Las cosas no son siempre lo que parecen

Las cosas no son siempre lo que parecen

       El mensaje de la parábola del padre que le pide a sus dos hijos que vayan a trabajar a su viña, la respuesta que cada uno le da y al final cómo actúa cada uno es claro y fuera de toda discusión.

Ante Dios, lo importante no es “hablar” sino hacer; lo decisivo no es prometer o confesar, sino cumplir su voluntad. Las palabras de Jesús no tienen nada de original.

Lo original de Jesús es lo que les dice a los dirigentes religiosos de aquella sociedad: “Os aseguro: los publicanos y las prostitutas os llevan la delantera en el camino del reino de Dios”.

       Los escribas hablan constantemente de la ley, el nombre de Dios está siempre en sus labios, los sacerdotes del templo alaban a Dios sin descanso, sin embargo, están aferrados al cumplimiento de la ley y no conocen lo que es la misericordia.

Para Jesús, los despreciados por todos están más cerca de Dios por tener un corazón más abierto a Dios y más necesitado de su perdón, son menos orgullosos y prepotentes que los escribas y los sumos sacerdotes.       

Los cristianos quizás hemos llenado de palabras muy hermosas nuestra historia de veinte siglos, hemos construido sistemas impresionantes que recogen la doctrina cristiana con profundos conceptos, sin embargo, hoy y siempre, la verdadera voluntad del Padre la hacen aquellos que traducen en hechos el evangelio de Jesús y aquellos que se abren con sencillez y confianza a su perdón.

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