Reflexión para el segundo Domingo de Navidad

Reflexión para el segundo Domingo de Navidad – Ciclo C

¿EN QUÉ DIOS CREEMOS?

Los creyentes tenemos múltiples y muy diversas imágenes de Dios. Desde niños nos vamos haciendo nuestra propia idea de Él, condicionados, sobre todo, por lo que vamos escuchando a catequistas y predicadores, lo que se nos transmite en casa y en el colegio o lo que vivimos en las celebraciones y actos religiosos.

Todas las imágenes que nos hacemos de Dios son imperfectas y deficientes, y hemos de purificarlas a lo largo de la vida. El evangelio de Juan nos dice que «A Dios no lo ha visto nadie jamás».

Los teólogos hablan de Dios, pero ninguno lo ha visto, los predicadores y dirigentes religiosos, aunque hablan con seguridad casi absoluta, tampoco han visto a Dios.

Solo Jesús, el Hijo único de Dios, es «quien lo ha dado a conocer». En ninguna parte nos descubre Dios su corazón y nos muestra su rostro como en Jesús.

Siempre que el cristianismo ignora a Jesús o lo olvida, corre el riesgo de alejarse del Dios verdadero y de sustituirlo por imágenes distorsionadas que desfiguran su rostro y nos impiden colaborar en su proyecto de construir un mundo nuevo más liberado, justo y fraterno.

No basta con confesar a Jesucristo de manera teórica o doctrinal. Todos necesitamos conocer a Jesús desde un acercamiento más concreto y vital a los evangelios, sintonizar con su proyecto, dejarnos animar por su espíritu, seguirlo de cerca día a día.

Ésta es la tarea apasionante de una comunidad cristiana que vive hoy purificando su fe.

LECTURAS PARA LA EUCARISTÍA

1ª LECTURA
Lectura del libro del Eclesiástico 24, 1-2. 8-12

La sabiduría se alaba a sí misma, se gloría en medio de su pueblo, abre la boca en la asamblea del Altísimo y se gloría delante de sus Potestades.

En medio de su pueblo será ensalzada, y admirada en la congregación plena de los santos; recibirá alabanzas de la muchedumbre de los escogidos y será bendita entre los benditos. El Creador del universo me ordenó, el Creador estableció mi morada: «Habita en Jacob, sea Israel tu heredad.»

Desde el principio, antes de los siglos, me creó, y no cesaré jamás. En la santa morada, en su presencia, ofrecí culto y en Sión me establecí; en la ciudad escogida me hizo descansar, en Jerusalén reside mi poder.

Eché raíces entre un pueblo glorioso, en la porción del Señor, en su heredad, y resido en la congregación plena de los santos.

Palabra de Dios

COMENTARIO A LA 1ª LECTURA

El texto del libro del Eclesiástico nos habla de la «Sabiduría» que sale de Dios para habitar en nuestra tierra. La Sabiduría, que es Dios, presente en la creación y presente, sobre todo, en el pueblo de Dios.

La sabiduría, en minúscula, consiste en descubrir a Dios en el mundo, y vivir el gozo y la alegría de su presencia en nosotros.

La Sabiduría nos ofrece la gran esperanza de que Dios habita en nuestra Tierra, aunque tengamos dificultades para descubrirle o haya nubarrones que nos oculten su luz.

SALMO

Sal 1471 12-13. 14-15. 19-20
R. La palabra se hizo carne y acampó entre nosotros

• Glorifica al Señor, Jerusalén; alaba a tu Dios, Sión:
que ha reforzado los cerrojos de tus puertas
y ha bendecido a tus hijos dentro de ti. R:
• Ha puesto paz en tus fronteras, te sacia con flor de harina.
Él envía su mensaje a la tierra, y su palabra corre veloz. R:
• Anuncia su palabra a Jacob, sus decretos Y mandatos a Israel;
con ninguna nación obró así, ni les dio a conocer sus mandatos. R:

2ª LECTURA

Lectura de la carta del apóstol san pablo a los Efesios 15 3-6. 15-18

Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en la persona de Cristo con toda clase de bienes espirituales y celestiales.

Él nos eligió en la persona de Cristo, antes de crear el mundo para que fuésemos santos, e irreprochables ante él por el amor.

El nos ha destinado en la persona de Cristo, por pura iniciativa suya, a ser sus hijos, para que la gloria de su gracia, que tan generosamente nos ha concedido en su querido Hijo, redunde en alabanza suya.

Por eso yo, que he oído hablar de vuestra fe en el Señor Jesús y de vuestro amor a todos los santos, no ceso de dar gracias por vosotros, recordándoos en mi oración, a fin de que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, os dé espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo.

Ilumine los ojos de vuestro corazón, para que comprendáis cuál es la esperanza a la que os llama, cuál la riqueza de gloria que da en herencia a los santos.

Palabra de Dios

COMENTARIO A LA 2ª LECTURA

El apóstol Pablo, en su carta a los Efesios insiste en decirnos que Dios nuestro Padre no es un ser lejano, distante, inalcanzable.

Al contrario, Dios se ha hecho cercano y nos ha elegido para darnos la categoría de «hijos suyos»; y nos predestinó a ser «santos e irreprochables ante sus ojos».

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Juan 1, 1-18

En el principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. La Palabra en el principio estaba junto a Dios.

Por medio de la Palabra se hizo todo, y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho. En la Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres.

La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió. Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe.

No era él la luz, sino testigo de la luz. La Palabra era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre.

Al mundo vino, y en el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa y los suyos no la recibieron.

Pero a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre. Éstos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios.

Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad. Juan da testimonio de él y grita diciendo: «Éste es de quien dije: ‘El que viene detrás de mí, pasa delante de mí, porque existía antes que yo.'»

Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia. Porque la ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo.

A Dios nadie lo ha visto jamás: el Hijo único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.

Palabra de Dios

COMENTARIO SOBRE EL EVANGELIO

Hoy, más que nunca, necesitamos alguien en quien confiar; una luz para caminar; una esperanza para nuestros anhelos.

Por eso se nos ofrece la Palabra de Dios hecha carne como modelo para nuestras vidas; luz para nuestro caminar y meta para nuestra esperanza.

El Hijo de Dios al hacerse carne, encarnó nuestra misma debilidad, nuestra lucha y nuestra tragedia. Dios acampó entre nosotros y vivió nuestra propia vida.

PARA NUESTRA REFLEXIÓN PERSONAL

EL NOMBRE DE JESÚS

Entre los hebreos no se les ponía a las personas un nombre cualquiera de forma arbitraria, ya que el «nombre», indicaba su verdadera identidad.

Por eso el evangelista Mateo tiene tanto interés en explicar el significado profundo del nombre de ese niño, «Jesús», que significa «Dios salva». Se llamará así porque «salvará a su pueblo de los pecados».

El evangelista Mateo quiere dejar las cosas claras. El «salvador» que necesita el mundo es Jesús, porque lo salvará del mal, de las injusticias y de la violencia, el mundo necesita ser reorientado hacia una vida más digna del ser humano. Esta es la salvación que se nos ofrece en Jesús.

Mateo le asigna además otro nombre: «Emmanuel» que significa «Dios-con-nosotros». Un nombre que sólo le atribuimos a Jesús los que creemos que, en él y desde él, Dios nos acompaña, nos bendice y nos salva.

Las primeras generaciones cristianas llevaban el nombre de Jesús grabado en su corazón. Se bautizan en su nombre, se reúnen a orar en su nombre. Según uno de los primeros himnos cristianos, «ante el nombre de Jesús se ha de doblar toda rodilla».

Después de veinte siglos, hemos de aprender a pronunciar el nombre de Jesús de manera nueva. Con cariño y amor, con fe renovada, en actitud de conversión. Con su nombre en nuestros labios y en nuestro corazón podemos vivir y morir con esperanza.

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