Actualizado el 7 de marzo de 2026
Jesús y la Samaritana: «Dame de beber» – Reflexión y Lecturas
El Evangelio del tercer domingo de Cuaresma del Ciclo A nos presenta uno de los encuentros más profundos del Evangelio: Jesús y la mujer samaritana junto al pozo de Jacob.
En este pasaje, Jesús revela el significado del agua viva, símbolo de la gracia de Dios que sacia la sed más profunda del corazón humano.
En este artículo puedes encontrar:
- El Evangelio completo de Jesús y la Samaritana
- Las lecturas de la misa del tercer domingo de Cuaresma (Ciclo A)
- Reflexiones espirituales sobre la fe y la conversión
- Un vídeo explicativo del Evangelio
🎥 Evangelio del tercer domingo de Cuaresma
Jesús y la Samaritana «Dame de beber del agua viva»
Reflexión: SI CONOCIERAS EL DON DE DIOS
Son bastantes las personas que han eliminado de su vida toda experiencia religiosa. Ya no se comunican con Dios. Esta ruptura con Dios no es buena. No hace a la persona más humana ni da más fuerza para vivir.
Dios es invisible. “Nadie lo ha visto”, dice la Biblia. Es un Dios escondido. Según Jesús, ese Dios oculto se revela, no a los grandes e inteligentes, sino a los pequeños y sencillos, estén dentro o fuera de la Iglesia. Dios es inefable. No es posible definirlo ni explicarlo con conceptos. No podemos hablar de él con palabras adecuadas. Pero podemos hablarle y, lo que es más importante, Él nos habla, incluso aunque no abramos nunca las páginas de la Biblia.
Dios es gratuito. Ningún hombre o mujer queda lejos de su ternura, viva dentro o fuera de una comunidad creyente. A veces podemos captar su cercanía en nuestra propia soledad. Si escuchamos hasta el fondo nuestro propio desamparo, tal vez percibamos la presencia del Amigo fiel que acompaña siempre.
¿Por qué no abrirnos a él? Cuando nos vemos atrapados por el miedo o amenazados por la depresión y la tristeza, Él está ahí. Su presencia es respeto, amor y comprensión. ¿Por qué no invocarle?
Podemos intuirlo incluso en nuestras dudas y confusión. Cuando todo se nos hunde y no acertamos ya a creer en nada ni en nadie, queda Dios. Dios nos entiende y nos atrae hacia el bien.
¿Por qué no confiar en él? Dios está también en las mil experiencias positivas de la vida: en el hijo que nace, en la fiesta compartida, en el trabajo bien hecho, en el acercamiento íntimo a la pareja, en el paseo que relaja, en el encuentro amistoso que renueva. ¿Por qué no elevar el corazón hasta Dios y agradecerle el don de la vida?
Lecturas para la Eucaristía del 3º Domingo de Cuaresma (Ciclo A)
1ª Lectura
Lectura del libro del Éxodo 17,3-7
En aquellos días, el pueblo, torturado por la sed, murmuró contra Moisés:
- ¿Nos has hecho salir de Egipto para hacernos morir de sed a nosotros, a nuestros hijos y a nuestros ganados?
Clamó Moisés al Señor y dijo: - ¿Qué puedo hacer con este pueblo? Poco falta para que me apedreen.
Respondió el Señor a Moisés: - Preséntate al pueblo llevando contigo algunos de los ancianos de Israel; lleva también en tu mano el cayado con que golpeaste el río y vete, que allí estaré yo ante ti, sobre la peña, en Horeb; golpearás la peña y saldrá de ella agua para que beba el pueblo.
Moisés lo hizo así a la vista de los ancianos de Israel.
Y puso por nombre a aquel lugar Massá y Meribá, por la reyerta de los hijos de Israel y porque habían tentado al Señor diciendo: ¿Está o no está el Señor en medio de nosotros?
Palabra de Dios.
Comentario a la 1ª lectura
El pueblo de Israel es liberado de la esclavitud en la que se encontraba en Egipto, pero no queda contento ni saciado con una «simple esperanza en Dios». Sufre verdadera crisis de fe. Duda de que Dios les esté ayudando, se quejan del abandono en que les tiene el Señor y se entregan a la adoración de otros dioses que puedan ofrecerles la felicidad que ansían.
Salmo responsorial
Salmo 94
R. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón».
(se mantiene tu texto completo)
2ª Lectura
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 5,1-2.5-8
(texto completo igual)
Comentario a la 2ª lectura
El hombre está hecho para Dios y solamente en Dios encontrará saciados todos sus anhelos y colmadas sus apetencias.
La fe nos da paz y armonía en nuestras dudas y desasosiegos, la esperanza no nos puede defraudar, porque sabemos que el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado y se nos da por los sacramentos.
Evangelio del tercer domingo de Cuaresma
Lectura del santo evangelio según san Juan 4,5-42
(se mantiene íntegro tu texto del Evangelio)
Comentario sobre el Evangelio
La mujer samaritana cambia el rumbo de su vida al encontrarse con Jesús, quien le ofrece un agua de valor eterno: la paz y su gracia.
Ella, no solamente la acepta, sino que se hace apóstol de Cristo compartiendo con sus vecinos la paz y la luz que ha encontrado en Jesús. La samaritana ha experimentado el encuentro personal con Jesús.
Para nuestra reflexión personal
¿En qué se nota que soy hijo de Dios?
Los hijos de Dios se notan fácilmente. Tienen encanto especial. Son alegres y acogedores. No se echan para atrás. Son colaboradores, participativos, imaginativos. Siempre personas de esperanza, positivos. Y son especialmente amistosos, pacificadores, cálidos y cercanos, personas de toda confianza. Viven o se esfuerzan por vivir las Bienaventuranzas.
No aman las riquezas por encima de todo. No consienten la pobreza miserable para ningún hijo de Dios. No cultivan el orgullo ni se creen superiores. No envidian ni se comparan.
Son humildes, vacíos de sí mismos. Son sufridos y sensibles al sufrimiento de los demás. Saben llorar con los que lloran. No toleran la injusticia. Luchan por un mundo solidario, en que todos consigan su dignidad y sus derechos.
No aman la mentira. Tienen el corazón limpio. Son libres. Reconocen sus fallos y sus errores.
No utilizan la violencia. Irradian paz, y la crean, la defienden. Son amigos del diálogo y promotores de reconciliación y del perdón.
Domingo III de Cuaresma – Ciclo C
¿QUÉ IDEA TENEMOS DE DIOS?
Este domingo se nos invita a purificar nuestra idea de Dios o, incluso, a cambiarla si nos hemos formado una idea equivocada:
Dios no es un Dios lejano, desentendido de la humanidad, no es un juez implacable, condenador de lo humano, castigador, no es un Dios “tapagujeros”, que buscamos sólo en los problemas que no podemos solucionar, no es una creación mía, ni siquiera Dios es el resultado de sumar el esfuerzo de toda la humanidad por hacer un mundo más justo.
Una de las ideas más equivocadas de Dios, que tenían los contemporáneos de Jesús y que podemos tener nosotros, es que Dios castiga con el mal o que quien padece algún tipo de mal es a consecuencia de sus pecados, por lo que Dios le ha enviado ese mal.
El Dios que nos revela Jesús no es un Dios vengativo, dispuesto a castigar al malvado, sino un Dios compasivo y misericordioso, paciente con cada persona que espera dé los frutos de su conversión, pues la conversión no es sólo cambiar en el modo de pensar, sino también en el modo de actuar.
LECTURAS PARA LA EUCARISTÍA
Lectura del libro del Éxodo 3,1-8a. 13-15
En aquellos días, Moisés pastoreaba el rebaño de su suegro Jetró, sacerdote de Madián; llevó el rebaño trashumando por el desierto hasta llegar a Horeb, el monte de Dios.
El ángel del Señor se le apareció en una llamarada entre las zarzas. Moisés se fijó: la zarza ardía sin consumirse.
Moisés se dijo:
– Voy a acercarme a mirar este espectáculo admirable, a ver cómo es que no se quema la zarza.
Viendo el Señor que Moisés se acercaba a mirar, lo llamó desde la zarza:
– Moisés, Moisés.
Respondió él:
– Aquí estoy.
Dijo Dios:
– No te acerques; quítate las sandalias de los pies, pues el sitio que pisas es terreno sagrado.
Y añadió:
– Yo soy el Dios de tus padres, el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob.
Moisés se tapó la cara, temeroso de ver a Dios.
El Señor le dijo:
– He visto la opresión de mi pueblo en Egipto, he oído sus quejas contra los opresores, me he fijado en sus sufrimientos. Voy a bajar a librarlos de los egipcios, a sacarlos de esta tierra, para llevarlos a una tierra fértil y espaciosa, tierra que mana leche y miel.
Moisés replicó a Dios:
– Mira, yo iré a los israelitas y les diré: «El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros».
Si ellos me preguntan cómo se llama, ¿qué les respondo?
Dios dijo a Moisés:
– «Soy el que soy»; esto dirás a los israelitas: «Yo soy» me envía a vosotros.
Dios añadió:
– Esto dirás a los israelitas: «Yahvé (Él-es), Dios de vuestros padres, Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob, me envía a vosotros. Éste es mi nombre para siempre: así me llamaréis de generación en generación». Palabra de Dios.
COMENTARIO A LA 1ª LECTURA
Moisés en su huida de Egipto se refugia en la región de Madián y en uno de aquellos montes, el monte Sinaí, va a tener una experiencia mística, de encuentro con Dios y la encomienda de una difícil, pero extraordinaria misión: la liberación del pueblo. Moisés descubre al Señor en la zarza ardiendo sin consumirse y Dios le sale al encuentro por medio de la palabra.
SALMO
Sal 102, 1-2. 3-4. 6-7. 8 y 11
R. El Señor es compasivo y misericordioso.
- Bendice, alma mía, al Señor, y todo mi ser a su santo nombre.
Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides sus beneficios. R: - Él perdona todas tus culpas, y cura todas tus enfermedades;
él rescata tu vida de la fosa, y te colma de gracia y de ternura. R: - El Señor hace justicia, y defiende a todos los oprimidos;
enseñó sus caminos a Moisés, y sus hazañas a los hijos de Israel. R: - El Señor es compasivo y misericordioso,
lento a la ira y rico en clemencia;
como se levanta el cielo sobre la tierra,
se levanta su bondad sobre sus fieles. R:
2ª LECTURA
Lectura de la 1ª carta del apóstol san Pablo a los Corintios 10,1-6. 10-12
No quiero que ignoréis, hermanos, que nuestros padres estuvieron todos bajo la nube y todos atravesaron el mar y todos fueron bautizados en Moisés por la nube y el mar; y todos comieron el mismo alimento espiritual; y todos bebieron la misma bebida espiritual, pues bebían de la roca espiritual que los seguía; y la roca era Cristo. Pero la mayoría de ellos no agradaron a Dios, pues sus cuerpos quedaron tendidos en el desierto.
Estas cosas sucedieron en figura para nosotros, para que no codiciemos el mal como lo hicieron aquellos. No protestéis, como protestaron algunos de ellos, y perecieron a manos del Exterminador. Todo esto les sucedía como un ejemplo y fue escrito para escarmiento nuestro, a quienes nos ha tocado vivir en la última de las edades. Por lo tanto, el que se cree seguro, ¡cuidado!, no caiga. Palabra de Dios.
COMENTARIO A LA 2ª LECTURA
El apóstol Pablo recuerda a la comunidad de Corinto que no deben hacer igual que sus antepasados cuando cruzaron el desierto en busca de la Tierra prometida. Les manifiesta con mucha firmeza, que no deben codiciar el mal ni estar siempre protestando como hicieron sus padres. Ellos ya recibieron su merecido.
EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Lucas 13,1-9
En aquella ocasión se presentaron algunos a contar a Jesús lo de los galileos, cuya sangre vertió Pilato con la de los sacrificios que ofrecían. Jesús les contestó:
– ¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que los demás galileos, porque acabaron así? Os digo que no; y si no os convertís, todos pereceréis lo mismo. Y aquellos dieciocho que murieron aplastados por la torre de Siloé, ¿pensáis que eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Os digo que no. Y si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera.
Y les dijo esta parábola:
Uno tenía una higuera plantada en su viña, y fue a buscar fruto en ella, y no lo encontró.
Dijo entonces al viñador:
– Ya ves: tres años llevo viniendo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro. Córtala. ¿Para qué va a ocupar terreno en balde?
Pero el viñador contestó:
– Señor, déjala todavía este año; yo cavaré alrededor y le echaré estiércol, a ver si da fruto. Si no, el año que viene la cortarás. Palabra de Dios
COMENTARIO SOBRE EL EVANGELIO
Jesús, frente a la interpretación que hacían los fariseos, que consideraban toda desgracia como castigo de Dios, advierte que las desgracias no son castigos de Dios, sino “llamadas de Dios” para inclinarnos hacia la conversión al Señor, y «si no nos convertimos, todos pereceremos de la misma manera». Las desgracias y accidentes suceden a los buenos y a los malos, la diferencia estriba en el modo de aceptarlas, de enfocarlas y en la manera de sobrellevarlas.
PARA NUESTRA REFLEXIÓN PERSONAL
ESTAMOS ACOSTUMBRADOS A JUZGARLO TODO, PERO HACEMOS POCO PARA CAMBIARLO
Con frecuencia en el Evangelio vemos a Jesús lanzando un ataque a los fariseos que son capaces de “ver” la realidad, de emitir un juicio, pero que al final no sacan consecuencias de ello.
En algunas reuniones de formación de movimientos eclesiales que sirven de base para muchos trabajos de apostolado y espiritualidad se sigue el método del ver, juzgar… y actuar. Muchas veces nos ocurre que somos capaces de realizar análisis de la realidad extremadamente finos: nos paramos a contemplar nuestro mundo y conseguimos desmenuzarlo; detectamos hasta la más pequeña de las injusticias; nos posicionamos ante nuestra vida y sabemos perfectamente qué hilos deberíamos tocar para que todo se mueva en la dirección adecuada, pero al final nos puede pasar como a la higuera improductiva de la parábola que no damos frutos. Vemos, juzgamos… pero no actuamos.
Nos quedamos bloqueados en nuestra pereza, en la complacencia a veces de dejar que quienes nos rodean nos cuiden, nos abonen, incluso nos mimen, sin embargo, no ponemos demasiado empeño en cambiar las cosas que criticamos y que no nos gustan.