Lecturas diarias: 5 de Julio – Yo soy tu única riqueza

Lecturas diarias: 5 de Julio – Yo soy tu única riqueza

Yo soy tu única riqueza,
la que dura para siempre,
el que colma plenamente
el que llena tu pobreza.

Soy el tesoro escondido
en el campo de tu vida,
soy la alegría perdida
cuando quedo en el olvido.

Yo soy la perla preciosa,
por la que vale la pena
todo afán y toda pena
y dejar todas las cosas.

Pues rico es el que me encuentra,
el cofre que me cobija,
rico será el que me elija
llevando su cruz a cuestas.

Yo seré para él el todo
la fuente de su consuelo,
el ansia de su desvelo,
su riqueza y su tesoro.

La plenitud de sus días,
la paz que embarga su alma,
la serenidad, la calma,
la dicha que peregrina.

La saciedad del deseo
de un Amor que no se apaga,
el vino añejo que embriaga,
la sed de Amor verdadero.

Yo soy tu única riqueza,
el que colma tus entrañas,
aquel que nunca te engaña,
la esencia de tu grandeza.

El que te promete un reino
que trasciende el universo,
y te enamora en un verso
que sabe de Amor eterno.

Soy tu camino y tu meta,
la posesión de tu historia,
la esperanza en tu memoria,
y la paz que te deleita.

Soy por quien vale la pena
perderlo todo y perderse,
basta sólo convencerse
de que soy la Vida plena.

Evangelio del día 5 de julio – Ciclo B con el Padre Guillermo Serra

Disfruta cada día de la Palabra de Dios y compártela para que llegue a los corazones de tantos cristianos que necesitan este alimento diario.

Evangelio según San Mateo 9, 18-26

En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba, se le acercó un jefe de la sinagoga, se postró ante él y le dijo: “Señor, mi hija acaba de morir; pero ven tú a imponerle las manos y volverá a vivir”.

Jesús se levantó y lo siguió, acompañado de sus discípulos. Entonces, una mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce años, se le acercó por detrás y le tocó la orilla del manto, pues pensaba: “Con sólo tocar su manto, me curaré”.

Jesús, volviéndose, la miró y le dijo: “Hija, ten confianza; tu fe te ha curado”. Y en aquel mismo instante quedó curada la mujer.

Cuando llegó a la casa del jefe de la sinagoga, vio Jesús a los flautistas, y el tumulto de la gente y les dijo: “Retírense de aquí.

La niña no está muerta; está dormida”. Y todos se burlaban de él. En cuanto hicieron salir a la gente, entró Jesús, tomó a la niña de la mano y ésta se levantó. La noticia se difundió por toda aquella región.


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