6 de Abril – Con mi Iglesia, creo en ti, Señor – Pascua

6 de Abril – Con mi Iglesia, creo en ti, Señor – Pascua

Abriré las puertas, cuando me llamen a tiempos
y a deshoras y, aun con incertidumbres o dudas,
proclamaré que estás vivo y operante.
Que, en mis miedos y temores,
me das la valentía de un león,
para hacer frente a mis adversarios.

¡Con mi Iglesia, creo en ti, Señor!
Ven, Señor, y como a Tomás muéstrame tu costado,
no para que crea más o menos,
sino para sentir un poco el calor de tu regazo.
Ven, Señor, y como a Tomás, enséñame tus pies,
no porque desee verlos taladrados,
sino porque, al contemplarlos,
conoceré el precio que se paga
a los que desean andar por tus caminos.

Ven, Señor, y como a Tomás, dame tus manos,
no para advertir los agujeros que los clavos dejaron,
sino para, juntando las mías sobre las tuyas,
comprender que he de ayudar al que está abatido,
animar al que se encuentra desconsolado,
o servir con generosidad,
a todo hombre que ande necesitado.

¡Con mi Iglesia, creo en ti, Señor!
Porque, sé que, los Apóstoles,
débiles y santos, con virtudes y defectos,
nos han dejado esta Iglesia que es Madre y sierva,
Santa y pecadora, grande y pequeña,
Rica y pobre, pero esplendorosa
por la alegría de tu Pascua Resucitadora.

¡Aleluya, creo con tu Iglesia, en ti Señor!

P. Javier Leoz

Evangelio del 6 de abril con el Padre Guillermo Serra

Evangelio según San Juan 20, 11-18

El día de la resurrección, María se había quedado llorando junto al sepulcro de Jesús. Sin dejar de llorar, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados en el lugar donde había estado el cuerpo de Jesús, uno en la cabecera y el otro junto a los pies.

Los ángeles le preguntaron: “¿Por qué estás llorando, mujer?” Ella les contestó: “Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo habrán puesto”.

Dicho esto, miró hacia atrás y vio a Jesús de pie; pero no sabía que era Jesús. Entonces él le dijo: “Mujer, ¿por qué estás llorando? ¿A quién buscas?” Ella, creyendo que era el jardinero, le respondió: “Señor, si tú te lo llevaste, dime dónde lo has puesto”.

Jesús le dijo: “¡María!” Ella se volvió y exclamó: “¡Rabuní!”, que en hebreo significa ‘maestro’. Jesús le dijo: “Déjame ya, porque todavía no he subido al Padre. Ve a decir a mis hermanos: ˜Subo a mi Padre y su Padre, a mi Dios y su Dios'”.

María Magdalena se fue a ver a los discípulos para decirles que había visto al Señor y para darles su mensaje.

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