Guión para el Domingo de Resurrección

¡¡ JESÚS VIVE !!

¡Jesús vive! Dios no ha permitido que la muerte tuviera poder sobre Él y por eso lo resucitó. Sabemos que es verdad todo lo que nos ha dicho de Dios: que es un Padre fiel que nos ama más allá de la muerte y que no nos defraudará. Sabemos que Dios es amigo de una vida más justa y dichosa para todos.

Sabemos que Dios hace triunfar la vida sobre la muerte, el bien sobre el mal, la verdad sobre la mentira, el amor sobre el odio, por eso los seguidores de Jesús seguiremos luchando contra el mal, la mentira y el odio, buscaremos siempre el reino de Dios y su justicia.

Sabemos que Dios se identifica con los crucificados, nunca con los verdugos, por eso Jesús siempre estaba con los dolientes y defendía tanto a los pobres, a los hambrientos y a los despreciados. Los seguidores del resucitado también tenemos que defender a los más débiles y vulnerables, a los maltratados por la sociedad y olvidados por la religión. Jesús nos invita a seguirle hasta el final cargando cada día con la cruz. Jesús vive para siempre y se hace presente en medio de nosotros cuando nos reunimos dos o tres en su nombre.

No estamos solos, Él nos acompaña mientras caminamos hacia el Padre. Estará con nosotros hasta el final de los tiempos.

LECTURAS PARA LA EUCARISTÍA

1ª LECTURA

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 10, 34a, 37-43

En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo:
Conocéis lo que sucedió en el país de los judíos, cuando Juan predicaba el bautismo, aunque la cosa empezó en Galilea. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.
Nosotros somos testigos de todo lo que hizo en Judea y en Jerusalén. Lo mataron colgándolo de un madero. Pero Dios lo resucitó al tercer día y nos lo hizo ver, no a todo el pueblo, sino a los testigos que él había designado: a nosotros, que hemos comido y bebido con él después de su resurrección.
Nos encargó predicar al pueblo, dando solemne testimonio de que Dios lo ha nombrado juez de vivos y muertos. El testimonio de los profetas es unánime: que los que creen en él reciben, por su nombre, el perdón de los pecados. Palabra de Dios.

COMENTARIO A LA 1ª LECTURA

El Apóstol Pedro proclama el núcleo central de la fe: Cristo ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo pasó haciendo el bien y murió en la Cruz, pero Dios lo resucito y ellos eran testigos. Jesús les dio el encargo de predicar lo que Él les había dicho.

R. Éste es el día en que actuó el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo.

• Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia.
Diga la casa de Israel: eterna es su misericordia. R:
• La diestra del Señor es poderosa, la diestra del Señor es excelsa.
No he de morir, viviré para contar las hazañas del Señor. R:
• La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente. R:

2ª LECTURA

Lectura de la carta del apóstol S. Pablo a los Colosenses 3, 1-4

Hermanos:
Ya que habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo, sentado a la derecha de Dios; aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra.
Porque habéis muerto, y vuestra vida está con Cristo escondida en Dios. Cuando aparezca Cristo, vida nuestra, entonces también vosotros apareceréis, juntamente con él, en gloria. Palabra de Dios

COMENTARIO A LA 2ª LECTURA

El apóstol Pablo dice a los cristianos de Colosas y también nos dice a los cristianos del siglo XXI que puesto que hemos resucitado con Cristo debemos buscar vivir como Cristo vivió, es decir, en el amor y así estaremos ya resucitados con Él en esta vida.

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según S. Juan 20,1-9

El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro. Echó a correr y fue donde estaba Simón Pedro y el otro discípulo, a quien tanto quería Jesús, y les dijo:
Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto.
Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; y, asomándose, vio las vendas en el suelo; pero no entró. Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio las vendas en el suelo y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no por el suelo con las vendas, sino enrollado en un sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó. Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos. Palabra de Dios

COMENTARIO AL EVANGELIO

El testimonio de los primeros testigos de la Resurrección, prolongado durante siglos, es el hilo conductor que nos une al Resucitado. De ahí, la importancia decisiva que tiene para los creyentes en Jesucristo mantenerse fieles y perseverar, sin desalientos, en la fe de quienes vivieron aquellas primeras experiencias de Jesús como el Viviente, que supera la fuerza inevitable de destrucción y de aniquilación que es la muerte.

PARA NUESTRA REFLEXIÓN PERSONAL

LAS CICATRICES DEL RESUCITADO

Para los discípulos de Jesús la resurrección es la respuesta de Dios a la acción injusta de quienes han querido callar para siempre su voz y anular de raíz su proyecto de un mundo más justo. No lo hemos de olvidar jamás.

En el corazón de nuestra fe hay un crucificado al que Dios le ha dado la razón. En el centro mismo de la Iglesia hay una víctima a la que Dios ha hecho justicia. Una vida “crucificada”, pero motivada y vivida con el espíritu de Jesús, no terminará en fracaso sino en resurrección.

Esto cambia totalmente el sentido de nuestros esfuerzos, penas, trabajos y sufrimientos por un mundo más humano y una vida más dichosa para todos. Vivir pensando en los que sufren, estar cerca de los más desvalidos, echar una mano a los indefensos… seguir los pasos de Jesús no es algo absurdo. Es caminar hacia el Misterio de un Dios que resucitará para siempre nuestras vidas.

Las injusticias, rechazos o incomprensiones que podamos sufrir, nuestras heridas de hoy, son heridas que un día cicatrizarán para siempre. Poco a poco hemos de ir aprendiendo a no quejarnos tanto, a no vivir siempre lamentándonos del mal que hay en el mundo y en la Iglesia, a no sentirnos siempre víctimas de los demás.

¿Por qué no podemos vivir como Jesús, diciendo: “Nadie me quita la vida, sino que soy yo quien la doy” Seguir al crucificado hasta compartir con Él la resurrección es, en definitiva, aprender a “dar la vida”, el tiempo, nuestras fuerzas y tal vez nuestra salud por amor.

No nos faltarán heridas, cansancio y fatigas. Una esperanza nos sostiene: Un día “Dios enjugará las lágrimas de nuestros ojos, y no habrá ya muerte ni habrá llanto, ni gritos ni fatigas, porque todo este mundo viejo habrá pasado”.

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