5 de Julio – No hay respuestas… – Tiempo ordinario

5 de Julio – No hay respuestas… – Tiempo ordinario

Hay momentos en la vida
que no tienen respuesta ni explicación;
sucesos, acontecimientos,
experiencias vividas,
tantas cosas que no sabemos
por qué suceden o por qué las debemos vivir.

Muchas veces nos quedamos estancados
buscando las respuestas y no avanzamos,
porque nos da miedo continuar
en medio de la incertidumbre
que nos produce el no entender
y no aceptar esas cosas
que nos han de pasar.

Amores que llegan y se van sin avisar,
heridas, vacíos, enfermedades,
caídas, pérdidas, caminos que se abren,
puertas que se cierran,
circunstancias que afrontar,
decisiones que tomar.

Todo ello invade nuestra mente,
llenándola de preguntas inciertas
que no encuentran respuestas,
nos llenan de angustia,
atentan contra nuestra fe,
se convierten en la piedra
en el zapato que no nos deja seguir.

Muchas de estas preguntas
se convierten en cadenas
que nos han de esclavizar,
nos aferramos a ellas,
y aunque quizás respondamos algunas,
formulamos otras, porque nos hace falta
buscar excusas que nos torturen
y nos hagan dudar, fabricando temores
que nos arrebatan la paz.

No busquemos respuestas
que quizás no llegarán,
hay cosas que suceden
porque así deben ser,
aunque no entendamos el porqué
y sintamos que no tenemos
las suficientes fuerzas
de asumirlas y continuar.

No hay más opciones que vivir,
seguir, creer, no perder la esperanza
de que vendrán tiempos mejores,
que compensarán las luchas
que hemos asumido valientemente,
sin renegar por todo,
sin rendirnos, sin renunciar.

Por eso,
más que buscar respuestas,
démoslas nosotros mismos
con nuestro vivir y actuar,
que quien nos encuentre en el camino
descubra en nosotros que hay un Dios
de amor que existe y que se manifiesta
en lo más sencillo y pequeño,
aún en todo aquello que no entendemos
y que a veces nos hace dudar.

No hay más respuesta que la fe
que nos da fuerzas y nos llena de paz.

Evangelio del día 5 de julio – Ciclo B con el Padre Guillermo Serra

Disfruta cada día de la Palabra de Dios y compártela para que llegue a los corazones de tantos cristianos que necesitan este alimento diario.

Evangelio según San Mateo 9, 18-26

En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba, se le acercó un jefe de la sinagoga, se postró ante él y le dijo: «Señor, mi hija acaba de morir; pero ven tú a imponerle las manos y volverá a vivir».

Jesús se levantó y lo siguió, acompañado de sus discípulos. Entonces, una mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce años, se le acercó por detrás y le tocó la orilla del manto, pues pensaba: «Con sólo tocar su manto, me curaré».

Jesús, volviéndose, la miró y le dijo: «Hija, ten confianza; tu fe te ha curado». Y en aquel mismo instante quedó curada la mujer.

Cuando llegó a la casa del jefe de la sinagoga, vio Jesús a los flautistas, y el tumulto de la gente y les dijo: «Retírense de aquí.

La niña no está muerta; está dormida». Y todos se burlaban de él. En cuanto hicieron salir a la gente, entró Jesús, tomó a la niña de la mano y ésta se levantó. La noticia se difundió por toda aquella región.


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