Guión Domingo XVII del Tiempo ordinario

Guión Domingo XVII del Tiempo ordinario

XVII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO/CICLO C

28 DE JULIO DE 2019

¡¡ PADRENUESTRO !!

Del Padrenuestro se ha dicho que es la oración por excelencia, que es el mejor regalo que nos ha dejado Jesús, que es la invocación más sublime a Dios. Sin embargo, repetida una y otra vez por los cristianos puede convertirse en rezo rutinario, palabras que se repiten mecá­nicamente sin elevar el corazón a Dios. Por eso es bueno que nos detengamos de vez en cuando a re­flexionar sobre esta oración en la que se encierra toda la vida de Jesús. Pronto nos daremos cuenta de que solo la podemos rezar si vivimos con su Espíritu.

«Padre nuestro». Es el primer grito que brota del corazón hu­mano cuando vive habitado por una confianza plena en su amor creador. Una invocación que nos arraiga en la fraternidad universal y nos hace responsables ante todos los demás.

«Santificado sea tu Nombre». Con esta primera súplica le pedimos a Dios nuestro Señor que su «nombre», es decir, su misterio insonda­ble, su amor y su fuerza salvadora se manifiesten en toda su glo­ria y su poder y esto dicho desde nuestro compromiso de colaborar con nuestra propia vida a esa aspira­ción de Jesús.

«Venga tu reino». Pedimos a Dios que sea Él y su justicia quienes reinen en el mundo y no los poderosos sobre los débiles, pedimos a Dios que se adueñe del mundo la verdad, que se abran caminos a la paz, al perdón y a la verdadera liberación.

«Hágase tu voluntad». Que no encuentre tanto obstáculo y re­sistencia en nosotros hacer lo que Dios quiere, que estemos atentos a la lla­mada de Dios que nos invita constantemente a que trabajemos por la verdadera salvación del mundo.   

«Danos el pan de cada día». El pan y lo que necesitamos para vivir de manera digna, no solo nosotros, sino todos los hombres y mujeres de la Tierra y esto dicho desde la voluntad de compar­tir más lo nuestro con los necesitados.

«Perdónanos». El mundo necesita el perdón de Dios. Los seres humanos solo podemos vivir pidiendo perdón y perdonando. Quien renuncia a la venganza desde una actitud abierta al perdón se asemeja a Dios, el Padre bueno y perdonador.

«No nos dejes caer en la tentación» de abandonar a Dios, olvidar el Evangelio de Jesús y seguir un camino errado.

LECTURAS PARA LA EUCARISTÍA

1ª LECTURA

Lectura del libro del Génesis 18,20-32 
En aquellos días, el Señor dijo: 
– La acusación contra Sodoma y Gomorra es fuerte y su pecado es grave: voy a bajar, a ver si realmente sus acciones responden a la acusación; y si no, lo sabré. 
Los hombres se volvieron y se dirigieron a Sodoma, mientras el Señor seguía en compañía de Abrahán. 
Entonces Abrahán se acercó y dijo a Dios: 
– ¿Es que vas a destruir al inocente con el culpable? Si hay cincuenta inocentes en la ciudad, ¿los destruirás y no perdonarás al lugar por los cincuenta inocentes que hay en él? ¡Lejos de ti tal cosa!, matar al inocente con el culpable, de modo que la suerte del inocente sea como la del culpable; ¡lejos de ti! El juez de todo el mundo ¿no hará justicia? 
El Señor contestó: 
– Si encuentro en la ciudad de Sodoma cincuenta inocentes, perdonaré a toda la ciudad en atención a ellos. 
Abrahán respondió: 
– Me he atrevido a hablar a mi Señor, yo que soy polvo y ceniza. Si faltan cinco para el número de cincuenta inocentes, ¿destruirás, por cinco, toda la ciudad? 
Respondió el Señor: 
– No la destruiré, si es que encuentro allí cuarenta y cinco. 
Abrahán insistió: 
– Quizá no se encuentren más que cuarenta. 
– En atención a los cuarenta, no lo haré. 
Abrahán siguió hablando: 
– Que no se enfade mi Señor si sigo hablando. ¿Y si se encuentran treinta? 
– No lo haré, si encuentro allí treinta. 
Insistió Abrahán: 
– Me he atrevido a hablar a mi Señor, ¿y si se encuentran veinte? 
Respondió el Señor: 
– En atención a los veinte no la destruiré. 
Abrahán continuó: 
– Que no se enfade mi Señor si hablo una vez más. ¿Y si se encuentran diez? 
Contestó el Señor: 
– En atención a los diez no la destruiré. Palabra de Dios.

  COMENTARIO A LA 1ª LECTURA      El diálogo entre Abrahán, humilde y a la vez audaz, y Dios manifiesta la justicia del Señor y el poder de la oración. Dios no castiga a todos por el pecado de algunos, sino que salva y perdona a todos por la bondad y fidelidad de algunos, porque la justicia del Dios de la Biblia se manifiesta, no en el castigo de los culpables, sino en el perdón por amor de los inocentes. Así se ve que la actitud de Dios es “salvadora” y no “punitiva”.        

Sal 137, 1-2a. 2bc-3. 6-7ab. 7c-8 
R. Cuando te invoqué, Señor, me escuchaste.
 

  •  
    delante de los ángeles tañeré para ti, 
    me postraré hacia tu santuario. R:
  •  por tu misericordia y tu lealtad, 
    porque tu promesa supera a tu fama. 
    Cuando te invoqué, me escuchaste, acreciste el valor en mi alma. R:
  •  
    y de lejos conoce al soberbio. 
    Cuando camino entre peligros, me conservas la vida. R:
  •  
    y tu derecha me salva. 
    El Señor completará sus favores conmigo: 
    Señor, tu misericordia es eterna, 
    no abandones la obra de tus manos. R:

2ª LECTURA

De la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses 2,12-14 
Hermanos: 
Por el bautismo fuisteis sepultados con Cristo y habéis resucitado con él, porque habéis creído en la fuerza de Dios que lo resucitó. Estabais muertos por vuestros pecados, porque no estabais circuncidados; pero Dios os dio vida en Cristo, perdonándoos todos los pecados. Borró el protocolo que nos condenaba con sus cláusulas y era contrario a nosotros; lo quitó de en medio, clavándolo en la cruz. Palabra de Dios.  

COMENTARIO A LA 2ª LECTURA

      El apóstol Pablo les dice a los cristianos de Colosas y nos dice a nosotros que todos hemos sido salvados, porque nuestro pecado ha sido perdonado por la muerte de Cristo Jesús. El que ha sido bautizado en nombre de Cristo, ha alcanzado la “nueva vida de Dios”, porque ha sido perdonado de todos sus pecados.

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Lucas 11,1-13 
Una vez que estaba Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: 
– Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos. 
Él les dijo: 
– Cuando oréis, decid: «Padre, santificado sea tu nombre, venga tu reino, danos cada día nuestro pan del mañana, perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe algo, y no nos dejes caer en la tentación». 
Y les dijo: 
– Si alguno de vosotros tiene un amigo y viene durante la medianoche para decirle: «Amigo, préstame tres panes, pues uno de mis amigos ha venido de viaje y no tengo nada que ofrecerle». Y, desde dentro, el otro le responde: «No me molestes; la puerta está cerrada; mis niños y yo estamos acostados: no puedo levantarme para dártelos». Si el otro insiste llamando, yo os digo que, si no se levanta y se los da por ser amigo suyo, al menos por la importunidad se levantará y le dará cuanto necesite. 
Pues así os digo a vosotros: pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá; porque quien pide recibe, quien busca halla, y al que llama se le abre. 
¿Qué padre entre vosotros, cuando el hijo le pide pan, le dará una piedra? 
¿O si le pide un pez, le dará una serpiente? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión? 
Si vosotros, pues, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo piden? Palabra del Señor.  

COMENTARIO AL EVANGELIO

    El evangelista Lucas presenta a Jesús en oración y a sus discípulos pidiéndole que les enseñe a orar, es decir, a hablar con Dios, a dialogar con Él, a confiar en Él, a darle gracias, a pedirle ayuda y rogarle que venga su Reino y se haga su voluntad.    

PARA NUESTRA REFLEXIÓN PERSONAL

ORAR COMO DIOS MANDA

      Orar es ponerse a disposición de Dios y no sólo pedir, la mayoría de las veces  beneficios temporales, con plegarias, promesas y votos: Tú me concedes a cambio de…

      Orar no es pedir que Dios se ponga a nuestra disposición sino ponernos nosotros a disposición de Dios. La gran plegaria que hemos de hacer es la de Jesús: “Padre, que no se haga mi voluntad sino la tuya”. Él nos enseñó a orar: “Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo”. Nuestra oración ha de ser siempre condicionada como la de Jesús: “Padre, que pase de mí este cáliz, pero que no se haga mi voluntad sino la tuya”

       Cuando elevamos nuestra oración al Padre nunca nos vamos con las manos vacías. El don supremo que nos puede conceder Dios es fuerza para realizar su voluntad en nuestra vida. Es mucho más importante que nos conceda la gracia de hacer su voluntad que el que Él haga la nuestra.

        La oración bien hecha es salida de uno mismo para ponerse en las manos de Dios y esto eleva el espíritu. Siempre saldremos reanimados de la oración.