Evangelio del 2 de Septiembre – No puedo hacer mucho, pero…

Evangelio del día 2 de Septiembre con el Padre Guillermo Serra | Jueves de la vigésimo segunda semana del Tiempo ordinario

Disfruta cada día de la Palabra de Dios y compártela para que llegue a los corazones de tantos cristianos que necesitan este alimento diario.

EVANGELIO según San Lucas 5, 1-11 | PADRE GUILLERMO SERRA

En aquel tiempo, Jesús estaba a orillas del lago de Genesaret y la gente se agolpaba en torno suyo para oír la palabra de Dios.

Jesús vio dos barcas que estaban junto a la orilla. Los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes. Subió Jesús a una de las barcas, la de Simón, le pidió que la alejara un poco de tierra, y sentado en la barca, enseñaba a la multitud.

Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: “Lleva la barca mar adentro y echen sus redes para pescar”. Simón replicó: “Maestro, hemos trabajado toda la noche y no hemos pescado nada; pero, confiado en tu palabra echaré las redes”.

Así lo hizo y cogieron tal cantidad de pescados, que las redes se rompían. Entonces hicieron señas a sus compañeros, que estaban en la otra barca, para que vinieran a ayudarlos. Vinieron ellos y llenaron tanto las dos barcas, que casi se hundían.

Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús y le dijo: “¡Apártate de mí, Señor, porque soy un pecador!”

Porque tanto él como sus compañeros estaban llenos de asombro, al ver la pesca que habían conseguido. Lo mismo les pasaba a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón.

Entonces Jesús le dijo a Simón: “No temas; desde ahora serás pescador de hombres”. Luego llevaron las barcas a tierra, y dejándolo todo, lo siguieron.


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ORACIÓN del Ángelus por el Papa Francisco


No puedo hacer mucho, pero…

No puedo darte soluciones para todos
los problemas de la vida, ni tengo respuestas
para tus dudas o temores, pero puedo escucharte
y buscarlas junto a ti …

No puedo cambiar tu pasado ni tu futuro,
pero cuando me necesites estaré allí contigo.

No puedo evitar que tropieces, solamente puedo
ofrecerte mi mano para que te sujetes y no caigas.

Tus alegrías, tus triunfos y tus éxitos no son míos,
pero disfruto sinceramente cuando te veo feliz.

No juzgo las decisiones que tomas en la vida,
me limito a apoyarte, a estimularte y a ayudarte
si me lo pides.

No puedo evitar tus sufrimientos cuando alguna
pena te parta el corazón, pero puedo llorar contigo
y recoger los pedazos para armarlo de nuevo.

No puedo decirte quién eres, ni quién deberías ser,
solamente puedo quererte y ser tu amigo.

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