16 de Julio – Ilumíname, Señor, y mándame – Lecturas del Tiempo ordinario

16 de Julio – Ilumíname, Señor, y mándame – Lecturas del Tiempo ordinario

Con tu Espíritu para que ofrezca y cante
tu plan de salvación, tu locura por la humanidad.
Con tu presencia para que lejos de sentirme sólo,
en la tribulación seas mi consuelo,
en las dificultades un cayado donde apoyarme,
en los fracasos un aliento para seguir adelante.

Ilumíname, Señor, con tu Palabra
Para que, las mías, nunca sean las más importantes,
ni mis gestos sean el centro de muchas miradas,
ni mi persona sea un muro entre el hombre y el Misterio,
ni mis ideas eclipsen la grandeza del Evangelio.

Ilumíname, Señor, con tu mirada
Para que mire al mundo con amor y no con pena.
Para que observe los acontecimientos con esperanza.
Para que cerrando mis ojos sienta que,
los tuyos, miran por donde yo avanzo.
Para que, sin juzgar y trabajando,
sepa que no soy yo el que siembro ,
sino tu mano poderosa quien sostiene la mía.

Ilumíname, Señor, con tus brazos
Para que, con ellos, mantenga alzada la luz de la fe,
ayude a quien necesite una palabra o un amigo,
levante al que, la vida, lo ha dejado arrastrado,
ame a los que, incluso, rechazan mi misión.
En Ti confío, Señor, no quede defraudado,
envíame y, que seas Tú Señor,
el centro de lo que digo, siento, predico y hago.
Amén.

P. Javier Leoz

EN LA FESTIVIDAD DE LA VIRGEN DEL CARMEN

San Bernardo, siglos atrás, nos dejó aquel sugerente consejo: ¡Mira a la estrella, invoca a María!

Todos los años, cuando el 16 de Julio llama a nuestra puerta, la piedad cristiana nos empuja a seguir adentrándonos en el mar de Jesús, ayudados por esa singular Estrella del Mar que es María.

Los marineros, sobre todo en los momentos de tormentas o de dificultades, miran y buscan en el cielo, para seguir adelante, la ruta de las estrellas.

Los cristianos, desde el inicio del cristianismo, hemos contemplado a María –como estrella– en un deseo de seguir al sol que es Jesús. Un Jesús que, por cierto, es muchísimo más que la estrella de María.

¿Cómo no va a ser, Reina de los Mares, aquella que tan de cerca siguió los avatares, los esfuerzos, la vida e ilusiones de aquellos primeros apóstoles que eran pescadores?

LAS AGUAS DE LA FE, EL ESCAPULARIO

La Virgen del Carmen nos invita a profundizar en las aguas de la fe. Una de los vacíos del momento en que vivimos es la superficialidad de las cosas y, también, de las personas.

Y la fe, en múltiples ocasiones, es como un gran océano: queda mucho por descubrir.
María, sencilla y obediente, nos anima a aceptar sin condiciones a un Jesús que viene sin ruido pero pidiendo adhesiones.

María, pobre y humilde, nos indica el camino para encontrarnos con Cristo: el desprendimiento de uno mismo y de aquello que es obstáculo para que Dios entre en el interior.

María, agradecida, nos empuja a una acción de gracias (sincera y entusiasta) por ese Dios que se hizo pequeño y hombre en su seno virginal dándonos a conocer su inmenso amor.
En este día, con profundo sabor marinero, muchos hombres y mujeres volveremos a vestir el escapulario del Carmen.

Este signo puede ser, en un mundo descreído con afán de aparcar todo lo religioso, una llamada a abanderar esos valores que no pueden quedarse maniatados en una religiosidad popular y sin trascendencia o renovación de nuestra propia vida.

No hace mucho tiempo, en una casa que estaba siendo rehabilitada, salió a la superficie un madero que –aparentemente– estaba sano.

Un albañil acercó la mano y, hundiendo su pulgar en la madera, se llevó la gran decepción al comprobar que por dentro estaba totalmente hueco y dañado por las termitas.

Los cristianos, no podemos conformarnos con mantener exteriormente unas manifestaciones religiosas (aunque sean marianas) si no responden a unas vivencias profundamente evangélicas.

En este día de la Patrona del Mar salimos a la calle, no para cumplir con una simple tradición (eso sería muy poco) ni para entonar la Salve Marinera (no sería suficiente) ni para tomar el escapulario (es un símbolo).

En esta jornada mariana nos abrimos al horizonte del mar o nos manifestamos en las calles porque el tesoro que llevamos escondido, el Hijo de María, sigue siendo para nosotros un modelo de referencia para guiar a nuestra sociedad, para iluminar nuestras relaciones, para dar consistencia a nuestras familias o para rescatar a nuestro mundo de su egocentrismo o egoísmo: para ir hacia Dios.

PUERTO DE LA FE Y DE LA ESPERANZA

La festividad de la Virgen del Carmen, es una oportunidad que Dios nos da para llegar al puerto de la fe y de la esperanza.

Con María, la fe, se vive con más facilidad. Mejor dicho, con María, a la fe, se llega por un privilegiado camino. Con María, la esperanza, es un claro síntoma de que bebemos del mismo torrente del que Ella bebió: Jesucristo.

La festividad de la Virgen del Carmen es una embarcación que Dios pone a nuestro alcance. Dios necesitó de una mujer para hacerse hombre.

También nosotros, aunque nos sintamos dioses sin serlo, recordamos el testimonio e imploramos la ayuda de una mujer (que fue grande porque supo surcar sus propias dudas, pobreza, miedos y habladurías); porque queremos seguir avanzando como amigos de Jesús y proponiendo su Evangelio, como la mejor noticia aún no desvelada ni gustada suficientemente por una gran parte de nuestro mundo.

Hoy –en esta jornada– todos somos un poco marineros y hombres del mar.

–Es saludable adentrarse en las aguas profundas del Evangelio.
–Es conveniente utilizar la brújula de la fe para no perdernos.
–Es solidario desplegar las velas de la esperanza y del amor para no hundirnos en nuestros exclusivos intereses.
–Es prudente llevar el ancla del perdón para detenernos, como María lo hizo, y ayudar o proclamar la presencia de Dios en nuestros corazones.
–Es ventajoso remar con el soplo del Espíritu Santo y, con sólo esa seguridad, saber que no hay olas gigantes para el que siempre cree y pone en Dios la última Palabra.

Hoy, con la Virgen del Carmen, sigamos mirando al horizonte del mar. Y con Ella, con su cántico de alabanza, proclamemos con el agua y con los peces, con las redes y con el firmamento, con los hombres de tierra y también con los del mar, las maravillas que Dios sigue haciendo y mostrándonos delante de nosotros.

Javier Leoz
www.betania.es

Evangelio del día 16 de julio – Ciclo B | Viernes de la Décimo quinta semana del Tiempo ordinario, Jesús nos dice: Misericordia quiero, y no sacrificio, no condenaríais a los inocentes; porque el Hijo del Hombre es Señor del día de reposo.

Disfruta cada día de la Palabra de Dios y compártela para que llegue a los corazones de tantos cristianos que necesitan este alimento diario.

EVANGELIO del 16 de JULIO según San MATEO 12, 1-8 | PADRE GUILLERMO SERRA

En aquel tiempo iba Jesús por los sembrados en un día de reposo; y sus discípulos tuvieron hambre, y comenzaron a arrancar espigas y a comer.

Viéndolo los fariseos, le dijeron: He aquí tus discípulos hacen lo que no es lícito hacer en el día de reposo.

Pero él les dijo: ¿No habéis leído lo que hizo David, cuando él y los que con él estaban tuvieron hambre; cómo entró en la casa de Dios, y comió los panes de la proposición, que no les era lícito comer ni a él ni a los que con él estaban, sino solamente a los sacerdotes?

¿O no habéis leído en la ley, cómo en el día de reposo los sacerdotes en el templo profanan el día de reposo, y son sin culpa?

Pues os digo que uno mayor que el templo está aquí. Y si supieseis qué significa: Misericordia quiero, y no sacrificio, no condenaríais a los inocentes; porque el Hijo del Hombre es Señor del día de reposo.


Evangelio del día 16 de julio | † |  Evangelio del día 18 de julio

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ORACIÓN A LA VIRGEN del CARMEN

ÁNGELUS con el Papa Francisco



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