Domingo XIII del Tiempo de Ordinario – Ciclo B

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Domingo XIII del Tiempo de Ordinario – Ciclo B

DIOS QUIERE LA VIDA

Muchas personas asocian la muerte con Dios, como si esta fuera algo ideado por Él para asustarnos o para hacernos caer un día en sus manos.

Dios sería un personaje siniestro que nos deja en libertad durante unos años, pero que nos espera al final en la oscuridad de esa muerte tan temida. Sin embargo, la tradición bíblica insiste una y otra vez en que Dios no quiere la muerte.

El ser humano, fruto del amor infinito de Dios, no ha sido pensado ni creado para terminar en la nada. La muerte no puede ser la intención última del proyecto de Dios sobre el hombre.

El ser humano sabe que morir es algo natural dentro del proceso biológico del viviente, pero, al mismo tiempo, se resiste a que esa muerte pueda ser su último destino.

La esperanza en una vida eterna se fue gestando lentamente en la tradición bíblica por la confianza total de su pueblo en la fidelidad de Dios. Si esperamos la vida eterna es sólo porque Dios es fiel a sí mismo y fiel a su proyecto. Jesús dijo que “Dios no es Dios de muertos, sino de vivos, porque para él todos están vivos”.

Dios quiere la vida del ser humano. Su proyecto va más allá de la muerte biológica. La fe del cristiano, iluminada por la resurrección de Cristo, está bien expresada por el salmista: No me entregarás a la muerte ni dejarás a tu amigo conocer la corrupción”. Dios está dispuesto a salvar de la destrucción al ser humano.

 

LECTURAS PARA LA EUCARISTÍA

 1ª LECTURA

Lectura del libro de la Sabiduría 1,13-15; 2,23-24

Dios no hizo la muerte ni goza destruyendo a los vivientes. Todo lo creó para que subsistiera; las criaturas del mundo son saludables: no hay en ellas veneno de muerte, ni el abismo impera en la Tierra. Porque la justicia es inmortal.

Dios creó al hombre para la inmortalidad y lo hizo a imagen de su propio ser; pero la muerte entró en el mundo por la envidia del diablo; y los de su partido pasarán por ella. Palabra de Dios

COMENTARIO A LA 1ª LECTURA

Dios no hizo la muerte ni se recrea en la destrucción de los vivientes, la muerte, sea física o espiritual, no proviene de Dios que creó al hombre para la inmortalidad y por eso lo hizo a imagen de su propio ser.

Dios es el amigo de la vida. Por eso ha creado al hombre para la vida: vida en plenitud, vida eterna, vida dichosa.

SALMO

Sal 29, 2 y 4. 5-6. 11 y 12a y 13b

R. Te ensalzaré, Señor, Porque Me ha librado

  • Te ensalzaré, Señor, porque me has librado

y no has dejado que mis enemigos se rían de mí.

Señor, sacaste mi vida del abismo,

me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa. R:

  • Tañed para el Señor, fieles suyos, dad gracias a su nombre santo;

su cólera dura un instante; su bondad, de por vida;

al atardecer nos visita el llanto; por la mañana, el júbilo.  R:

  • Escucha, Señor, y ten piedad de mí; Señor, socórreme.

Cambiaste mi luto en danzas.

Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre. R:

2ª LECTURA

Lectura de la 2ª carta de san Pablo a los Corintios 8,7-9. 13-15

Hermanos: Ya que sobresalís en todo: en la fe, en la palabra, en el conocimiento, en el empeño y en el cariño que nos tenéis, distinguíos también ahora por vuestra generosidad.

Porque ya sabéis lo generoso que fue nuestro Señor Jesucristo: siendo rico, se hizo pobre por vosotros para enriqueceros con su pobreza.

Pues no se trata de aliviar a otros, pasando vosotros estrecheces; se trata de igualar. En el momento actual, vuestra abundancia remedia la falta que ellos tienen; y un día, la abundancia de ellos remediará vuestra falta; así habrá igualdad.

Es lo que dice la Escritura: “Al que recogía mucho no le sobraba; y al que recogía poco no le faltaba.”

Palabra de Dios

COMENTARIO A LA 2ª LECTURA

El apóstol Pablo pide a los cristianos de la comunidad de Corinto que no se guarden para sí su fe que la compartan y la comuniquen y no sólo la fe sino también debían compartir sus bienes con quienes carecían de todo y esto por imperativo de la fe cristiana que profesaban.

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Marcos 5,21-43 

En aquel tiempo, Jesús atravesó de nuevo en barca a la otra orilla, se le reunió mucha gente a su alrededor, y se quedó junto al lago. Se acercó un jefe de la sinagoga, que se llamaba Jairo, y, al verlo, se echó a sus pies, rogándole con insistencia: “Mi niña está en las últimas; ven, pon las manos sobre ella, para que se cure y viva.”

Jesús se fue con él, acompañado de mucha gente [que lo apretujaba.
Había una mujer que padecía flujos de sangre desde hacía doce años. Muchos médicos la habían sometido a toda clase de tratamientos, y se había gastado en eso toda su fortuna; pero, en vez de mejorar, se había puesto peor.

Oyó hablar de Jesús y, acercándose por detrás, entre la gente, le tocó el manto, pensando que con sólo tocarle el vestido curaría. Inmediatamente se secó la fuente de sus hemorragias, y notó que su cuerpo estaba curado. Jesús, notando que había salido fuerza de él, se volvió en seguida, en medio de la gente, preguntando: “¿Quién me ha tocado el manto?” Los discípulos le contestaron: “Ves como te apretuja la gente y preguntas “¿Quién me ha tocado?”” Él seguía mirando alrededor, para ver quién había sido. La mujer se acercó asustada y temblorosa, al comprender lo que había pasado, se le echó a los pies y le confesó todo. Él le dijo: “Hija, tu fe te ha curado. Vete en paz y con salud.”

Todavía estaba hablando, cuando llegaron de casa del jefe de la sinagoga para decirle: “Tu hija se ha muerto. ¿Para qué molestar más al maestro?” Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la sinagoga: “No temas; basta que tengas fe.” No permitió que lo acompañara nadie, más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago.

Llegaron a casa del jefe de la sinagoga y encontró el alboroto de los que lloraban y se lamentaban a gritos. Entró y les dijo: “¿Qué estrépito y qué lloros son éstos? La niña no está muerta, está dormida.” Se reían de él. Pero él los echó fuera a todos y, con el padre y la madre de la niña y sus acompañantes, entró donde estaba la niña, la cogió de la mano y dijo: “Talitha qumi” (que significa: “Contigo hablo, niña, levántate”). La niña se puso en pie inmediatamente y echó a andar; tenía doce años. Y se quedaron viendo visiones. Les insistió en que nadie se enterase; y les dijo que dieran de comer a la niña.

Palabra de Dios

COMENTARIO AL EVANGELIO

Jesús, sanando a una mujer legalmente marginada por impura, resucitando a la hija de Jairo, nos revela su poder y al mismo tiempo con estos signos del Reino quieren resaltar el poder de la fe: una fe sencilla, pero firme y probada, una fe que es modélica para el cristiano.

 

PARA NUESTRA REFLEXIÓN PERSONAL

 

                                         REZAR CON SINCERIDAD            

A Dios no hay que confundirlo con cualquier cosa. Dios está más allá de nuestros sentimientos e ilusiones. No se identifica con las representaciones, símbolos o ritos creados por los hombres. El que reza no ha de caer en la trampa de «fabricarse» un Dios a su gusto y para su uso particular. Dios, por otra parte, no es una especie de «seguro» fácil que protege de la dureza de la vida. Es una equivocación alimentar la ilusión de un Dios que ofrece soluciones mágicas a los problemas del ser humano. Dios no se deja poseer ni manejar como un objeto más de consumo.

La oración verdadera dirigida a Dios nos debe ayudar a afrontar la dureza que muchas veces nos presenta la realidad cotidiana y, lo que es más importante, nos debe ayudar a tener un empeño constante en transformar esa realidad. Cuando una persona se va haciendo cada vez más huidiza ante los conflictos, más intolerante e intransigente con los otros, más encerrada en sus propios intereses y, en definitiva, más egoísta, su oración es puro «juego imaginativo». Invocar al Padre es hacerse hermano. Rezar al Dios del evangelio conduce a vivir evangélicamente. Orar a un Dios Amor es disponerse a amar responsablemente.

Jesús nos invita a tener total confianza y fe en Dios: «No temas; basta que tengas fe».

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