21 de Marzo – Hoy – Cuaresma

21 de Marzo – Hoy – Cuaresma

¡Cuánto puede expresar tan solo una palabra!
Tres letras cargadas de contenido, cargadas de vida.

HOY…

Hoy no es ayer ni es mañana, hoy es hoy.
Hoy es aquello que vivimos, aquello en lo que soñamos…

Hoy es las oportunidades que se ponen en mi camino
para ser feliz, los momentos en los que disfruto siendo
quien soy, las llamadas que la vida me hace para darme
con libertad, con sinceridad, con claridad…

Hoy es la oportunidad que me brinda Dios de aceptar
aquello que más me cuesta,
aquello que menos entiendo y me hace sufrir.

Hoy soy yo, ayer era yo y mañana seré yo…
siempre seré yo. Todo lo que me rodea me ayuda
a ser yo mismo porque en mí está la libertad
de poder elegir, la libertad de vivir.

Hoy quiero elegir… y mi primera elección es ser yo
a pesar de las contrariedades que la vida me pueda traer,
a pesar de las satisfacciones que pueda alcanzar
o las realizaciones personales que llegue a conquistar.

Hoy elijo ser yo mismo, sin miedo, sin temor,
sin orgullo, sin anclamiento…

Hoy elijo ser yo desde lo que soy, desde lo que se ve,
y desde lo que no se ve de mí, desde lo que soy capaz
de transmitir y desde lo que se queda sin expresar.

Hoy… Sólo por hoy… ¿y mañana?…

El mañana es incierto, débil, quebradizo, inseguro…
No puedo vivir del mañana y tampoco del pasado,
por eso quiero vivir el hoy con la mayor intensidad
de la que soy capaz, mirando de frente y diciéndole
a los que me rodean que me siento feliz siendo como soy,

que el crecer como persona no significa anularme
en lo más esencial, significa vivir en actitud de entrega,
generosidad, crecimiento interior…

La vida me rodea, las personas existen, el mundo
gira conmigo o sin mí … Por eso yo, desde lo que soy
en profundidad quiero decirle a la vida, a las personas,
al mundo, que a partir de hoy opto por la libertad,
por la felicidad de ser fiel a mi mismo y a Dios,
por la verdad, por la serenidad, por la confianza plena…

Hoy opto por vivir el hoy.

Evangelio del día 21 de marzo con el Padre Guillermo Serra

Evangelio según San Juan 12, 20-33

Entre los que habían subido para adorar durante la fiesta, había unos griegos
que se acercaron a Felipe, el de Betsaida de Galilea, y le dijeron: “Señor, queremos ver a Jesús”.

Felipe fue a decírselo a Andrés, y ambos se lo dijeron a Jesús.
El les respondió: “Ha llegado la hora en que el Hijo del hombre va a ser glorificado.

Les aseguro que si el grano de trigo que cae en la tierra no muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto.

El que tiene apego a su vida la perderá; y el que no está apegado a su vida en este mundo, la conservará para la Vida eterna.

El que quiera servirme que me siga, y donde yo esté, estará también mi servidor. El que quiera servirme, será honrado por mi Padre.

Mi alma ahora está turbada, ¿Y qué diré: ‘Padre, líbrame de esta hora’? ¡Si para eso he llegado a esta hora!

¡Padre, glorifica tu Nombre!”. Entonces se oyó una voz del cielo: “Ya lo he glorificado y lo volveré a glorificar”.

La multitud que estaba presente y oyó estas palabras, pensaba que era un trueno. Otros decían: “Le ha hablado un ángel”.

Jesús respondió: “Esta voz no se oyó por mí, sino por ustedes.
Ahora ha llegado el juicio de este mundo, ahora el Príncipe de este mundo será arrojado afuera; y cuando yo sea levantado en alto sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí”.

Jesús decía esto para indicar cómo iba a morir.

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