana ha estado muy acostumbrada a recibir. ¿Y cuando vamos a dar? ¿Como San Pablo, sabemos de quién nos hemos fiado? Un campo, como el de los cristianos, no puede estar en permanente vacación. Mejor dicho; una vida, como la de los cristianos, no puede conformarse con mirar hacia el cielo; con esperar a que todo se nos dé hecho.
Hemos recibido mucho y, en justicia y por contraprestación, por amor a Dios y por coherencia, hemos de brindar algo de lo mucho que Dios nos da. ¿Lo intentamos?
-Los que sois padres ¿por qué no os involucráis un poco más en la educación cristiana de vuestros hijos? ¿Estáis dando el tanto por ciento que Dios espera de vosotros?
-Los que somos sacerdotes ¿anunciamos el Reino con todas las consecuencias o…lo hacemos de una forma dulce y descafeinada para no herir sensibilidades? ¿Tal vez –como dice Papa Francisco– más funcionarios que consagrados?
-Los que sois políticos o tenéis algún cargo de responsabilidad ¿Lo hacéis para todos o sólo para algunos?
-Los que sois jóvenes ¿sentís, en vuestra vida, algo más que la pura apariencia, las prisas, el disfrute o la fiesta?
-Los que sois niños ¿os dais cuenta de lo mucho que otros hacen por vosotros?
Un campo, el espiritual, que no se cuida, el día de mañana nos pasa factura.
3. Sí; es verdad.
Tenemos que hacer todos algo más. ¡Hemos recibido tanto! ¡No podemos guardar, el tesoro de la fe, en el banco de nuestros propios intereses. No podemos consentir que, la semilla de la fe, se pierda por falta de interés, por timidez, por falsas vergüenzas o, simplemente, porque ya no nos hemos preocupado de regalarla con el abono de la oración, la Palabra de Dios, la caridad o la Eucaristía dominical.
Por cierto, hoy más que nunca, el sembrador sigue mirando y saliendo a sus campos. El Señor, sigue observando a los creyentes y ¡cuánto espera de ellos! ¡Cuánto espera de nosotros!
¿Estamos dispuestos hacer algo por Cristo?
Para muestra un botón; miremos a nuestro alrededor. ¡Cuántas almas secas! ¡Cuántos corazones que palpitan con todo y de todo, menos con Dios! ¡Cuánto maligno disfrazado de bienestar aparente!
Si, amigos; a tiempos difíciles….cristianos valientes y convencidos. En tiempos de incredulidad; hombres y mujeres que sepan en quién creen, por qué y para qué. Hay que huir del “cristiano bajo mínimos” y lanzarnos con todas las consecuencias, con audacia y entusiasmo, a la siembra de Cristo en el mundo.
Y es que, un domingo más, sale el sembrador….y malo será que nos encuentre al “0” por ciento.
Javier Leoz