Camino de Cuaresma – Descalzarse ante Dios

DESCALZARSE ANTE DIOS

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén

Breve silencio para ponernos en presencia de Dios, rogando a María Santísima sea nuestra compañera y guía en este camino hacia el encuentro con su Hijo Jesucristo.

ORACIÓN INICIAL

Estoy caminando el desierto de la fe, Jesús. Un desierto que se convirtió en maestro de la fe para tu pueblo Israel. Ayúdame a entrar en él, avanzar y progresar con la mirada puesta siempre en ti. Sé que pasaré por pruebas, que mi inteligencia y voluntad serán purificadas, que mi sensibilidad también sentirá el calor y el frío de este desierto.

No tengo miedo porque sé que tú estás conmigo, yo quiero seguir tus huellas y salir victorioso con una fe sólida e inquebrantable. Déjame sentir tu presencia y líbrame de lo que me impida reconocerte en cada circunstancia de mi vida.

CITA

Cuando el Señor vio que (Moisés) se acercaba para mirar, lo llamó desde la zarza: ¡Moisés! ¡Moisés! Él respondió: Aquí estoy. Dios le dijo: No te acerques; quítate las sandalias porque el lugar que pisas es sagrado. Y añadió: Yo soy el Dios de tu padre, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob. Moisés se cubrió el rostro, porque temía mirar a Dios.

Exodo 3, 4-6

REFLEXIÓN

Descubrir la presencia de Dios implica ponerse en camino, abrir los ojos, exponerse al calor del día y al frío de la noche del desierto de la fe.

Como Moisés, si estamos atentos, Dios nos sorprenderá con su presencia. En nuestra vida, ha habido y habrán muchas zarzas ardientes, manifestaciones de Dios a nuestra alma, que debemos aprovechara para hacer esa experiencia profunda con Aquél que se presenta como “el que Es”.

En nuestro caminar, buscamos protegernos, no queremos ensuciarnos, es más seguro y cómodo andar calzado. Si descubrimos su presencia y escuchamos su voz, que nos pide descalzarnos ante el terreno sagrado que pisamos, comenzaremos a experimentar y sentir algo nuevo. Al hacerme vulnerable puedo distinguir lo húmedo de lo seco, el pasto de la tierra, las piedras de la arena. Cada capítulo de mi historia, vivido desde la fe, tiene una textura distinta. Dios ha querido que experimente distintas sensaciones espirituales que me han dejado huellas y cicatrices distintas.

Ese desnudarse al pisar, hacerse vulnerable me permite hacer una experiencia más íntima y profunda de Dios. Leer mi historia y caminarla tomada de su mano. Unas veces fue un pisar suave y sereno, otras un caminar más a prisa por el calor del terreno. Algunas veces mi caminar me ha dejado llagas, he sangrado y gritado. Pero Él siempre ha estado a mi lado.

Y cuándo me he sentido derrotado, cansado y agotado, las huellas que solía dejar yo a mi paso, se convirtieron en un par de huellas más profundas. Eran las de mi Dios, que con cariño me ha llevado en sus brazos. Gracias Señor por el fuego de tu amor y por enseñarme que sólo yendo descalzo podré leer mi historia de un modo sagrado, porque tú de mi estás enamorado.

ORACIÓN

TERRENO SAGRADO

Mi historia tiene muchos capítulos
Y sé que no todos los he caminado de tu mano
Pero si tengo una certeza Señor
Es que Tú si las ha caminado a mi lado

Ante ti no puedo dejar de reconocer
Que tu corazón siempre ha ardido
En cada paso de mi duro camino
Siendo una luminosa señal de tu poder

Me pides descalzarme ante tu presencia
Y vivir esta experiencia
Con un profundo sentido de lo sagrado
Por el amor con que me has amado

Te pido luz y fuerza
Para reconocer en mi vida entera
El don de tu presencia

Para así descalzarme
Ante todo recuerdo
Ante toda experiencia
Ante todo sentimiento

Quiero sentir en lo más hondo
El paso de tu suave espíritu
Aquél que me consoló
Aquél que me acompañó
Aquél que me hirió
Aquél que me curó

Para por fin comprender
Desde el fuego ardiente de la fe
Que cada capítulo de mi ayer
Ha sido un nuevo amanecer
Regalo tuyo sin yo deberlo merecer

Descálzate alma mía
Camina, avanza y confía
Dios está ante ti y te mira
Con el fuego eterno que ilumina

Del libro Jesús a mi alma P. Guillermo Serra, L.C.

PROPÓSITO

Repasar los capítulos más fuertes de mi vida y pedirle a Dios el don de reconocer su presencia para desde la oración, descalzarme y sentir cómo Dios estuvo presente.

Autor: Padre Guillermo Serra, L.C.