🔹 INTRODUCCIÓN
La historia de la Iglesia está llena de encuentros providenciales, pero pocos tan luminosos como la relación entre el Papa San Juan Pablo II y Santa Teresa de Calcuta. Dos gigantes de la fe del siglo XX que, desde vocaciones distintas, compartieron una misma pasión: amar a Cristo sirviendo a los más pobres y olvidados.
Su amistad fue discreta, profunda y sostenida por la oración, la confianza mutua y la certeza de que Dios actúa en lo pequeño.
🔹 Vídeo – San Juan Pablo II y Santa Teresa de Calcuta
Te invitamos a ver este vídeo que profundiza en la relación espiritual y humana entre el Papa San Juan Pablo II y Santa Teresa de Calcuta:
👉 Ver el vídeo aquí:
Un recurso valioso para conocer mejor esta amistad santa y dejarte inspirar por su ejemplo.
Dos caminos, un mismo amor
San Juan Pablo II, pastor universal de la Iglesia, y Santa Teresa de Calcuta, humilde misionera entre los más pobres, parecían recorrer caminos muy distintos. Sin embargo, ambos estaban unidos por:
- una fe inquebrantable
- una intensa vida de oración
- un amor radical a Cristo
Para los dos, servir a los pobres era tocar la carne de Cristo.
El Papa que reconoció una santa
Desde el inicio de su pontificado, Juan Pablo II reconoció en Madre Teresa un auténtico signo del Evangelio vivido. La apoyó, la escuchó y valoró profundamente su testimonio.
Fue él quien:
- la animó en su misión
- aprobó y respaldó su obra
- presidió su funeral en 1997
En la homilía, el Papa habló de ella como una luz encendida en la oscuridad del mundo.
Una amistad marcada por la oración
Más allá de los encuentros públicos, la relación entre ambos estuvo profundamente sostenida por la oración.
Santa Teresa rezaba intensamente por el Papa, y Juan Pablo II confiaba en su intercesión.
Esta amistad nos recuerda que:
- la santidad une más allá de los cargos
- la oración sostiene la misión
- los grandes cambios nacen del silencio con Dios
Amor a los pobres, centro del Evangelio
Tanto Juan Pablo II como Teresa de Calcuta insistieron en que el amor a los pobres no es opcional, sino el corazón del Evangelio.
Para ellos:
- cada persona tiene una dignidad infinita
- los más pobres revelan el rostro de Cristo
- la Iglesia debe ser madre y servidora
Su relación fue un testimonio vivo de esta verdad.
La relación entre San Juan Pablo II y Santa Teresa de Calcuta nos recuerda que la santidad no se vive en soledad, sino en comunión, servicio y amor concreto.
Dos santos, dos vocaciones, un mismo Evangelio vivido hasta el extremo.
Que su ejemplo nos anime a:
- vivir una fe más auténtica
- amar sin condiciones
- servir a Cristo en los más necesitados