Evangelio del día 11 de junio

Hechos 11, 21 b-26; 13, 1-3 / Mateo 10, 7-13
Salmo responsorial Sal 97, 1-6
R/. “¡Canten al Señor un canto nuevo!”

Santoral:
San Bernabé, Santa Alicia, Santa María Rosa Molas,
Santa Paula Frassinetti y Beata María Schininá

SAN BERNABÉ
Apóstol
Era un hombre bondadoso,
lleno del Espíritu Santo y de mucha fe

Lectura de los Hechos de los apóstoles
11, 21 b-26; 13, 1-3

En aquellos días: Muchos creyeron y se convirtieron. Al enterarse de esto, la Iglesia de Jerusalén envió a Bernabé a Antioquía. Cuando llegó y vio la gracia que Dios les había concedido, él se alegró mucho y exhortaba a todos a permanecer fieles al Señor con un corazón firme. Bernabé era un hombre bondadoso, lleno del Espíritu Santo y de mucha fe. y una gran multitud adhirió al Señor.
Entonces Bernabé partió hacia Tarso en busca de Saulo, y cuando lo encontró, lo llevó a Antioquía. Ambos vivieron todo un año en esa Iglesia y enseñaron a mucha gente. Y fue en Antioquía, donde por primera vez los discípulos recibieron el nombre de «cristianos».
En la Iglesia de Antioquía había profetas y doctores, entre los cuales estaban Bernabé y Simeón, llamado el Negro, Lucio de Cirene, Manahén, amigo de infancia del tetrarca Herodes, y Saulo.
Un día, mientras celebraban el culto del Señor y ayunaban, el Espíritu Santo les dijo: «Reservadme a Saulo y a Bernabé para la obra a la cual los he llamado».
Ellos, después de haber ayunado y orado, les impusieron las manos y los despidieron.

Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL
97, 1-6

R.
¡Canten al Señor un canto nuevo!

Canten al Señor un canto nuevo,
porque Él hizo maravillas;
su mano derecha y su santo brazo
le obtuvieron la victoria. R.

El Señor manifestó su victoria,
reveló su justicia a los ojos de las naciones:
se acordó de su amor y su fidelidad
en favor del pueblo de Israel. R.

Los confines de la tierra han contemplado
el triunfo de nuestro Dios.
Aclame al Señor toda la tierra,
prorrumpan en cantos jubilosos. R.

EVANGELIO

Ustedes han recibido gratuitamente,
den también gratuitamente

a
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo
según san Mateo
10, 7-13

Jesús envió a sus doce apóstoles, diciéndoles: Por el camino, proclamen que el Reino de los Cielos está cerca. Sanen a los enfermos, resuciten a los muertos, purifiquen a los leprosos, expulsen a los demonios. Ustedes han recibido gratuitamente, den también gratuitamente. No lleven encima oro ni plata, ni monedas, ni provisiones para el camino, ni dos túnicas, ni calzado, ni bastón; porque el que trabaja merece su sustento.
Cuando entren en una ciudad o en un pueblo, busquen a alguna persona respetable y permanezcan en su casa hasta el momento de partir. Al entrar en la casa, salúdenla invocando la paz sobre ella. Si esa casa lo merece, que la paz descienda sobre ella; pero si es indigna, que esa paz vuelva a ustedes.

Palabra del Señor.

Reflexión

Mt 10,7-13: Id y proclamad que está llegando el Reino de los cielos.
La primera lectura narra el inicio de la comunidad cristiana en Antioquía, la cual jugará un papel decisivo en la expansión del cristianismo en la cuenca del Mediterráneo, tal como lo relatan los capítulos 13 y 14 de los Hechos de los Apóstoles. Cuando la Iglesia de Jerusalén se entera de la respuesta positiva de los habitantes de Antioquía frente al evangelio, enviaron a Bernabé, el cual es descrito como “ser humano justo y lleno del Espíritu Santo y fe” (Hch 11,24).
Bernabé es un “justo”, es decir, según el lenguaje teológico del Antiguo Testamento una persona íntegra y fiel a los mandamientos del Señor. Pero además es descrito como alguien “lleno del Espíritu Santo y fe”, con lo cual se le coloca en el ámbito de la nueva alianza presentándolo como alguien dócil a la acción de Dios en la obra de expansión del evangelio. El Espíritu Santo, en efecto, actuará eficazmente por mediación de Bernabé en la predicación del evangelio a los paganos.
Cuando Bernabé llega a Antioquía se llena de alegría “al ver lo que había realizado la gracia de Dios” (Hch 11,23). En los escritos lucanos, el gozo es una de las manifestaciones típicas de la presencia del Espíritu (Lc 1,47; 10,21). Particularmente importante es Lc 10,21, en donde se afirma el gozo de Jesús gracias al Espíritu Santo, cuando se entera de la obra realizada por sus discípulos. El relato de los Hechos añade que Bernabé, “exhortaba a todos para que se mantuvieran fieles al Señor” (Hch 11,23). Luego se describe el abundante fruto de la predicación y de la exhortación de este hombre “lleno de Espíritu Santo y fe”: “Una considerable multitud se unió al Señor” (Hch 11,24).
En el capítulo 10 del evangelio de Mateo se narra el envío de los Doce de parte de Jesús y se reúnen las instrucciones básicas para la misión evangelizadora: los destinatarios (Mt 10,5-6), el contenido (Mt 10,7-8), sus exigencias (Mt 10,9-10) y el modo cómo debe realizarse (Mt 10,11-13).
Jesús elige a “Doce” de entre los discípulos para continuar su obra. El número “doce” nos remite a las doce tribus de Israel. En el proyecto mesiánico de Jesús “los Doce” representan, por tanto, la raíz ideal del nuevo pueblo de Dios.
La misión de los “Doce” va destinada originariamente a “las ovejas perdidas de la casa de Israel” (10,6). A partir de Israel, la misión se va abriendo poco a poco a todas las gentes, lo cual acontece plenamente sólo después de la muerte y resurrección mediante la cual es constituido Mesías y Señor universal (Mt 28,18). Los Doce son enviados a las ovejas perdidas de la casa de Israel con la misión de convocar a los creyentes en la asamblea mesiánica definitiva.
Su programa misionero, descrito y estructurado a imagen de la misión histórica de Jesús, comprende dos momentos: el anuncio del Reino y la realización de los signos mesiánicos. Palabra y acción. Deberán anunciar que “está llegando el reino de los cielos” (10,7); es decir, tienen que proclamar que la justicia, la compasión y la solidaridad son una gracia y una realidad que hay que acoger como don de Dios para construir un proyecto nuevo de humanidad.
Por otra parte, están llamados a continuar realizando los gestos de liberación de Jesús en favor de los pobres, los enfermos y los marginados del mundo. Para esto, Jesús les hace partícipes de le plenitud de su “poder” mesiánico: “Les dio autoridad y poder para expulsar los espíritus inmundos y para curar toda clase de enfermedad y dolencias” (10,1).
La misión es camino. Exige moverse de un lugar a otro, avanzar, superar obstáculos y no dejarse vencer por el cansancio o el rechazo de los seres humanos. Los Apóstoles deben confiar absolutamente en la gracia que poseen y que anuncian. Esta es su mayor fuerza: no apoyarse en ninguna seguridad humana para anunciar el mensaje de Dios, ir desprovistos de todo, confiando sólo en la fuerza del mensaje que llevan y abandonados totalmente a la providencia divina (Mt 10,9-10).
Jesús les pide además que “cuando lleguen a algún pueblo, averigüen quién hay en él digno de recibirlos y se queden hasta que se vayan” (v. 11). Antes que dar, los evangelizadores deben estar dispuestos a recibir. Su pobreza no está sólo en el no poseer, sino en el depender de lo que los otros les ofrezcan. Aparecen como desprovistos de todo y necesitados de todo, cuando, en realidad, llevan consigo la mayor riqueza: el don del reino. De esta forma enseñan a los demás la actitud fundamental para acoger el don de Dios: la pobreza, la confianza y el abandono.

Servicio Bíblico Latinoamericano

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