29 de Enero – La juventud no es una época… – Tiempo ordinario

29 de Enero – La juventud no es una época… – Tiempo ordinario

Evangelio según San Marcos 4, 26-34

Y decía: “El Reino de Dios es como un hombre que echa la semilla en la tierra: sea que duerma o se levante, de noche y de día, la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo.

La tierra por sí misma produce primero un tallo, luego una espiga, y al fin grano abundante en la espiga.

Cuando el fruto está a punto, él aplica en seguida la hoz, porque ha llegado el tiempo de la cosecha”.

También decía: “¿Con qué podríamos comparar el Reino de Dios? ¿Qué parábola nos servirá para representarlo?

Se parece a un grano de mostaza. Cuando se la siembra, es la más pequeña de todas las semillas de la tierra, pero, una vez sembrada, crece y llega a ser la más grande de todas las hortalizas, y extiende tanto sus ramas que los pájaros del cielo se cobijan a su sombra”.

Y con muchas parábolas como estas les anunciaba la Palabra, en la medida en que ellos podían comprender.

No les hablaba sino en parábolas, pero a sus propios discípulos, en privado, les explicaba todo.

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Oración para el Día de la PAZ y la NO Violencia

Oración para la CUARESMA del Papa Francisco

ÁNGELUS con el Papa Francisco

La juventud no es una época de la vida

Es un estado de la mente,
es una demostración de la voluntad.
Una cualidad de la imaginación,
el vigor de las emociones,
el predominio del valor sobre la timidez;
el deseo de aventuras,
en contraste con el deseo de comodidad.

Nadie es viejo por sólo haber vivido
un cierto número de años.
Se envejece solamente cuando
se abandonan los ideales.
Los años arrugan la piel;
renunciar a los ideales encoge el alma.

La inquietud, la duda, la falta de confianza,
el temor y el desespero… son los factores
que al cabo de largos años, hacen inclinar la cabeza
y encaminar el espíritu hacia el ocaso.

Que se tengan 70 o 16 años, hay siempre
en todo corazón humano, el amor a lo maravilloso,
la dulce admiración por las estrellas,
y por todo lo que irradie luz, sean acciones
o pensamientos, el intrépido desafío
de los acontecimientos, el inagotable
e infantil apetito del:
¿Qué viene después?

Uno es tan joven como su confianza,
tan viejo como su temor;
tan joven como su esperanza,
tan viejo como su desesperación.

Mientras que tu corazón recibe mensajes
de belleza, de alegría, de intrepidez,
de magnificencia y de poder, de la tierra,
de los hombres, y del infinito, eres joven.

Cuando todos los resortes se han aflojado
y todos los rincones del corazón están cubiertos
por la nieve del pesimismo y el hielo del cinismo,
entonces, y sólo entonces,
habrás llegado realmente a viejo,
y, llegado este momento,
que Dios tenga misericordia de tu alma.

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