Lecturas diarias – 30 de Noviembre – Olvida el ayer

Lecturas diarias – 30 de Noviembre – Olvida el ayer

Olvida el ayer

Recordar los malos ratos del pasado
no aporta nada positivo al presente.

¿Por qué detenerse en el pasado
si lo que importa es el futuro?
El espejo retrovisor del automóvil
te muestra el camino recorrido y sirve
únicamente de aviso para ver
los vehículos que te piden el paso
y que podrían poner en peligro
tu propio viaje.

El pasado sirve de base al presente,
como los muros del primer piso que hoy
sostienen la azotea de mañana.

Quien está en el primer piso quiere
sencillamente subir a la terraza y no
detenerse escarbando en los cimientos
de la casa porque encontraría sólo alacranes.

Sube y contempla las estrellas
que te muestran los caminos del futuro
y deja que la animalidad se pierda entre
los terrenos del suelo húmedo y frío.

No vuelvas al pasado que se ha ido
y no regresará jamás. Si regresara sería
un gran impedimento para tu progreso.

Lo que pasó, pasó. La vida pasada
te dejó experiencias y conocimientos
que tendrías que aprovechar.

El estudiante experimenta en el laboratorio
con instrumentos de química. Al salir del aula
se lleva los conocimientos y deja las probetas
y elementos porque ya no le sirven.

¿Qué ganamos con recordar errores,
cuyas consecuencias nos hacen sufrir,
si ya es imposible corregirlos
y su recuerdo constante puede
arruinar nuestro camino?
Por eso, no vuelvas al pasado
y mira hacia el porvenir.

No remuevas la tierra con la azada
y planta frutales que mañana
te abriguen y alimenten.

Olvida el ayer y orienta el corazón
hacia mañana. Cuando el hoy despuntó
con la aurora del nuevo día, el ayer
había concluido. Táchalo en la hoja
de tu vida.

Prepara tus lecciones para el examen
de mañana porque en el examen de ayer
fuiste aprobado con notas demasiados bajas.

Levántate y camina hacia lo alto y hacia
adelante, dejando que los muertos en espíritu
entierren a sus muertos. (Mateo 8,22)

Camino hacia Belén con el Padre Guillermo Serra

Liturgia – Lecturas del día

SAN ANDRES, APOSTOL
Fiesta

La fe nace de la predicación
y la predicación se realiza en
virtud de la palabra de Cristo
Lectura de la carta del apóstol san Pablo
a los cristianos de Roma
10, 9-18

Hermanos:
Si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor y crees en tu corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos, serás salvado. Con el corazón se cree para alcanzar la justicia, y con la boca se confiesa para obtener la salvación. Así lo afirma la Escritura: «El que cree en él no quedará confundido».

Porque no hay distinción entre judíos y los que no lo son: todos tienen el mismo Señor, que colma de bienes a quienes lo invocan. Ya que todo el que invoque el nombre del Señor se salvará.

Pero, ¿cómo invocarlo sin creer en él? ¿Y cómo creer, sin haber oído hablar de él? ¿Y cómo oír hablar de él, si nadie lo predica? ¿Y quiénes predicarán, si no se les envía? Como dice la Escritura: «¡Qué hermosos son los pasos de los que anuncian buenas noticias!»
Pero no todos aceptan el Evangelio. Así lo dice Isaías: «Señor, ¿quién creyó en nuestra predicación?» La fe, por lo tanto, nace de la predicación y la predicación se realiza en virtud de la palabra de Cristo.

Yo me pregunto: ¿Acaso no la han oído? Sí, por supuesto: «Por toda la tierra se extiende su voz, y sus palabras llegan hasta los confines del mundo».

Palabra de Dios.

ORACIÓN para el ADVIENTO

SALMO RESPONSORIAL 18, 2-3. 4-5

R. Resuena su eco por toda la tierra.

El cielo proclama la gloria de Dios
y el firmamento anuncia la obra de sus manos:
un día transmite al otro este mensaje
y las noches se van dando la noticia. R.

Sin hablar, sin pronunciar palabras,
sin que se escuche su voz,
resuena su eco por toda la tierra,
y su lenguaje, hasta los confines del mundo. R.

EVANGELIO

Inmediatamente, ellos dejaron las redes y lo siguieron

a Evangelio de nuestro Señor Jesucristo
según san Mateo
4, 18-22

En aquel tiempo:
Mientras caminaba a orillas del mar de Galilea, Jesús vio a dos hermanos: a Simón, llamado Pedro, y a su hermano Andrés, que echaban las redes al mar, porque eran pescadores. Entonces les dijo: «Síganme, y yo los haré pescadores de hombres».

Inmediatamente, ellos dejaron las redes y lo siguieron. Continuando su camino, vio a otros dos hermanos: a Santiago, hijo de Zebedeo, ya su hermano Juan, que estaban en la barca con Zebedeo, su padre, arreglando las redes; y Jesús los llamó.

Inmediatamente, ellos dejaron la barca -y a su padre, y lo siguieron.

Palabra del Señor.

Reflexión

Rom. 10, 9-18. El acontecimiento salvífico de la Resurrección de Cristo nos hace comprender el Poder que tiene Dios para iniciar una nueva creación, pues aun cuando hayamos sido los más grandes pecadores, Dios nos llama para que participemos de su misma Vida y de su mismo Espíritu.

Pero para que eso se haga realidad en nosotros es necesario que aceptemos en la fe el Don de Dios, pues de nada sirve que confesemos con los labios la fe que sólo haya anidado en nuestra mente, mientras la Palabra de Dios no haya descendido a nuestro corazón, ni haya movido nuestra voluntad para ponernos en camino como criaturas renovadas en Cristo, y no sólo como meros parlanchines, tal vez muy eruditos, de las cosas de la fe.

Y el Señor nos llama a todos para que vivamos y vayamos tras sus huellas. Por eso la Palabra de Dios no sólo ha de ser estudiada a profundidad por nosotros, sino que ha de ser escuchada por quienes hemos sido llamados a vivir como discípulos fieles del Señor para dar testimonio, con las obras, de la fe que hemos depositado en Cristo.

Así, a través nuestro, que nos gloriamos de ser la Iglesia del Señor, ha de resonar por toda la tierra el mensaje de Salvación, ciertamente con nuestras palabras, pero sobre todo con nuestras obras, con nuestro testimonio, de tal forma que, viendo los demás nuestras buenas obras, glorifiquen a nuestro Padre Dios, que está en los cielos.

Sal. 19 (18). Los cielos proclaman la Gloria de Dios. Ese Dios que ha descendido a la tierra para anunciarnos, más aún, para manifestarnos el gran amor que Él nos tiene.
Y por ese su amor hacia nosotros el mismo Dios Encarnado ha querido convertirse en camino, en el único Camino que nos conduce al Padre, para que lleguemos a ser tan perfectos como Él.

Y es el amor, como única Ley, la que desde el cielo ha brillado para nosotros.
Los que nos gloriamos de creer en Cristo Jesús, y de ser, en Él, hijos de Dios, hemos de continuar proclamando el amor de Dios a toda creatura, a través de toda la historia de nuestro mundo.

Y tal vez no pronunciemos palabra alguna; sin embargo nuestra vida justa, cercana a quienes padecen enfermedades, pobrezas, desilusiones; y nuestra lucha por erradicar todos esos males, y trabajando esforzadamente para que todos vuelvan al camino del bien y se salven por su fe en Cristo Jesús, será la mejor forma de conducir a nuestros hermanos al conocimiento de Aquel que ha sido enviado como Evangelio viviente de salvación para todos los pueblos.

Y esta Misión que el Señor confió a sus apóstoles, la Iglesia continúa cumpliéndola a través del tiempo, pues no nos llamó el Señor para que vivamos de un modo cobarde nuestra fe, sino para que continuemos, con valentía, su obra en el mundo.
¿En verdad el Evangelio resuena por toda la tierra, y lo hará hasta el fin del mundo? Ojalá y no defraudemos la confianza que el Señor nos ha tenido.

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