Evangelio del día 27 de agosto – Ciclo C – Parábola de los talentos

Evangelio del día 27 de agosto – Ciclo C – Parábola de los talentos

1 Corintios 1, 26-31 / Mateo 25, 14-30

Salmo responsorial Sal 32, 12-13. 18-21
R/. “¡Feliz el pueblo que el Señor se eligió como herencia!”

 

Santoral:

Santa Mónica, San Guerín

y San Amadeo

 

¡Quiero tus gafas, Señor!

 

Para ver, en la pequeñez, aquello que dices,

que es grande al corazón

aunque, a los ojos, parezca miseria.

Para sentir que, tus  caminos, son alegría y vida,

esfuerzo y superación, valentía y salvación.

 

¡Quiero  tus gafas, Señor!

Para saber que, en la humildad,

está la escalera para llegarme hasta Ti

y, brindándome con empeño,

señale que tus senderos son futuro y fiesta,

abrazo y perdón, eternidad y  justicia.

Para comprender que, si sólo miro,

por las lentes del mundo,

me quedaré sin asomarme

a ese otro horizonte de paz y de esperanza,

de ilusión y de amor,

de hermandad y de fraternidad,

a los que me invita tu persona.

 

¡Quiero  tus gafas, Señor!

Para ver como Tú; perdón frente al odio.

Para ver como Tú; cielo después de la tierra.

Para ver como Tú; alegría antes que tristeza.

Para ver como Tú; humildad ante la soberbia.

Por eso, y por tantas cosas, Señor

quiero ver, sentir y caminar como Tú.

Con tus gafas del Evangelio, Señor.

 

P. Javier Leoz

 

 

 

Liturgia – Lecturas del día

 

 

Sábado

, 27 de Agosto de 2016

 

Dios eligió lo que el mundo tiene por débil

 

Lectura de la primera carta del Apóstol san Pablo

a los cristianos de Corinto

1, 26-31

 

Hermanos:

Tengan en cuenta quiénes son los que han sido llamados: no hay entre ustedes muchos sabios, hablando humanamente, ni son muchos los poderosos ni los nobles.

Al contrario, Dios eligió lo que el mundo tiene por necio, para confundir a los sabios; lo que el mundo tiene por débil, para confundir a los fuertes; lo que es vil y despreciable y lo que no vale nada, para aniquilar a lo que vale. Así, nadie podrá gloriarse delante de Dios.

Por Él, ustedes están unidos a Cristo Jesús, que por disposición de Dios, se convirtió para nosotros en sabiduría y justicia, en santificación y redención, a fin de que, como está escrito: “El que se gloría, que se gloríe en el Señor”.

 

Palabra de Dios.

 

 

SALMO RESPONSORIAL

32, 12-13. 18-21

 

R.

¡Feliz el pueblo que el Señor se eligió como herencia!

 

¡Feliz la nación cuyo Dios es el Señor,

el pueblo que Él se eligió como herencia!

El Señor observa desde el cielo

y contempla a todos los hombres. R.

 

Los ojos del Señor están fijos sobre sus fieles,

sobre los que esperan en su misericordia,

para librar sus vidas de la muerte

y sustentarlos en el tiempo de indigencia. R.

 

Nuestra alma espera en el Señor:

Él es nuestra ayuda y nuestro escudo.

Nuestro corazón se regocija en Él:

nosotros confiamos en su santo Nombre. R.

 

 

 

EVANGELIO

 

Respondiste fielmente en lo poco:

entra a participar del gozo de tu Señor

 

a

   Evangelio de nuestro Señor Jesucristo

según san Mateo

25, 14-30

 

Jesús dijo a sus discípulos esta parábola:

El Reino de los Cielos es como un hombre que, al salir de viaje, llamó a sus servidores y les confió sus bienes. A uno le dio cinco talentos, a otro dos, y uno solo a un tercero, a cada uno según su capacidad; y después partió.

En seguida, el que había recibido cinco talentos fue a negociar con ellos y ganó otros cinco. De la misma manera, el que recibió dos ganó otros dos; pero el que recibió uno solo hizo un pozo y enterró el dinero de su señor.

Después de un largo tiempo, llegó el señor y arregló las cuentas con sus servidores. El que había recibido los cinco talentos se adelantó y le presento otros cinco. «Señor, le dijo, me has confiado cinco talentos: aquí están los otros cinco que he ganado». «Está bien, servidor bueno y fiel, le dijo su señor; ya que respondiste fielmente en lo poco, te encargaré de mucho más: entra a participar del gozo de tu señor».

Llegó luego el que había recibido dos talentos y le dijo: «Señor, me has confiado dos talentos: aquí están los otros dos que he ganado». «Está bien, servidor bueno y fiel; y que respondiste fielmente en lo poco, te encargare de mucho mas: entra a participar del gozo de tu señor».

Llegó luego el que había recibido un solo talento. «Señor, le dijo, sé que eres un hombre exigente: cosechas donde no has sembrado y recoges donde no has esparcido. Por eso tuve miedo y fui a enterrar tu talento: ¡aquí tienes lo tuyo!» Pero el señor le respondió: «Servidor malo y perezoso, si sabías que cosecho donde no he sembrado y recojo donde no he esparcido, tendrías que haber colocado el dinero en el banco, y así, a mi regreso, lo hubiera recuperado con intereses. Quítenle el talento para dárselo al que tiene diez, porque a quien tiene, se le dará y tendrá de más, pero al que no tiene, se le quitará aun lo que tiene. Echen afuera, a las tinieblas, a este servidor inútil; allí habrá llanto y rechinar de dientes».

 

Palabra del Señor.

 

 

Reflexión

 

 

1Cor. 1, 26-31. ¿Qué tenemos que no hayamos recibido de Dios? Entre nosotros hay muchos que poseen grandes riquezas; muchos han adquirido títulos honoríficos en el estudio de la ciencia de Dios. Muchos podrían gloriarse de todo lo que tienen adquirido a base de grandes esfuerzos. No podemos condenar a quienes han avanzado y colaborado para que la ciencia sobre Dios sea cada vez más profundizada en aquello que el mismo Dios quiere decir a las nuevas generaciones. Sin embargo en medio de toda esta riqueza interior, nacida bajo la inspiración del Espíritu Santo, nadie puede vanagloriarse pensando que lo ha hecho por su propio esfuerzo y bajo su sola luz humana.

Estar a los pies de Jesús como discípulos para comprender sus palabras. Caminar tras las huellas de Jesús para hacer nuestra su entrega a favor de todos. Dar testimonio de nuestra fe no sólo con palabras eruditas sino con una vida en la que la Palabra de Dios se haya encarnado y nos haya convertido en siervos puestos al servicio de los pobres, de los ignorantes, de los humildes. Eso es lo que nos identificará como una Iglesia que esté al servicio humilde de todos, y que viva conforme a las enseñanzas y al ejemplo de Jesús, nuestro Dios y Señor, pues nuestra Comunidad, en su inmensa mayoría, sigue estando conformada por pobres, ignorantes y gente que muchos consideran como gente despreciable, pero a quienes Dios ha llamado para manifestarles el amor que les tiene siempre como un Padre a sus hijos.

 

Sal. 33 (32). Alegrémonos, pues el Señor se ha dignado escogernos para que formemos parte de su Pueblo Santo.

Él conoce a la humanidad entera; y conociéndonos hasta en lo más profundo de nuestro ser, no nos rechazó, sino que nos llamó para que le pertenezcamos eternamente.

Nosotros no sólo hemos de buscar al Señor para encontrar en Él comprensión y refugio. Lo hemos de buscar para vivir comprometidos en su amor y en sus enseñanzas.

Pongamos en el Señor nuestra esperanza y confianza. Pero también abramos ante Él nuestros oídos y nuestro corazón para que vivamos, ya no conforme a nuestras malas inclinaciones, sino conforme a su voluntad. Entonces seremos dignos de ser dichosos eternamente en su presencia.

 

Mt. 25, 14-30. El Señor nos ha confiado el Evangelio y la distribución de la gracia. Esto es algo que Él quiere que veamos como nuestro, de tal forma que no nos sintamos como sus trabajadores, sino como continuadores de la obra salvadora de su Hijo; pues, efectivamente, nosotros hemos sido hechos hijos en el Hijo.

A nosotros compete el esforzarnos para que la salvación llegue a más y más personas. No podemos pasarnos la vida sólo recibiendo y disfrutando de los dones de Dios de un modo personal. Él constituyó a su Iglesia como Misionera, enviada por Él a evangelizar al mundo entero, a iniciar el Reino de Dios entre nosotros ya desde ahora.

Al final Él sólo reconocerá como suyos, y hará pasar a tomar parte del gozo de su Señor a los que lleguen con las marcas del amor y de la entrega de su propio Hijo, entregado por nosotros.

Hoy venimos, a esta Celebración Eucarística, a tomar parte en la alegría de nuestro Señor. Venimos, no con las manos vacías. Traemos aquello que se ha convertido en el fruto de la Misión Evangelizadora que día a día va cumpliendo la Iglesia del Señor en el mundo y su historia.

Ojalá y no vengamos con el corazón amargado; sólo buscando al Señor por algún compromiso social, pero sin ganas de escuchar su Palabra y vivir comprometidos en la construcción de su Reino entre nosotros.

El Señor nos recibe con alegría, pero nuevamente nos enviará para que continuemos cumpliendo con la Misión que nos ha confiado. Que Él sea nuestra fortaleza. Que Él nos ayude, con la fuerza de su Espíritu, a ir amorosamente tras sus huellas.

¿Qué concepto tenemos de Dios? Ante los dones que de Él hemos recibido, ¿nos ponemos a trabajar, o nos infravaloramos y pensamos que los demás lo tienen todo, mientras nosotros fuimos creados y abandonados como una basura cualquiera? ¿Vagamos sin esfuerzo, sin esperanzas, sin fe y renegando de todo?

Dentro del Plan amoroso y salvador de Dios Él nos ha llamado para que colaboremos en la construcción de su Reino entre nosotros en la medida de la gracia recibida. No volvamos la mirada sólo hacia aquellos que desarrollan algún ministerio en la Iglesia. Todos somos responsables de hacer que el Evangelio se encarne en la humanidad entera. Especialmente los laicos, en un apostolado del semejante por el semejante, han de esforzarse para que la Buena Nueva de salvación se haga realidad en los diversos ambientes en que desarrollan sus actividades.

No nos conformemos con una vida de fe sólo manifestada en la oración y en el interior de los templos. Seamos testigos comprometidos del Señor ahí donde se desarrolla nuestra vida diaria.

Roguémosle al Señor que nos conceda, por intercesión de la Santísima Virgen María, nuestra Madre, la gracia de saber vivir totalmente comprometido con la fe que profesamos, lo cual nos ha de llevar a transmitir del Evangelio a toda la humanidad tanto con las palabras, como con las obras y la vida misma. Amén.

 

Homiliacatolica.com

 

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