Reflexión para el tercer Domingo de Adviento [Video]

Reflexión para el tercer Domingo de Adviento [Video]

Reflexión del evangelio para el tercer domingo de Adviento – Ciclo A

JESÚS ESTÁ MÁS CERCA DE LOS QUE SUFREN

De la misma manera que Jesús les dice a los discípulos de Juan el Bautista, cuando le preguntan si era Él el que había de venir o tenían que esperar a otro, que le dijeran a Juan lo que estaban viendo y oyendo, a nosotros sus seguidores también nos pide que observemos bien cómo actúa y que estemos muy atentos a su mensaje.

La actuación de Jesús hacia los demás es siempre para curar y liberar, no para juzgar ni condenar. Jesús vive volcado hacia los que sufren, dedicado a liberarlos de lo que les impide vivir de manera sana, digna y dichosa. Jesús anuncia la salvación curando.

El mensaje de Jesús es un mensaje de esperanza dirigido a los que son víctimas de toda clase de abusos e injusticias. Jesús anuncia la Buena Noticia de Dios a los pobres.

Los rasgos que no deben faltar en una comunidad de seguidores de Jesús, el Señor, serían la de una comunidad un poco más cercana a los que sufren, más atenta a los enfermos, a los que viven en soledad absoluta, a los que están desatendidos de todos, una comunidad más acogedora hacia los que necesitan ser escuchados y consolados, más presente en las desgracias de la gente, una comunidad conocedora de sus problemas, sus necesidades, sus derechos.

LECTURAS PARA LA EUCARISTÍA

1ª LECTURA

Lectura del libro del profeta Isaías 35,1-6a. 10 El desierto y el yermo se regocijarán, se alegrarán el páramo y la estepa, florecerá como flor de narciso, se alegrará con gozo y alegría. 

Tiene la gloria del Líbano, la belleza del Carmelo y del Sarón. Ellos verán la gloria del Señor, la belleza de nuestro Dios. 

Fortaleced las manos débiles, robusteced las rodillas vacilantes, decid a los cobardes de corazón: sed fuertes, no temáis. Mirad a vuestro Dios, que trae el desquite; viene en persona, resarcirá y os salvará. 

Se despegarán los ojos del ciego, los oídos del sordo se abrirán, saltará como un ciervo el cojo, la lengua del mudo cantará, y volverán los rescatados del Señor. Vendrán a Sión con cánticos: en cabeza, alegría perpetua; siguiéndolos, gozo y alegría. Pena y aflicción se alejarán. Palabra de Dios.

Sal 145, 7. 8-9a. 9bc-10 R. Ven, Señor, a salvarnos. 

El Señor mantiene su fidelidad perpetuamente, hace justicia a los oprimidos, da pan a los hambrientos. El Señor liberta a los cautivos. R:

El Señor abre los ojos al ciego, el Señor endereza a los que ya se doblan, el Señor ama a los justos, el Señor guarda a los peregrinos. R:

Sustenta al huérfano y a la viuda, y trastorna el camino de los malvados. El Señor reina eternamente, tu Dios, Sión, de edad en edad. R:

2ª LECTURA
Lectura de la carta del apóstol Santiago 5,7-10 

Tened paciencia, hermanos, hasta la venida del Señor. El labrador aguarda paciente el fruto valioso de la tierra, mientras recibe la lluvia temprana y tardía. 

Tened paciencia también vosotros, manteneos firmes, porque la venida del Señor está cerca. No os quejéis, hermanos, unos de otros para no ser condenados.

Mirad que el juez está ya a la puerta. Tomad, hermanos, como ejemplo de sufrimiento y de paciencia a los profetas, que hablaron en nombre del Señor.  

Palabra de Dios.

COMENTARIO A LA 2ª LECTURA

La carta del apóstol Santiago nos pide que tengamos paciencia, porque la venida del Señor está cerca. Paciencia que no es simple resignación ni una espera pasiva para que el Señor resuelva los problemas que nos acucian, sino una paciencia activa y vigilante; confiada y esperanzada.

EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Mateo 11,2-11 

En aquel tiempo, Juan, que había oído en la cárcel las obras de Cristo, le mandó a preguntar por medio de dos de sus discípulos: 

¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro? Jesús les respondió:Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven y los inválidos andan; los leprosos quedan limpios y los sordos oyen; los muertos resucitan, y a los pobres se les anuncia la Buena Noticia. ¡Y dichoso el que no se sienta defraudado por mí! 

Al irse ellos, Jesús se puso a hablar a la gente sobre Juan:¿Qué salisteis a contemplar en el desierto, una caña sacudida por el viento?

O qué fuisteis a ver, ¿un hombre vestido con lujo? Los que visten con lujo habitan en los palacios.

Entonces, ¿a qué salisteis, a ver a un profeta? Sí, os digo, y más que profeta; él es de quien está escrito: «Yo envío mi mensajero delante de ti, para que prepare el camino ante ti». 

Os aseguro que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan el Bautista, aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él. Palabra del Señor.

COMENTARIO SOBRE EL EVANGELIO

A la pregunta de los discípulos de Juan sobre si Jesús era el Mesías prometido por Dios, Él solo les dice que le respondan no con un sí o un no sino con lo que están viendo que hace: los ciegos ven, los leprosos quedan limpios y a los pobres se les anuncia la Buena Noticia.

Para Jesús Juan el Bautista era su precursor que anunciaba la llegada del Mesías

PARA NUESTRA REFLEXIÓN PERSONAL
¿EN QUÉ JESÚS CREEMOS?

Los que decimos creer en Jesús deberíamos plantearnos si realmente aceptamos a Jesús tal como es o nos inventamos otro a nuestra medida.

El tema crucial que define toda la espiritualidad del Adviento es buscar a Jesús para que nos libere de nuestro deseo de que nuestra vida en la Tierra se convierta en un Paraíso por la fuerza milagrosa de Dios.

Si aceptamos que en esta vida somos caminantes que vamos de paso, encontraremos en Él el mejor proyecto, la mejor luz, el más pleno sentido de esta vida. Por eso, la palabra clave del adviento es “convertíos”, volveos a Dios, buscadle donde está, en Jesús.

Deberíamos preguntarnos alguna que otra vez quién es Dios para mí, qué espero de Él. Es muy sencillo saberlo; no hace falta más que revisar nuestra oración.

La mayor parte de nuestras oraciones son de peticiones de cosas “convenientes” para esta vida, sin embargo, le escuchamos poco, le ofrecemos poco.

Dios ya nos ha dado lo más importante: su Hijo, la Palabra. Ahora nos toca a nosotros responder, dar. Adviento nos puede ayudar para darnos cuenta que aceptar a Jesús es aceptar la luz y que rechazarle es preferir la oscuridad.


Reflexión del evangelio para el tercer domingo de Adviento – Ciclo C

DOMINGO III DE ADVIENTO / CICLO C

¿QUÉ PODEMOS HACER PARA ACOGER A JESÚS?

La predicación del Bautista sacudió la conciencia de muchos, porque decía claro y fuerte que era necesario cambiar, volver a Dios, prepararse para acoger al Mesías. Ante esta predicación algunos le preguntaron: ¿Y qué podemos hacer?

El Bautista lo resume todo en una fórmula genial: «El que tenga dos túnicas, que las reparta con el que no tiene; y el que tenga comida, que haga lo mismo».

Esto le dijo entonces, pero ¿qué nos diría ahora en este tiempo? Quizá que pongamos un poco de interés en conocer lo que está pasando actualmente a nuestro alrededor. Nos diría que no toleráramos la mentira o el encubrimiento de la verdad.

Que nos atreviéramos a hacer la experiencia de «empobrecernos un poco” compartiendo con los más necesitados tantas cosas que tenemos y no necesitamos para vivir. Que estuviéramos un poco más atentos con aquellas personas que han caído en situaciones graves de exclusión social: desahuciados, familias sin ingresos ni recurso social alguno…

Desde las comunidades cristianas tendríamos que desarrollar iniciativas diversas para estar cerca de los casos más sangrantes de desamparo social: conocimiento concreto de situaciones, movilización de personas para no dejar solo a nadie, aportación de recursos materiales, gestión de posibles ayudas…

Con estas acciones estaríamos acogiendo con más verdad a Cristo en nuestras vidas.

LECTURAS PARA LA EUCARISTÍA

1ª LECTURA
Lectura del libro del profeta Sofonías 3,14-18a

Regocíjate, hija de Sión, grita de júbilo, Israel, alégrate y gózate de todo corazón, Jerusalén. El Señor ha cancelado tu condena, ha expulsado a tus enemigos. El Señor será el rey de Israel, en medio de ti, y ya no temerás.

Aquel día dirán a Jerusalén:
No temas, Sión, no desfallezcan tus manos.

El Señor tu Dios, en medio de ti, es un guerrero que salva. Él se goza y se complace en ti, te ama y se alegra con júbilo como en día de fiesta.

Palabra de Dios

COMETARIO A LA 1ª LECTURA

Al profeta Sofonías le tocó vivir en una época un tanto turbulenta para la vida del pueblo de Dios.

En esta situación el profeta levanta su voz llamando a la esperanza y alegría al pueblo pobre y humilde, al «resto de Israel» símbolo de la presencia de Dios en medio del pueblo. Alegría y júbilo porque el Señor ofrece la salvación derribando del trono a los poderosos y exaltando a los humildes.

SALMO

Is 12, 2-3. 4bcd. 5-6
R. Gritad jubilosos: «Qué grande es en medio de ti el Santo de Israel».

• El Señor es mi Dios y salvador; confiaré y no temeré,
porque mi fuerza y mi poder es el Señor, él fue mi salvación. R:
• Sacaréis aguas con gozo de las fuentes de la salvación.
Dad gracias al Señor, invocad su nombre,
contad a los pueblos sus hazañas. R:
• Tañed para el Señor, que hizo proezas, anunciadlas a toda la tierra;
gritad jubilosos, habitantes de Sión:
«Qué grande es en medio de ti el Santo de Israel». R:

2ª LECTURA
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 4,4-7

Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito, estad alegres. Que vuestra mesura la conozca todo el mundo. El Señor está cerca.

Nada os preocupe; sino que, en toda ocasión, en la oración y súplica con acción de gracias, vuestras peticiones sean presentadas a Dios.

Y la paz de Dios, que sobrepasa todo juicio, custodiará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.

Palabra de Dios.

COMENTARIO A LA 2ª LECTURA

El apóstol Pablo decía a los cristianos de Filipo y nos dice a nosotros que estemos siempre alegres, porque el Señor está cerca, está con nosotros, que acojamos al Señor con generosidad y así recibiremos el don de la paz por la que superaremos toda preocupación. Nuestra alegría tiene su fundamento «en la presencia del Señor» en nosotros.

Quien está en paz con Dios comunicará y contagiará su alegría a los demás.

EVANGELIO
Lectura del santo Evangelio según San Lucas 3,10-18

En aquel tiempo, la gente preguntaba a Juan:
¿Entonces, qué hacemos?

Él contestó:
El que tenga dos túnicas, que se las reparta con el que no tiene; y el que tenga comida, haga lo mismo.

Vinieron también a bautizarse unos publicanos y le preguntaron:
Maestro, ¿qué hacemos nosotros?

Él les contestó:
No exijáis más de lo establecido.

Unos militares le preguntaron:
¿Qué hacemos nosotros?

Él les contestó:
No hagáis extorsión ni os aprovechéis de nadie, sino contentaos con la paga.

El pueblo estaba en expectación, y todos se preguntaban si no sería Juan el Mesías; él tomó la palabra y dijo a todos:
Yo os bautizo con agua; pero viene el que puede más que yo, y no merezco desatarle la correa de sus sandalias.

Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego; tiene en la mano el bieldo para aventar su parva y reunir su trigo en el granero y quemar la paja en una hoguera que no se apaga.

Añadiendo otras muchas cosas, exhortaba al pueblo y le anunciaba el Evangelio

Palabra de Dios

COMENTARIO AL EVANGELIO

Juan el Bautista, en el Evangelio de hoy, llama a la conversión y al perdón para poder acoger la Buena Noticia de Jesús. Conversión que se concreta en trabajar para que los valores del Reino sean efectivos aquí y ahora.

PARA NUESTRA REFLEXIÓN PERSONAL

BIENAVENTURANZAS DEL ADVIENTO

Felices quienes siguen confiando, a pesar de las muchas circunstancias adversas de la vida. Los que tratan de allanar todos los senderos: odios, marginaciones, discordias, enfrentamientos, injusticias.

Los que bajan de sus cielos particulares para ofrecer esperanza y anticipar el futuro, con una sonrisa en los labios y con mucha ternura en el corazón.

Felices quienes aguardan, contemplan, escuchan, están pendientes de recibir una señal, y cuando llega el momento decisivo, dicen: sí, quiero, adelante, sea, en marcha…

Los que denuncian y anuncian con su propia vida y no sólo con meras palabras. Los que rellenan los baches, abren caminos, abajan las cimas, para que la existencia sea para todos más humana.

Felices quienes acarician la rosa, acercan la primavera, regalan su amistad y reparten ilusión a manos llenas con su ejemplo y sus obras. Los que cantan al levantarse, los que proclaman que siempre hay un camino abierto a la esperanza, diciendo: “No tengáis miedo, estad alegres.

Dios es como una madre, como un padre bueno que no castiga nunca, sino que nos acompaña y nos alienta, pues únicamente desea nuestra alegría y nuestra felicidad”.


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