No a la guerra entre nosotros – VI Domingo del tiempo ordinario

No a la guerra entre nosotros – VI Domingo del tiempo ordinario

6º DOMINGO TIEMPO ORDINARIO – CICLO C

¡¡DIOS QUIERE QUE SEAMOS FELICES!!

       Aunque no siempre ni todos los cristianos lo hayan entendido con claridad, lo cierto es que Dios nos ha creado para la dicha, para ser felices aquí y ahora, para que nada nos quite la paz.

       Para muchos “cristianos”, todavía la fe es algo que tiene que ver con la salvación eterna después de la muerte.

El grado de gloria que alcanzaríamos en el cielo estaría en proporción directa con los sufrimientos de esta vida y las alegrías del cielo estarían en proporción con la cantidad de lágrimas acumuladas en esta vida.

Las bienaventuranzas, para una gran mayoría de cristianos, no tienen ninguna influencia para la felicidad que pueden experimentar aquí y ahora las personas.

         Ante una lectura tan fúnebre de las Bienaventuranzas nos podemos preguntar: ¿cómo se lee el Evangelio para sacar una conclusión tan contraria a  él, cuando el Evangelio es la “buena noticia” que Jesús nos trae de parte de Dios  para este peregrinar terreno?

Las Bienaventuranzas son una propuesta de Jesús de caminos que llevan a la felicidad, pero no una felicidad cualquiera sino la que está relacionada con el Reino y su justicia, con el servicio desinteresado.

Las Bienaventuranzas son el fundamento que legitima un compromiso de transformación social en el ámbito público.    

LECTURAS PARA LA EUCARISTÍA

Primera lectura del libro de Jeremías 17, 5-8

Así dice el Señor: «Maldito quien confía en el hombre, y en la carne busca su fuerza, apartando su corazón del Señor. Será como un cardo en la estepa, no verá llegar el bien; habitará la aridez del desierto, tierra salobre e inhóspita.

Bendito quien confía en el Señor y pone en el Señor su confianza. Será un árbol plantado junto al agua, que junto a la corriente echa raíces; cuando llegue el estío no lo sentirá, su hoja estará verde; en año de sequía no se inquieta, no deja de dar fruto.

Palabra de Dios.

COMENTARIO A LA 1ª LECTURA

  En el texto del libro de Jeremías se nos dice que no podemos poner nuestra confianza ni buscar nuestra fuerza en los mortales por ser un fundamento poco seguro, sino sólo en el Señor. Debemos poner nuestra confianza sólo en Dios nuestro Señor y así podremos dar frutos de vida.                                            

SALMO 

SALMO 1, 1-2.3.4 y 6

R: Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor.

– Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos,                                      ni entra por la senda de los pecadores,                                                                        ni se sienta en la reunión de los cínicos,                                                                     sino que su gozo es la ley del Señor,                                                                         y medita su ley día y noche. R:

-Será como un árbol plantado al borde de la acequia:                                               da fruto en su sazón y no se marchitan sus hojas                                                              y cuanto emprende tiene buen fin. R:

– No así los impíos, no así;                                                                                           serán paja que arrebata el viento.                                                                          Porque el Señor protege el camino de los justos,                                                          pero el camino de los impíos acaba mal. R:

2ª LECTURA

1ª Carta de S. Pablo a los Corintios 15,12.16-20

Hermanos:

Si anunciamos que Cristo resucitó de entre los muertos, ¿cómo es que dice alguno de vosotros que los muertos no resucitan?

Si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó; y, si Cristo no ha resucitado, vuestra fe no tiene sentido, seguís con vuestros pecados; y los que murieron con Cristo se han perdido.

Si nuestra esperanza en Cristo acaba con esta vida, somos los hombres más desgraciados. ¡Pero no! Cristo resucitó de entre los muertos: el primero de todos.

Palabra de Dios.

COMENTARIO A LA 2ª LECTURA

 No es posible desvincular la resurrección de Cristo de nuestra resurrección. Si hay razones poderosas para creer en la de Cristo, también las hay para creer en la resurrección de los que creemos en Jesús el Señor                                       

EVANGELIO

Evangelio según San Lucas 6, 17. 20-26

 En aquel tiempo, bajó Jesús del monte con los Doce y se paró en un llano, con un grupo grande de discípulos y de pueblo, procedente de toda Judea, de Jerusalén y de la costa de Tiro y de Sidón. Él, levantando los ojos hacia sus discípulos, les dijo:

– «Dichosos los pobres, porque vuestro es el reino de Dios. Dichosos los que ahora tenéis hambre, porque quedaréis saciados. Dichosos los que ahora lloráis, porque reiréis. Dichosos vosotros, cuando os odien los hombres, y os excluyan, y os insulten, y proscriban vuestro nombre como infame, por causa del Hijo del hombre.

Alegraos ese día y saltad de gozo, porque vuestra recompensa será grande en el cielo. Eso es lo que hacían vuestros padres con los profetas. Pero, ¡ay de vosotros, los ricos!, porque ya tenéis vuestro consuelo. ¡Ay de vosotros, los que ahora estáis saciados!, porque tendréis hambre. ¡Ay de los que ahora reís!, porque haréis duelo y lloraréis.

¡Ay si todo el mundo habla bien de vosotros! Eso es lo que hacían vuestros padres con los falsos profetas.»

Palabra de Dios 

COMENTARIO SOBRE EL EVANGELIO

       El evangelista Lucas nos presenta el «sermón de la montaña». Las palabras de Jesús van acompañadas de las curaciones, como signo de la presencia efectiva de su salvación. Las Bienaventuranzas son las exigencias que pone Jesús a los que quieran seguirle y ser sus discípulos independientemente del tiempo en que se viva.

Jesús viene a desestabilizar la escala de valores que predomina en nuestro mundo y que es muy distinta a la que Él propone.

¿CÓMO PODREMOS ENTENDER HOY LAS BIENAVENTURANZAS DE JESÚS?

• Cómo podrá alguien ayudar, si nunca ha necesitado un hombro amigo.

• Cómo podrá alguien consolar, si nunca sus entrañas han temblado de dolor.

• Cómo podrá alguien curar, si nunca se ha sentido herido.

• Cómo podrá alguien ser compasivo, si nunca se ha visto abatido.

• Cómo podrá alguien ser misericordioso, si nunca se ha visto necesitado

• Cómo podrá alguien alentar, si nunca se quebró por la amargura.

• Cómo podrá alguien levantar a otros, si nunca se ha visto caído.

• Cómo podrá alguien alegrar, si nunca se ha reído de su sombra.

• Cómo podrá alguien abrazar, si nunca se ha dejado estrujar.

• Cómo podrá alguien enseñar, si nunca ha querido ser discípulo.

• Cómo podrá alguien anunciar la buena noticia, si nunca se ha preocupado de los signos de los   tiempos.

• Cómo podrá alguien acompañar a otros, si su vida es un camino solitario.

• Cómo podrá alguien ser dichoso, si las bienaventuranzas le parecen un acoso            

6 Tiempo ordinario (A) Mateo 5, 17-37
NO A LA GUERRA ENTRE NOSOTROS

JOSÉ ANTONIO PAGOLA, lagogalilea@hotmail.com
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA,.- Los judíos hablaban con orgullo de la Ley de Moisés. Según la tradición, Dios mismo la había regalado a su pueblo. Era lo mejor que habían recibido de él. En esa Ley se encierra la voluntad del único Dios verdadero. Ahí pueden encontrar todo lo que necesitan para ser fieles a Dios.
También para Jesús la Ley es importante, pero ya no ocupa el lugar central. Él vive y comunica otra experiencia: está llegando el reino de Dios; el Padre está buscando abrirse camino entre nosotros para hacer un mundo más humano. No basta quedarnos con cumplir la Ley de Moisés. Es necesario abrirnos al Padre y colaborar con él en hacer una vida más justa y fraterna.
Por eso, según Jesús, no basta cumplir la ley que ordena “No matarás”. Es necesario, además, arrancar de nuestra vida la agresividad, el desprecio al otro, los insultos o las venganzas. Aquel que no mata, cumple la ley, pero si no se libera de la violencia, en su corazón no reina todavía ese Dios que busca construir con nosotros una vida más humana.
Según algunos observadores, se está extendiendo en la sociedad actual un lenguaje que refleja el crecimiento de la agresividad. Cada vez son más frecuentes los insultos ofensivos proferidos solo para humillar, despreciar y herir. Palabras nacidas del rechazo, el resentimiento, el odio o la venganza.
Por otra parte, las conversaciones están a menudo tejidas de palabras injustas que reparten condenas y siembran sospechas. Palabras dichas sin amor y sin respeto, que envenenan la convivencia y hacen daño. Palabras nacidas casi siempre de la irritación, la mezquindad o la bajeza.
No es este un hecho que se da solo en la convivencia social. Es también un grave problema en la Iglesia actual. El Papa Francisco sufre al ver divisiones, conflictos y enfrentamientos de “cristianos en guerra contra otros cristianos”. Es un estado de cosas tan contrario al Evangelio que ha sentido la necesidad de dirigirnos una llamada urgente: “No a la guerra entre nosotros”.
Así habla el Papa: “Me duele comprobar cómo en algunas comunidades cristianas, y aún entre personas consagradas, consentimos diversas formas de odios, calumnias, difamaciones, venganzas, celos, deseos de imponer las propias ideas a costa de cualquier cosa, y hasta persecuciones que parecen una implacable caza de brujas. ¿A quién vamos a evangelizar con esos comportamientos?”. El Papa quiere trabajar por una Iglesia en la que “todos puedan admirar cómo os cuidáis unos a otros, cómo os dais aliento mutuamente y cómo os acompañáis”. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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