La indignación del Jesús – Reflexiones cristianas

La indignación del Jesús – Reflexiones cristianas

LA INDIGNACIÓN DE JESÚS

Jesús con sus discípulos sube a Jerusalén para celebrar las fiestas de Pascua. Al asomarse al recinto que rodea el Templo, se encuentra con un espectáculo inesperado: vendedores de bueyes, ovejas y palomas para los sacrificios, cambistas traficando con el cambio de las monedas paganas por la única moneda oficial aceptada por los sacerdotes.

Jesús al ver todo esto se llena de indignación y, según cuenta el evangelista, con un látigo saca del recinto sagrado a los animales, vuelca las mesas de los cambistas echando por tierra sus monedas, al tiempo que grita: «No convirtáis en un mercado la casa de mi Padre».

Lo que ve Jesús nada tiene que ver con el verdadero culto a su Padre. La religión del Templo se ha convertido en un negocio para los sacerdotes y donde los peregrinos tratan de “comprar” a Dios con sus ofrendas. Jesús recuerda las palabras del profeta Oseas: «Así dice Dios: Yo quiero amor y no sacrificios».

Para Jesús su Padre Dios no puede ser el protector y encubridor de una religión tejida de intereses y egoísmos, porque Dios es un Padre al que solo se puede dar culto trabajando por una comunidad humana más solidaria y fraterna.

Casi sin darnos cuenta, todos nos podemos convertir hoy en “vendedores y cambistas” que no sabemos vivir sino buscando solo nuestro propio interés. Estamos convirtiendo el mundo en un gran mercado donde todo se compra y se vende, y corremos el riesgo de vivir incluso la relación con el Misterio de Dios de manera mercantil.

Hemos de hacer de nuestras comunidades cristianas un espacio donde todos nos podamos sentir en la «casa del Padre». Una casa acogedora y cálida donde a nadie se le cierran las puertas, donde a nadie se excluye ni discrimina. Una casa donde aprendemos a escuchar el sufrimiento de los hijos más desvalidos de Dios y no solo nuestro propio interés. Una casa donde podemos invocar a Dios como Padre porque nos sentimos sus hijos y buscamos vivir como hermanos.