Guión Domingo XXX del tiempo ordinario

Guión Domingo XXX del tiempo ordinario

DOMINGO 30º DURANTE EL AÑO

PREPARACIÓN:

Antes de la salida del celebrante

Hermanos, una vez más los que seguimos al Señor nos reunimos en torno a su mesa, en este domingo trigésimo durante el año. Y Él, que nos ha abierto los ojos, nos invita a reconocerlo, como el ciego del Evangelio, como el Mesías, el enviado de Dios.

AMBIENTACIÓN:

Luego del saludo inicial y antes del acto penitencial
Dios nos manifiesta hoy su infinita bondad y nos llama a creer, a confiar plenamente en Él, que es quien realmente salva. Y esta confianza que nos pide, nos hace acreedores a sus favores. Y Jesús nos presenta claramente la paternidad amorosa de Dios, dándonos la fe que nos cura totalmente de nuestra ceguera, aún la más profunda, dándonos la luz que penetra hasta nuestro interior.

1ª. LECTURA: (Jr 31, 7-9) (Ver texto)
Este anuncio del profeta Jeremías, acerca del gran designio de Dios, nos expresa que él nos ha salvado y quieres la salvación para todos los hombres.

SALMO RESP.: (125, 1-6) (Ver texto)
R. ¡Grandes cosas hizo el Señor por nosotros!
2ª. LECTURA: (He 5, 1-6) (Ver texto)
San Pablo nos dice que Jesucristo es nuestro gran Sacerdote, que comprende y se muestra indulgente con los ignorantes y descarriados.
EVANGELIO: (Mc 10, 46-52) (Ver texto)

Jesús nos habla y nos llama a cada uno de nosotros, para que todos quedemos iluminados por su luz.

ORACIÓN DE LOS FIELES:

CELEBRANTE:
Hermanos, con la misma fe y convicción con la que el ciego llamó e imploró a Jesús que lo salvara y para que pudiera seguir su camino, oremos a nuestro Padre del Cielo.
GUÍA: A cada una de las peticiones responderemos orando:

«SEÑOR, ESCÚCHANOS Y DANOS TU LUZ»

v Padre, te pedimos por la Iglesia y el Santo Padre Benedicto XVI, para que recibiendo su anuncio, llegue a todos los hombres tu Reino de vida, de fraternidad y justicia, de libertad y paz, oremos…

v Padre, te pedimos por nuestro Obispo y nuestros sacerdotes, para que junto a ellos hagamos realidad la lección que tu Hijo nos da hoy en este Evangelio y formemos una comunidad en la que no nos olvidemos de los más pobres y de nuestro compromiso con ellos, oremos…

v Padre, te pedimos por nuestra patria, para que trabajemos en conseguir una convivencia pacífica entre todos, que nos lleve a construir una nación en la que se termine la violencia y no existan tantas desigualdades económicas y sociales, oremos…

v Padre, te pedimos por todos los que sufren, para que encuentren en tu Hijo la luz y la fortaleza para sobrellevar su situación, y en nosotros la mano fraterna que ellos necesitan, oremos…

v Padre, te pedimos por nuestra comunidad, para que ni la moda, ni el sistema, ni el pensar de los demás, nos quiten la luz verdadera de los ojos y siempre podamos ver con los tuyos todas las cosas y acontecimientos, siguiendo comprometidamente a tu Hijo, oremos…

CELEBRANTE:
Señor, Dios rico en misericordia, atiende nuestra súplica y concédenos aquello que no nos atrevemos a pedirte, llenando nuestros corazones con tu luz. Te lo pedimos por tu Hijo, que contigo vive y reina por los siglos de los siglos.

PRESENTACIÓN DE LAS OFRENDAS:

Es nuestro deseo que Dios pueda realizar en nosotros su Reino de amor, por eso ahora presentemos sobre la mesa del altar, la ofrenda de nuestras vidas, junto con nuestras familiar y todas nuestras cosas.

Al término del “Lavatorio de Manos” y cuando el celebrante vuelve al centro del altar y antes de la oración siguiente, se hace poner de pie a la asamblea

DIÁLOGO DEL PREFACIO:

Al iniciarse el Prefacio (antes de «El Señor esté con vosotros»)

Proclamemos ahora nuestra fe en la salvación que Dios ha obrado en nosotros; elevemos con inmenso gozo nuestro canto de acción de gracias.

COMUNIÓN:
Queremos seguir a Jesús en su camino, luego que Él nos ha curado de nuestra ceguera espiritual, por eso es necesario que nos fortalezcamos comiendo de este Pan eucarístico.
DESPEDIDA:

Nuestro compromiso, fruto de esta Eucaristía, debe ser que, lejos de vivir de espalda a las situaciones de dolor y de prueba que viven tantos hermanos nuestros, podamos responderles con toda la fuerza de nuestra fe: “¿Qué quieres que haga por ti?”

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