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Credo corto y largo: diferencias y textos completos

Credo corto y el credo largo

El Credo corto y el Credo largo son dos fórmulas de la profesión de fe cristiana. El corto se conoce como Símbolo de los Apóstoles; el largo, como Símbolo niceno-constantinopolitano. En esta página encontrarás la comparación y los textos completos de ambos.

Diferencias entre el Credo corto y el largo

Las dos fórmulas del Credo
FórmulaNombreQué encontrarás en el texto
Credo cortoSímbolo de los ApóstolesUna expresión breve de la fe en el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.
Credo largoSímbolo niceno-constantinopolitanoUna formulación más extensa, que desarrolla especialmente la profesión de fe en Jesucristo y en el Espíritu Santo.

Si necesitas únicamente la oración breve para leerla o aprenderla, ve al texto completo del Credo corto. Para consultar ambas fórmulas y profundizar en su sentido, puedes acudir al Catecismo de la Iglesia Católica: «Creemos».

Credo corto y el credo largo rezado por el PAPA FRANCISCO

Así denominan los cristianos de a pie las dos fórmulas de fe más comunes.

El credo es un resumen de los dogmas y creencias más importantes de un cristiano, confesamos nuestra fe en el bautismo (nuestros padres y padrinos en nombre nuestro si somos niños) y cada domingo en la Misa.

Voy a explicar el por qué de tener estos dos credos, que no son un capricho sino que tienen su motivo:
El Credo corto es el que se llama “técnicamente” credo de los apóstoles o apostólico.

La leyenda cuenta que los apóstoles mismos redactaron el Credo a los diez días de la Ascensión del Señor Jesús, pero en realidad ellos no lo escribieron.

Se le llama “de los apóstoles” o “apostólico” porque está basado en la doctrina que ellos enseñaron.

Ambos credos tienen en común que están estructurados en tres partes, siguiendo la Trinidad: Creo en Dios Padre creador; creo en Jesucristo, su Hijo, nuestro salvador; creo en el Espíritu Santo y en la Iglesia.

La diferencia es que si observáis, estos dos credos tienen un lenguaje y una forma de decir las cosas distinta, pero al final dicen lo mismo.

La diferencia es que el apostólico habla de Jesucristo enumerando sus acciones históricas (nacimiento, pasión, muerte y resurrección) usando expresiones bíblicas como la de resucitar a los tres días.

El credo largo utiliza un lenguaje que no es bíblico (engendrado antes de todos los siglos, de la misma naturaleza) sino que está tomado de la filosofía griega; no es que sea extraño a la revelación, en el siglo IV la fe cristiana se había introducido en el imperio romano y se había amoldado a la cultura clásica, ya no era sólo una fe hebrea o semítica, sino que consiguió expresar las verdades de la revelación con el lenguaje filosófico griego.

El Credo largo es el Credo niceno-constantinopolitano, o sea el Credo de los concilios de Nicea (año 325) y de Constantinopla (año 381), que respondieron respectivamente a las herejías arriana y de los pneumatómacos (los que luchan contra el Espíritu Santo).

El credo corto y el credo largo realizado por niños.

De ahí que la parte más amplia de este credo sea la dedicada a Cristo y al Espíritu Santo.

La herejía de Arrio afirmaba que Cristo no es Dios, sino una criatura perfecta, la primera de todas, pero no es Dios. Por eso este credo se centra en Jesucristo:

Engendrado del Padre antes de todos los siglos, Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza que el Padre.

Todas estas palabras están medidas y quieren afirmar que Jesucristo, el Hijo de Dios es también Dios, igual que el Padre, que ha sido engendrado (indica así el origen eterno del Verbo), por tanto tiene un principio distinto al de las criaturas, que han sido creadas.

En cuanto a la parte del Espíritu Santo dice:

Y creo en el Espíritu Santo, Señor y Dador de vida, que procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas.

Todo esto quiere reafirmar la divinidad del Espíritu Santo, que es igual al Padre y al Hijo, y su papel en la Historia de la salvación.

La frase y del Hijo es una añadido que se hizo en la España visigoda (siglos V-VIII) para reafirmar la divinidad de Jesucristo (para mostrarlo igual al Padre en la espiración del Espíritu Santo) contra los arrianos, pues los visigodos eran arrianos al invadir la Península Ibérica.

El credo se recita especialmente en la Misa del domingo, para confesar públicamente nuestra fe en Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo, el centro de nuestra fe cristiana.

El domingo celebramos la Resurrección del Señor y renovamos nuestro bautismo, en el que antes del momento central del agua y con la triple pregunta (¿Creéis en Dios Padre…?, ¿creéis en Jesucristo su único Hijo…?, ¿creéis en el Espíritu Santo…?) mostramos nuestra fe en el Dios cristiano y que estamos preparados para recibir el sacramento del nuevo nacimiento y entrar a formar parte de la Iglesia, Esposa y Cuerpo de Cristo.

Credo de los Apóstoles

Creo en Dios, Padre Todopoderoso,
Creador del cielo y de la tierra.

Creo en Jesucristo su único Hijo Nuestro Señor,
que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo.

Nació de Santa María Virgen,
padeció bajo el poder de Poncio Pilato,
fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos,
al tercer día resucitó de entre los muertos,
subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios Padre, todopoderoso.
Desde allí va a venir a juzgar a vivos y muertos.

Creo en el Espíritu Santo, la Santa Iglesia católica
la comunión de los santos, el perdón de los pecados,
la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén

Credo de Nicea – Constantinopla (Credo Largo)

«Creo en un solo Dios,
Padre todopoderoso,
Creador del cielo y de la tierra,
de todo lo visible y lo invisible.

Creo en un solo Señor, Jesucristo,
Hijo único de Dios,
nacido del Padre antes de todos los siglos:
Dios de Dios,
Luz de Luz,
Dios verdadero de Dios verdadero,
engendrado, no creado,
de la misma naturaleza del Padre,
por quien todo fue hecho;
que por nosotros los hombres,
y por nuestra salvación
bajó del cielo,
y por obra del Espíritu Santo
se encarnó de María, la Virgen,
y se hizo hombre;
y por nuestra causa fue crucificado
en tiempos de Poncio Pilato;
padeció y fue sepultado,
y resucitó al tercer día, según las Escrituras,
y subió al cielo,
y está sentado a la derecha del Padre;
y de nuevo vendrá con gloria
para juzgar a vivos y muertos,
y su reino no tendrá fin.

Creo en el Espíritu Santo,
Señor y dador de vida,
que procede del Padre y del Hijo,
que con el Padre y el Hijo
recibe una misma adoración y gloria,
y que habló por los profetas.

Creo en la Iglesia,
que es una, santa, católica y apostólica.

Confieso que hay un solo bautismo
para el perdón de los pecados.

Espero la resurrección de los muertos
y la vida del mundo futuro.
Amén.

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Canción a San Agustín de Hipona

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