3er Domingo del Tiempo ordinario

Reflexión para el Tercer Domingo del Tiempo ordinario

PREPARACIÓN: 

Antes de la salida del celebrante

Queridos hermanos, en este tercer domingo del tiempo durante el año, iniciamos la lectura continua del Evangelio de san Lucas. Él nos enseña a celebrar la Pascua: la Buena Noticia que cada domingo, y siempre, proclamamos vivamente en la Eucaristía.

 

AMBIENTACIÓN: 

Luego del saludo inicial y antes del acto penitencial

 

Jesús hoy se presenta y se declara, de manera evidente, como el Mesías esperado, consagrado por la unción y enviado a dar la Buena Noticia a los pobres, subrayando solemnemente que en Él se cumple la profecía. Y hoy también se actualiza la profecía cada vez que se proclama dentro de la asamblea cristiana: cada cristiano no debe olvidar su vocación profética que forma parte de su misma adhesión a la fe y al Evangelio.

 

1ª. LECTURA:  (Ne 8, 2-4a. 5-6. 8-10)         (Ver texto)

 

En este pasaje vemos la proclamación solemne del libro de la Ley ante todo el pueblo reunido en asamblea litúrgica y su reacción al escuchar estas palabras, signos del amor de Dios a su pueblo.

 

SALMO RESP.:     (18, 8-10. 15)    (Ver texto)

 

                    R.   Tus palabras, Señor, son Espíritu y Vida. 

 

2ª. LECTURA:    (1 Co 12, 12-30)    (Ver texto)

 

Continuando la lectura de la carta de la Epístola a los Corintios, vemos la imagen del cuerpo, de la que Pablo se sirve para desarrollar ampliamente el tema de la unidad dentro de la diversidad de dones. 

 

EVANGELIO:   (Lc 1, 1-4; 4, 14-21)      (Ver texto)

 

En este inicio del Evangelio de Lucas, Jesús nos manifiesta que la salvación anunciada por el profeta se ha hecho presente en su persona: el es el Mesías que ha venido a dar la Buena Noticia a los pobres.

 

ORACIÓN DE LOS FIELES:

 

CELEBRANTE:

 

Queridos hermanos, como verdaderos miembros de un solo cuerpo, elevemos a nuestro Padre del Cielo nuestras peticiones, con las que ponemos en su presencia las necesidades de todos los que de él somos parte.

 

GUÍA:  A cada una de las peticiones responderemos orando:

 

«POR CRISTO, ESCÚCHANOS SEÑOR»

 

 

v Por la Santa Iglesia, para que guiada por nuestro amado Sumo Pontífice, todos los hombres y mujeres encuentren en ella el convincente testimonio de las verdades del Evangelio que constituyen nuestra guía y salvación, oremos…

 

v Por nuestros hermanos haitianos, para que los ayudes a superar el difícil momento que están viviendo, les des consuelo en sus pérdidas, estés con ellos y suplas sus necesidades tanto físicas como económicas y sobretodo espirituales, para que se apoyen en su fe y su amor a ti, oremos…

 

v Por la paz, para que tu Espíritu mueva los corazones de los gobernantes del mundo, para que respetando la libertad de todos, sean intérpretes adecuados de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, oremos…

 

v Por tantos hermanos nuestros que sufren en su cuerpo o en su espíritu, para que recibiendo pronto la Buena Noticia que les permita llevar una vida más agradable, encuentren en nosotros el gesto y la palabra oportuna que les ayude en la búsqueda de una justicia tan largamente esperada, oremos…

 

v Por toda nuestra comunidad, para que hoy escuchemos tu Palabra que nos dice que nuestra fuerza, nuestro consuelo, nuestra unión como pueblo de Dios está ella, y la oigamos con el respeto que se merece, oremos…

 

CELEBRANTE:

 

Padre bueno, atiende favorablemente nuestras peticiones y concédenos el que siempre pongamos a tu servicio los dones que tú nos ha dado y formemos verdaderamente un solo Cuerpo y un solo Espíritu. Te lo pedimos por el mismo Jesucristo, nuestro Señor.

 

PRESENTACIÓN DE LAS OFRENDAS:

 

El pan y el vino que ahora presentamos en la mesa del sacrificio, son también un signo de nuestra entrega al Padre, con todo lo bueno que hay en nosotros para que sea elevado y todo lo malo, para que sea destruido.

 

Al término del “Lavatorio de Manos” y cuando el celebrante vuelve al centro del altar y antes de la oración siguiente, se hace poner de pie a la asamblea

 

DIÁLOGO DEL PREFACIO:

Al iniciarse el Prefacio (antes de «El Señor esté con vosotros»)

 

El Padre de los Cielos nos ha dado a su Hijo para que sea nuestra salvación y la fuente de vida eterna; por eso, ahora unamos nuestros corazones y nuestras voces para cantar nuestra acción de gracias.

 

COMUNIÓN:

 

En Cristo formamos un solo Cuerpo y un solo Espíritu, y para que esto sea posible y podamos realmente construir esta unidad, Él mismo ahora se nos ofrece como alimento.

 

DESPEDIDA:

 

Hemos anunciado la Palabra y celebrado la Eucaristía, hemos anunciado y celebrado la Buena Noticia en un verdadero canto jubiloso de acción de gracias. Este es un compromiso para nuestra vida diaria si queremos vivir de verdad el Evangelio de Jesucristo.

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