6 de junio de 2026
«No te esperamos».
Ese es el mensaje que algunos grupos han querido dirigir al Papa León XIV ante su próxima visita a España.
Y tienen derecho a expresarlo.
Vivimos en una sociedad libre donde cada persona puede manifestar sus ideas y convicciones.
Sin embargo, mientras algunos preparan actos de rechazo, miles de personas están preparando algo muy distinto: oración, adoración, encuentros de jóvenes y familias que esperan con ilusión la llegada del Santo Padre.
Como psicóloga, hay algo que me llama la atención. Cuando una persona despierta emociones tan intensas, normalmente no estamos reaccionando solo ante ella, sino ante lo que representa.
Para algunos, el Papa simboliza esperanza. Para otros, tradición. Para otros, autoridad moral o incluso experiencias difíciles relacionadas con la Iglesia.
Por eso las reacciones son tan fuertes.
Pero existe una diferencia importante entre discrepar y convertir al otro en un enemigo.
Nuestra sociedad necesita diálogo, encuentro y respeto mutuo, especialmente en un tiempo marcado por la polarización, la soledad y la dificultad para escucharnos unos a otros.
Por eso resulta significativo que muchos cristianos no hayan respondido al rechazo con insultos ni enfrentamientos.
Han respondido con oración.
Porque la fe no se impone. Se propone.
Y porque el amor no se grita. Se testimonia.
Quizá la cuestión más importante no sea si todos esperan al Papa.
Quizá la verdadera pregunta sea qué espera España hoy.
¿Más confrontación?
¿O más capacidad para encontrarnos?
Personalmente espero que la visita de León XIV nos ayude a recuperar tres palabras que nuestra sociedad necesita urgentemente:
Unidad. Belleza. Acogida.
Unidad para descubrir que podemos pensar distinto sin dejar de respetarnos.
Belleza para volver a asombrarnos ante aquello que da sentido a la vida.
Y acogida para que nadie se sienta excluido.
Santo Padre:
Mi familia y yo sí te esperamos.
Y sabemos que no estamos solos.
Te esperan miles de familias, jóvenes, sacerdotes, religiosos y laicos.
Te esperan también muchas personas que, aun estando alejadas de la Iglesia, sienten curiosidad por escuchar un mensaje de esperanza.
Porque creemos que el encuentro siempre será mejor que el enfrentamiento.
Y porque el amor siempre tiene la última palabra.