¡No tengan miedo!

JOSÉ MARTÍNEZ COLÍN
27 Noviembre 2011, www.am.com.mx

Se acaba de escuchar en África -y desde África en todo el mundo- un razonado y vigoroso llamamiento a los líderes del mundo por Benedicto XVI. ¿Lo acogerán? ¿Seguiremos el espléndido camino propuesto?:
“Desde esta tribuna, hago un llamamiento a todos los líderes políticos y económicos de los países africanos y del resto del mundo. No priven a sus pueblos de la esperanza. No amputen su porvenir mutilando su presente. Tengan un enfoque ético valiente en sus responsabilidades y, si son Ustedes creyentes, rueguen a Dios que les conceda sabiduría. Esta sabiduría los hará entender que, siendo los promotores del futuro de sus pueblos, es necesario que sen verdaderos servidores de la esperanza. No es fácil vivir en la condición de servidor, de mantenerse íntegro entre las corrientes de opinión y los intereses poderosos. El poder, de cualquier tipo que sea, ciega fácilmente, sobre todo cuando están en juego intereses privados, familiares, étnicos o religiosos. Sólo Dios purifica los corazones y las intenciones.
La Iglesia no ofrece soluciones técnicas ni impone fórmulas políticas. Ella repite: No tengan miedo. La humanidad no está sola ante los desafíos del mundo. Dios está presente. Y este es un mensaje de esperanza, una esperanza que genera energía, que estimula la inteligencia y da a la voluntad todo su dinamismo.
Un antiguo arzobispo de Toulouse, el cardenal Saliège, decía: «Esperar no es abandonar; es redoblar la actividad». La Iglesia acompaña al Estado en su misión; quiere ser como el alma de ese cuerpo, indicando incansablemente lo esencial: Dios y el hombre. Quiere cumplir abiertamente y sin temor esa tarea inmensa de quien educa y cuida y, sobre todo, de quien ora incesantemente (cf. Lucas 18,1), que muestra dónde está Dios (cf. Mateo 6,21) y dónde está el verdadero hombre (cf. Mateo 20,26; Juan 19,5). Desesperar es individualismo. La esperanza es comunión. ¿No es este un camino espléndido que se nos propone? Invito a emprenderlo a todos los responsables políticos, económicos, así como del mundo académico y de la cultura. Sean también ustedes sembradores de esperanza”.
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Según el Vatican Information Service (VIS), Benedicto XVI llegó en automóvil panorámico, a las 16.00, al aeropuerto internacional “Cardenal Bernardin Gantin” de Cotonou, donde finalizó su viaje apostólico a Benín, del 18 al 20 de noviembre. En la ceremonia de despedida estuvieron presentes las principales autoridades civiles, los obispos del país y numerosos fieles.
Tras el discurso del presidente de la República, Thomas Yayi Boni, el Papa dio las gracias a las autoridades, los obispos, los voluntarios y a todo el pueblo beninés, por haberle recibido “con calor y entusiasmo”, y por los esfuerzos que han realizado para hacer agradable su estancia.
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El Santo Padre recordó que en numerosas ocasiones ha afirmado que África es “una tierra de esperanza”, y que por esta razón siente “una especial estima y afecto” por el Continente, que ha querido visitar de nuevo. “Aquí se encuentran valores auténticos, capaces de aleccionar a todo el mundo, y que reclaman ser extendidos con la ayuda de Dios y la determinación de los africanos -subrayó Benedicto XVI-. La Exhortación apostólica postsinodal ‘Africae munus’ puede contribuir grandemente a ello, pues abre perspectivas pastorales y suscitará iniciativas interesantes. Se la confío al conjunto de los fieles africanos, que sabrán estudiarla con atención y traducirla en acciones concretas en su vida diaria. El cardenal Gantin -ese eminente beninés cuyo prestigio ha sido reconocido hasta el punto de que este aeropuerto lleva su nombre-, participó conmigo en muchos sínodos, aportando una contribución esencial y apreciada. Que él acompañe la aplicación de este documento”.
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“Vivir juntos fraternamente, no obstante las legítimas diferencias, no es una utopía.
¿Por qué un país africano no podría indicar al resto del mundo el camino para vivir una fraternidad auténtica en la justicia, fundada en la grandeza de la familia y del trabajo?
Que los africanos vivan reconciliados en la paz y la justicia. Estos son los deseos que expreso con confianza y esperanza antes de salir de Benin”.
Finalmente, el Santo Padre encomendó el Continente a la intercesión de Nuestra Señora de África.