Camino de Cuaresma – La libertada ante el egoísmo

Camino de Cuaresma – La libertada ante el egoísmo

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén

Breve silencio para ponernos en presencia de Dios, rogando a María Santísima sea nuestra compañera y guía en este camino hacia el encuentro con su Hijo Jesucristo.

ORACIÓN INICIAL

Jesús, gracias por invitarme al desierto de la libertad. Es un desierto que me va a costar porque no hay nada más mío que mi libertad. ¡Cuánto me cuesta entregarla! Ilumíname para que pueda entender cómo usarla para mi santificación; cómo entregarla para aprender a amar más y cómo purificarla para que me acerque más a ti. Yo quiero entregarte mi inteligencia y mi voluntad para cumplir siempre fielmente el plan que tú has dispuesto sobre mi vida.

CITA

El corazón del hombre es la cosa más traicionera y difícil de curar. ¿Quién lo podrá entender? Yo, el Señor sondeo la mente y penetro el corazón, para dar a cada uno según sus acciones, según el fruto de sus obres.

Jeremías 17, 9-10

REFLEXIÓN

El egoísmo es la consecuencia del pecado original en nuestra alma. Es la herida profunda que impregna prácticamente todas nuestras acciones y decisiones. El amor desordenado a nosotros mismos suele ser nuestro móvil más profundo, es capaz de penetrar hasta nuestras mejores intenciones y puede ser que ni siquiera nos demos cuenta.

Con frecuencia, con lo que hacemos buscamos nuestra propia satisfacción y vanagloria, incluso cuando aparentemente estamos haciendo algo por los demás. Somos hábiles para disfrazar de caridad, de altruismo o de piedad nuestro deseo por ser reafirmados, aceptados, valorados o amados.

En el fondo lo que anhelamos es a Dios, buscamos el sentido y la realización de nuestra vida, y eso es bueno. El egoísmo es simplemente un distractor, es la debilidad que aprovecha el enemigo para desviarnos de nuestro fin último que es el cielo.

Solo Dios es capaz de entrar en lo más profundo de nuestro corazón, allá en el fondo de esa herida del egoísmo, para rescatar la pureza de intención y el amor como fundamento de nuestros actos.

Nuestra actitud debe ser una de humildad, que reconozca nuestra fragilidad herida; de vigilancia, que preste delicada atención a las manifestaciones del amor propio desordenado; de oración, que nos mantenga llenos del Espíritu Santo; y de confianza, en que para Dios todo es posible, incluso rescatarnos de nosotros mismos. ¡Y lo más maravilloso de todo es que somos libres para hacerlo!

ORACIÓN

LA SOLEDAD SONORA

Cierras los ojos y ¿qué ves?
¿Qué escuchas más profundamente
tu corazón o el del mundo?

¿Qué sientes en tu interior?
El silencio te debe dar alas
no las rejas de una prisión

Estar contigo no es un castigo
Es tu destino aquí en el camino
pero escucha el silencio

No es una ausencia
sino una suave presencia
Tu mejor amigo eres tú

Quiérete y sánate
De tu egoísmo y victimismo
que te gritan con cinismo

Sé libre de toda herida
que sangra sin medida
pedazos de tu vida

Escucha esa soledad sonora
La apacible verdad que te incomoda
Un grito a tu miedo enfermizo

Sé sola, alma mía
Estate quieta sin buscar salida
La fuerza vive dentro de tu herida

Abre la puerta
Deja libre el rencor que te inquieta
Sánate con lágrimas de silencio

Escucha tus sueños y anhelos
esos que quisieron arrancar tus vuelos
Quita el polvo de tus miedos

Mira a lo alto y escucha esa música
que callada te reclama con suave melodía
¿Dónde estás y a dónde vas?

Del libro Jesús a mi alma. P. Guillermo Serra, L.C.

PROPÓSITO

Ofreceré un pequeño acto de amor al prójimo que sea una victoria a algo de mí egoísmo

Autor: Padre Guillermo Serra, L.C.

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