Reflexión para la fiesta del Corpus Christi

Reflexión para la fiesta del Corpus Christi – Ciclo B

FESTIVIDAD DEL CORPUS CHRISTI /CICLO B

DE LA MISA A LA EUCARISTÍA

    Durante siglos, la misa ha sido el término familiar empleado en occidente para designar la reunión eucarística: “oír misa”, “decir misa”, “dar misa”.

Actualmente hay una tendencia generalizada a sustituir el viejo nombre de misa por el de Eucaristía que significa “acción de gracias”.

El cambio apunta a ir pasando de una “misa” entendida como acto religioso individual hacia una Eucaristía que se celebra por todos de manera activa e inteligible, que se entiende como una reunión gozosa que la comunidad necesita celebrar todos los domingos para alimentar su fe, crecer en fraternidad y reavivar su esperanza en Cristo resucitado.

La Eucaristía es la celebración de la Cena del Señor por la comunidad creyente; es una celebración que recoge también las demás dimensiones de la Eucaristía como banquete, comunión fraterna y acción de gracias a Dios; del cumplimiento de un deber religioso, que nada tiene que ver con la vida, se pasa a una celebración que es exigencia de amor solidario a los más pobres y de lucha por un mundo más justo.

La Eucaristía debe ser “fuente y cumbre de toda la vida de la comunidad cristiana”

LECTURAS PARA LA EUCARISTÍA

1ª LECTURA

Lectura del libro del Éxodo 24,3-8

En aquellos días, Moisés bajó y contó al pueblo todo lo que había dicho el Señor y todos sus mandatos; y el pueblo contestó a una: – Haremos todo lo que dice el Señor.

Moisés puso por escrito todas las palabras del Señor. Se levantó temprano y edificó un altar en la falda del monte, y doce estelas, por las doce tribus de Israel.

Y mandó a algunos jóvenes israelitas ofrecer al Señor holocaustos y vacas, como sacrificio de comunión. Tomó la mitad de la sangre y la puso en vasijas, y la otra mitad la derramó sobre el altar.

Después tomó el documento de la alianza y se lo leyó en alta voz al pueblo, el cual respondió:
– Haremos todo lo que manda el Señor y le obedeceremos.
Tomó Moisés la sangre y roció al pueblo, diciendo:
– Ésta es la sangre de la alianza que hace el Señor con vosotros, sobre todos estos mandatos.

Palabra de Dios  

COMENTARIO A LA 1ª LECTURA

     Este texto del libro del Éxodo nos relata la alianza establecida entre Dios y su pueblo reunidos al pie del monte Sinaí.

Por medio de Moisés, el Señor comunica “todos sus mandatos” y el pueblo manifiesta su compromiso de cumplir “todo lo que dice el Señor”. Se comprometen a cumplir los mandatos del Señor para no recaer en la esclavitud de la que habían salido.  

SALMO 

Sal 115, 12-13. 15-16bc. 17-18

R. Alzaré la copa de la salvación, invocando el nombre del Señor.

2ª LECTURA

Lectura de la carta a los Hebreos 9,11-15

Cristo ha venido como Sumo Sacerdote de los bienes definitivos. Su templo es más grande y más perfecto: no hecho por manos de hombre, es decir, no de este mundo creado.

No usa sangre de machos cabríos ni de becerros, sino la suya propia; y así ha entrado en el santuario una vez para siempre, consiguiendo la liberación eterna.

Si la sangre de machos cabríos y de toros y el rociar con las cenizas de una becerra tienen el poder de consagrar a los profanos, devolviéndoles la pureza externa, cuánto más la sangre de Cristo, que, en virtud del Espíritu eterno, se ha ofrecido a Dios como sacrificio sin mancha, podrá purificar nuestra conciencia de las obras muertas, llevándonos al culto del Dios vivo.

Por eso él es mediador de una alianza nueva: en ella ha habido una muerte que ha redimido de los pecados cometidos durante la primera alianza; y así los llamados pueden recibir la promesa de la herencia eterna.

Palabra de Dios

COMENTARIO A LA 2ª LECTURA 

    Cristo Jesús es el Mediador entre Dios y los hombres y su sacrificio personal, desde el comienzo de la vida hasta su culminación en el Calvario, sustituye y anula los antiguos sacrificios.

Por medio de este sacrifico de Jesús, hemos alcanzado el perdón de los pecados, hemos entrado en “comunión directa con Dios-Padre”.               

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Marcos 14,12-16. 22-26

El primer día de los ázimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, le dijeron a Jesús sus discípulos:
– ¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua?

Él envió a dos discípulos, diciéndoles:
– Id a la ciudad, encontraréis un hombre que lleva un cántaro de agua: seguidlo, y en la casa en que entre decidle al dueño: «El Maestro pregunta: ¿dónde está la habitación en que voy a comer la Pascua con mis discípulos?».

Os enseñará una sala grande en el piso de arriba, arreglada con divanes. Preparadnos allí la cena.

Los discípulos se marcharon, llegaron a la ciudad, encontraron lo que les había dicho y prepararon la cena de Pascua. Mientras comían, Jesús tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio, diciendo:
– Tomad, esto es mi cuerpo.

Cogiendo una copa, pronunció la acción de gracias, se la dio y todos bebieron.
Y les dijo:
– Ésta es mi sangre, sangre de la alianza, derramada por todos. Os aseguro que no volveré a beber del fruto de la vid hasta el día que beba el vino nuevo en el Reino de Dios.

Después de cantar el salmo, salieron para el Monte de los Olivos.

Palabra de Dios

COMENTARIO AL EVANGELIO    

El evangelista Marcos nos ofrece el relato de la institución de la Eucaristía en aquel primer Jueves Santo celebrado por el Señor.
La reunión que Jesús celebra con sus discípulos, como “Cena Pascual”, es la despedida de los suyos para dejarle su gran testamento: “esto es mi cuerpo y ésta es mi sangre”. Se queda Él mismo con todos los que a través de los tiempos lo hagan presente en cada Eucaristía  

PARA NUESTRA REFLEXIÓN PERSONAL

EUCARISTÍA Y CRISIS

     Todos los cristianos lo sabemos. La eucaristía dominical se puede convertir fácilmente en un “refugio religioso” que nos protege de la vida conflictiva en la que nos movemos a lo largo de la semana.

Podemos seguir celebrando rutinariamente la misa, sin escuchar las llamadas del Evangelio. El riesgo siempre es el mismo: Comulgar con Cristo en lo íntimo del corazón, sin preocuparnos de comulgar con los hermanos que sufren.

Compartir el pan de la Eucaristía e ignorar el hambre de millones de hermanos privados de pan, de justicia y de futuro.

      La celebración de la Eucaristía en medio de esta sociedad en crisis puede ser un lugar de concienciación.

Necesitamos liberarnos de una cultura individualista que nos ha acostumbrado a vivir pensando solo en nuestros propios intereses, para aprender sencillamente a ser más humanos.

Toda la Eucaristía está orientada a crear fraternidad. No es normal escuchar todos los domingos a lo largo del año el Evangelio de Jesús, sin reaccionar ante sus llamadas. No podemos pedir al Padre “el pan nuestro de cada día” sin pensar en aquellos que tienen dificultades para obtenerlo.

No podemos comulgar con Jesús sin hacernos más generosos y solidarios. No podemos darnos la paz unos a otros sin estar dispuestos a tender una mano a quienes están más solos e indefensos ante la crisis.    


ESTAMOS LLAMADOS A CONSTRUIR ESPACIOS DE ESPERANZA, JUSTICIA Y SOLIDARIDAD

   Son muchas las circunstancias que oscurecen la esperanza de multitud de personas en nuestra sociedad: el paro, la pobreza, la pérdida de derechos, la falta de ayudas, la exclusión, el desamparo, la falta de futuro…

Los que seguimos a Jesús, los que nos llamamos cristianos y no nos escondemos, debemos construir y potenciar lo comunitario, porque éste es el único camino de humanización y de esperanza para incidir en todo aquello que atenta contra los derechos de las personas.

Construir comunidades, grupos humanos solidarios, donde todos están vinculados los unos a los otros, porque sienten que la suerte que pueda correr su prójimo es su misma suerte, porque sienten y viven que lo que a mi prójimo le ocurre, también me ocurre a mí.

    Debemos hacer posible que nuestras comunidades cristianas y grupos sean de acogida y fraternidad, donde las personas sean capaces de vivir y convivir juntas, donde seamos capaces de crear espacios comunitarios, solidarios y proféticos que hagan realidad otro mundo posible, otra forma de relacionarse y convivir desde valores como la generosidad, la solidaridad, el espíritu de cooperación y participación, la justicia y la gratuidad.

Una comunidad, un grupo humano, que viva y conviva así, teniendo la certeza de que la fuerza y el Espíritu de Jesús, el Señor, nunca le falta, será una comunidad de esperanza que contagie Esperanza con mayúscula.

¿Por qué se CELEBRA la FESTIVIDAD del CORPUS CHRISTI?

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