Cuaresma con Cristóbal Jiménez Ariza SJ: asombro, agradecimiento y vida real

Entrevista desde el Santuario de Loyola

28 de Febrero de 2026

En esta entrevista del programa Cruzando Fronteras conversamos con Cristóbal Jiménez Ariza, SJ, periodista de alto nivel durante años en la Cadena SER junto a Iñaki Gabilondo, hoy jesuita, sacerdote y coordinador del equipo que anima el Santuario de Loyola y la casa de espiritualidad.

Desde Loyola, cuna de Ignacio de Loyola, Cristóbal nos ofrece claves profundas y muy actuales para vivir la Cuaresma hoy: sin dramatismos, sin idealizaciones y sin heroicidades espirituales, pero con asombro, agradecimiento y sentido del humor.


“La espiritualidad empieza en la vida real”

Cristóbal lo tiene claro: la frontera donde se juega hoy la fe es el encuentro con Dios en la vida concreta.

Las personas que llegan a hacer Ejercicios Espirituales o retiros no buscan teorías, sino un espacio sagrado donde dejar que Dios actúe. Y ahí —dice— el acompañante tiene que aprender a no estorbar, a no impedir ese diálogo entre el Creador y la criatura.

En una sociedad acelerada, hiperconectada y ruidosa, la frontera del silencio es más actual que nunca.


¿Qué es realmente la Cuaresma?

Para muchos sigue sonando a sacrificio, renuncia y esfuerzo. Pero Cristóbal la redefine con una palabra clave:

Oportunidad.

La Cuaresma comienza el Miércoles de Ceniza recordándonos: “Polvo eres y en polvo te convertirás”. No es una amenaza, sino una llamada a aprovechar la vida, a no postergar lo importante, a no ahorrarnos palabras buenas, a no perder el tiempo en disgustos inútiles.

La Cuaresma es una invitación a vivir desde lo profundo.


Ayuno, limosna y oración: herramientas de libertad

La tradición cristiana propone tres caminos concretos:

  • Ayuno → salir del autocentramiento.
  • Limosna → abrirnos al otro.
  • Oración → abrirnos a Dios.

En clave ignaciana, es un proceso de ganar libertad interior. No se trata de masoquismo espiritual, sino de vencerse a uno mismo para vivir más ligeros, menos atrapados por el ego.


Dos claves ignacianas para esta Cuaresma

1️⃣ El asombro

Para Cristóbal, el dinamismo profundo de la espiritualidad ignaciana es el asombro:

  • Asombro ante el perdón.
  • Asombro ante la llamada de Dios.
  • Asombro ante el amor manifestado en la cruz.

El problema es que los adultos perdemos la capacidad de asombro que tienen los niños. La Cuaresma puede ser el tiempo para recuperarla.


2️⃣ El agradecimiento

En la oración ignaciana, el primer paso es siempre agradecer.

No por cosas extraordinarias, sino por lo cotidiano:

  • un plato de comida,
  • un mensaje recibido,
  • una palabra compartida,
  • la vida misma.

Cristóbal recuerda una frase de Cervantes: el mayor pecado es el desagradecimiento.
Vivir agradecidos ensancha el corazón. Vivir instalados en la queja lo encoge.


Cuaresma sin idealizaciones

Una de las afirmaciones más potentes de la entrevista:

“Lo ideal es lo contrario de lo real.”

No existe el cristiano ideal. Existe el cristiano real.
No existe la vida perfecta. Existe la vida concreta.

La Cuaresma no es para construir un “yo espiritual ideal”, sino para acoger la realidad con ternura y paciencia, con nuestras grandezas y nuestro barro.


Consolación y desolación: aceptar que no siempre estamos bien

Cristóbal explica una clave central del discernimiento ignaciano:

  • La consolación es un regalo.
  • La desolación también tiene valor pedagógico.

La vida espiritual —como la vida humana— está hecha de subidas y bajadas. No existe una espiritualidad donde siempre estemos bien.

Aceptar esto libera.
Nos ayuda a no buscar “parches” compulsivos y a vivir nuestros propios Getsemaní pegados al Maestro.


La queja: ¿territorio del enemigo?

Hay una queja sana (la de los salmos, que se pone en manos de Dios).
Pero hay otra que nos encierra en la tristeza y la desesperanza.

Cuando la queja se convierte en modo permanente de estar, nos infantiliza espiritualmente.

La Cuaresma puede ser tiempo para discernir:

  • ¿Esta queja me abre o me encierra?
  • ¿Me acerca a Dios o me instala en la amargura?

Humor y sentido espiritual

Cristóbal insiste en algo poco habitual en Cuaresma: el sentido del humor es un don espiritual.

Jesús no vive en el dramatismo permanente.
Solo se toma realmente en serio dos cosas:

  • el amor de Dios por sus criaturas,
  • el dolor de los pobres.

Todo lo demás se puede relativizar.

Pedir sentido del humor —como hacía santo Tomás Moro y recuerda el Papa Francisco— es también una práctica cuaresmal.


Comunicación e Iglesia: una frontera pendiente

Desde su experiencia como periodista, Cristóbal afirma que la Iglesia y los medios deben verse como aliados, no como rivales.

  • La Iglesia necesita aprender a comunicar mejor.
  • Los medios necesitan profundidad y no reducirlo todo a titulares.

Comunicar la fe exige tiempo, hondura y encuentro.


Vivir la Cuaresma acompañados

Para Cristóbal, el mayor peligro es vivir “como si Cristo no existiera”.

La Cuaresma es tiempo para recuperar la conciencia de que:

  • No todo depende de nosotros.
  • Dios actúa incluso en nuestros errores.
  • No caminamos solos.

La vida cristiana es una batalla acompañada:
con el Señor y con los hermanos.