Actualizado el 12 de marzo de 2026
IV Domingo de Cuaresma – Ciclo A
Vídeo:
EL JESÚS DE LOS EXCLUÍDOS
Jesús mira al ciego de forma diferente a como lo ven los demás. Desde que lo ha visto, solo piensa en rescatarlo de aquella vida desgraciada de mendigo, despreciado por todos como pecador. Jesús se siente llamado por Dios para defender, acoger y curar precisamente a los que viven excluidos y humillados.
El encuentro del ciego con Jesús cambia su vida. Por fin podrá disfrutar de una vida digna, sin temor a avergonzarse ante nadie. El ciego curado confiesa abiertamente que ha sido Jesús quien se le ha acercado y lo ha curado, defiende a Jesús diciendo que es un profeta que viene de Dios. Por su parte los dirigentes religiosos se sienten obligados a controlar la pureza de la religión. Ellos decidirán si puede ser aceptado en la comunidad religiosa o no.
Jesús siempre viene al encuentro de aquellos que no son acogidos oficialmente por la religión. No abandona a quienes lo buscan y lo aman, aunque sean excluidos de las comunidades e instituciones religiosas. Los que no tienen sitio en nuestras iglesias tienen un lugar privilegiado en el corazón de Jesús.
La Iglesia de Jesús formada por sus seguidores estamos obligados a llevar hoy el mensaje de Jesús a los colectivos que escuchan constantemente las condenas públicas injustas; a las personas que se acercan a las celebraciones cristianas con temor a ser reconocidos y rechazados; a los que no pueden acercarse a comulgar con paz en nuestras eucaristías y se ven obligados a vivir su fe en Jesús en el silencio de su corazón, casi de manera secreta y clandestina.
LECTURAS PARA LA EUCARISTÍA
1ª LECTURA
Lectura del primer libro de Samuel 16,1b. 6-7. 10-13a
En aquellos días, dijo el Señor a Samuel:
– Llena tu cuerno de aceite y vete. Voy a enviarte a Jesé, de Belén, porque he visto entre sus hijos un rey para mí. Cuando se presentó vio a Eliab y se dijo:
– Sin duda está ante el Señor su ungido.
Pero el Señor dijo a Samuel:
– No mires su apariencia ni su gran estatura, pues yo lo he descartado. La mirada de Dios no es como la mirada del hombre, pues el hombre mira las apariencias, pero el Señor mira el corazón.
Hizo pasar Jesé a sus siete hijos ante Samuel, pero Samuel dijo:
– A ninguno de éstos ha elegido el Señor.
Preguntó, pues, Samuel a Jesé:
– ¿No quedan ya más muchachos?
Él respondió:
– Todavía falta el más pequeño, que está guardando el rebaño.
Dijo entonces Samuel a Jesé:
– Manda que lo traigan, porque no comeremos hasta que haya venido.
Mandó, pues, que lo trajeran; era rubio, de bellos ojos y hermosa presencia.
Dijo el Señor:
– Levántate y úngelo, porque éste es.
Tomó Samuel el cuerno de aceite y lo ungió en medio de sus hermanos.
Palabra de Dios.
COMENTARIO A LA 1ª LECTURA En el texto del 1º libro de Samuel se nos narra la elección de David como rey de Israel. La mirada de Dios no es como la mirada del hombre: pues el hombre mira las apariencias y Dios mira el corazón. De todos los hijos de Jesé Dios elige al pequeño, al último, en quien nadie se había fijado. Dios elige a los débiles para que resalte su bondad y su fuerza. |
Sal 22, 1-3a. 3b-4. 5. 6
R. El Señor es mi Pastor, nada me falta.
- El Señor es mi Pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace recostar;
me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas. R: - Me guía por el sendero justo,
por el honor de su nombre.
Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú vas conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan. R: - Preparas una mesa ante mí
enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume,
y mi copa rebosa. R: - Tu bondad y tu misericordia me acompañan
todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor
por años sin término. R:
2ª LECTURA
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 5,8-14
Hermanos:
En otro tiempo erais tinieblas, ahora sois luz en el Señor. Caminad como hijos de la luz (toda bondad, justicia y verdad son fruto de la luz) buscando lo que agrada al Señor, sin tomar parte en las obras estériles de las tinieblas, sino más bien poniéndolas en evidencia.
Pues hasta ahora da vergüenza mencionar las cosas que ellos hacen a escondidas.
Pero la luz, denunciándolas, las pone al descubierto, y todo lo descubierto es luz. Por eso dice: «Despierta tú que duermes, levántate de entre los muertos y Cristo será tu luz».
Palabra de Dios.
COMENTARIO A LA 2ª LECTURA
El apóstol Pablo ruega a los cristianos de Éfeso que caminen como hijos de la luz, siendo bondadosos y justos, haciendo siempre lo que agrada al Señor. Quien actúa en conformidad con el Evangelio de Jesús producirá buenos frutos, porque Jesús es «luz para los hombres».
EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Juan 9,1-41
En aquel tiempo, al pasar Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento. Jesús escupió en la tierra, hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos al ciego, y le dijo: – Ve a lavarte a la piscina de Siloé. Él fue, se lavó, y volvió con vista. Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego y le preguntaron cómo había adquirido la vista. Él les contestó: – Me puso barro en los ojos, me lavé y veo. Algunos de los fariseos comentaban: – Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado. Otros replicaban:
-«¿Cómo puede un pecador hacer semejantes signos?»
Y estaban divididos. Y volvieron a preguntarle al ciego:
-«Y tú, ¿qué dices del que te ha abierto los ojos?»
Él contestó:
-«Que es un profeta.» Y lo expulsaron de la sinagoga. Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo: – ¿Crees tú en el Hijo del hombre? Él contestó: – ¿Y quién es, Señor, para que crea en él? Jesús le dijo: – Lo estás viendo: el que te está hablando ése es. Él dijo: – Creo, Señor. Y se postró ante él. Los fariseos que estaban con él oyeron esto y le preguntaron: – ¿También nosotros estamos ciegos? Jesús les contestó: – Si estuvierais ciegos, no tendríais pecado; pero como decís que veis, vuestro pecado persiste.
Palabra del Señor.
COMENTARIO SOBRE EL EVANGELIO
En el relato evangélico se resaltan tres actitudes frente a Jesús bien diferenciadas: la hostilidad de sus enemigos que no ven en aquel milagro sino lo externo y lo espectacular, el miedo de los familiares que, reconociendo la actuación de Jesús, no tienen valor para defenderla y testificarla y la lealtad del ciego que no solamente goza de la alegría de su curación, sino que da testimonio de su salvación realizadas, ambas cosas, por Cristo-Jesús.
PARA NUESTRA REFLEXIÓN PERSONAL
EL ATEISMO DE LA INSINCERIDAD
Alguien ha dicho que el ateísmo que nos amenaza realmente en estos tiempos es «el ateísmo de la insinceridad». No nos atrevemos ya a plantearnos con seriedad las preguntas fundamentales en las que Dios nos puede salir al encuentro.
Por lo general, muchos hombres y mujeres en la actualidad no tienen coraje para preguntarse de dónde vienen y a dónde van, quiénes son y qué deben hacer en el breve tiempo que va entre el nacimiento y la muerte.
Estas preguntas no encuentran ya respuesta alguna. Más aún. La inmensa mayoría ni se las plantea. Son muchos los que dicen no encontrar un sentido a la vida, aunque lo más exacto sería decir que han perdido la capacidad de buscar sentido a su vida
Debajo de muchas actitudes de autosuficiencia, superficialidad o pasotismo, se esconde, con mucha frecuencia, una persona que no tiene valor para bajar con sinceridad a lo más hondo de su ser.
Es más fácil buscar satisfacciones inmediatas que enfrentarse responsablemente a la vida. Más fácil instalarse cómodamente en la seguridad que aspirar a vivir sinceramente como persona hasta las últimas consecuencias. Ser persona religiosa significa preguntarse apasionadamente por el sentido de la vida y estar abierto a una respuesta, aún cuando nos haga vacilar profundamente.
La persona que ha perdido el sentido de la vida, la razón de existir, aunque sea sana psíquicamente, está espiritualmente enferma».
Reflexión
EL PADRE MISERICORDIOSO
1- Misericordia. Si hay una palabra que resuma el mensaje de la Cuaresma de este año es ésta: «misericordia». Normalmente identificamos la misericordia con el perdón o la compasión. Pero tiene también otros significados: en la parábola del Buen Samaritano se identifica con lo que hoy llamamos «solidaridad». El origen etimológico de la palabra revela un sentido más rico y profundo. En hebreo «rahanim» expresa el apego de un ser a otro. Para la mentalidad semita este apego nace en el seno materno o útero, es decir en las entrañas. Nosotros diríamos que significa que una persona está en el corazón de otra: es el cariño, la ternura que se traduce en compasión y perdón ante el fallo de un hijo o de un hermano. El padre del «hijo pródigo» fue ciertamente misericordioso, porque llevaba a su hijo en el corazón, en sus entrañas más profundas. Demostró que le quería porque formaba parte de su ser. Por eso recibió a su hijo con los brazos abiertos, sin reprocharle nada. Le había perdonado incluso antes de que su hijo se lo pidiera. Así actúa Dios con nosotros. Espera que volvamos a su encuentro, porque es en su regazo, acogiéndonos a sus entrañas amorosas, como podemos ser felices.
2.- Misericordia es también ponerse en lugar del otro. El «hijo que no era pródigo», sin embargo no supo, o mejor, no quiso ser misericordioso, quizá porque le faltaban entrañas o porque su corazón era duro como una piedra. Es verdad que a todos nos cuesta perdonar a los que nos ofenden, máxime cuando nos hacen un daño terrible… Misericordia es también ponerse en lugar del otro. Es decir y sentir que «lo que a ti te pasa a mí me importa”. Eso es solidaridad, ponerse en lugar del otro y sentir en propia carne el dolor del hermano. Porque misericordia engloba dos términos: «miseria» y «corazón». Hay que poner corazón en la miseria humana, en aquél que tiene su cuerpo destrozado por la metralla o su espíritu roto por el desamor.
3.- Misericordia y caridad. En el salmo proclamamos: «¡gustad y ved qué bueno es el Señor!» (Salmo 33). Ser bueno no es simplemente no meterse con nadie, es hacer el bien, salir al encuentro del que está angustiado, perdonar y amar entrañablemente, como nos enseña Jesús en la parábola que yo titularía con otro encabezamiento: «El Padre misericordioso» porque él, el padre, es el auténtico protagonista. El Papa Francisco esta misma semana, al recordar los 10 años de la publicación de la Deus caritas est de Benedicto XVI, ha dicho que “caridad y misericordia están tan estrechamente vinculadas porque son el modo de ser y de actuar de Dios: su identidad y su nombre”. El Papa Francisco recordó la misión de la Iglesia y su anhelo: “Cuánto desearía que en la Iglesia cada fiel, cada institución, cada actividad revelara que Dios ama al hombre”. El Papa recordó el Jubileo extraordinario que ha convocado y su exhortación a poner en práctica las obras de misericordia: “En este Año jubilar he querido resaltar que todos podemos vivir la gracia del Jubileo, precisamente poniendo en práctica las obras de misericordia corporales y espirituales: vivir las obras de misericordia significa conjugar el verbo amar como lo hizo Jesús. Y así, todos juntos, contribuimos concretamente a la gran misión de la Iglesia de comunicar el amor de Dios, que desea extenderse”.
José María Martín, OSA
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LA PARÁBOLA DEL PADRE PRÓDIGO EN MISERICORDIA
1.- Los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos: ese acoge a los pecadores y come con ellos. Jesús les dijo esta parábola. De la lectura del texto evangélico se deduce claramente que Jesús no dirige su parábola a los fariseos y escribas para que estos se fijen en el comportamiento del hijo, sino para que se fijen en el comportamiento del Padre. Por eso, esta parábola debe llamarse con propiedad parábola del Padre pródigo, mejor que llamarla parábola del hijo pródigo. Y no hay duda de que esta parábola refleja mejor aún que ninguna otra la inmensa misericordia de Dios, como padre, hacia todos sus hijos, hacia los que siempre se portaron bien –hijo mayor– y hacia los que se portaron muy mal –hijo menor–. Lo que Jesús quiere decir con esta parábola a los fariseos y escribas que le criticaban es que él está haciendo con los pecadores que se acercaban a él exactamente lo que hace Dios con todos nosotros, justos y pecadores: amarnos pródigamente, es decir, con una generosidad sin límites. Pues bien, si nosotros queremos ser seguidores de Jesús, deberemos hacer lo mismo que él hacía: amar a todas las personas con generosidad extrema. Sólo así puede entenderse el mandamiento de Jesús de amar al prójimo, incluso al prójimo enemigo. Porque también parece claro que Jesús no amaba a los pecadores, para que siguieran siendo pecadores, sino para que dejaran de serlo. El amor a Jesús, exige de nosotros la conversión a Jesús. Debemos amar a todas las personas, precisamente para que todas las personas, incluidos nuestros enemigos, se hagan mejores, con nuestro amor. La seguridad que tenía el hijo menor en el amor pródigo de su padre es lo que le animó a volver a la casa paterna. Sí, si los cristianos queremos salvar el mundo, deberemos intentar hacerlo a base de mucho amor, de un amor pródigo, como hizo el Padre pródigo con su hijo. En este Año Jubilar de la Misericordia, éste puede ser un buen propósito para esta cuaresma.
2. El día siguiente a la Pascua, ese mismo día, comieron del fruto de la tierra: panes ázimos y espigas fritas. Cuando comenzaron a comer del fruto de la tierra, cesó el maná. La confianza en que Dios proveerá, no debe nunca excluir nuestro trabajo para conseguir lo que necesitamos, nuestra colaboración. En este libro de Josué se nos dice que Dios les dio el maná cuando no tenían otro medio de alimentarse, de sobrevivir, pero que cuando ellos, el pueblo, ya podía vivir del fruto de su trabajo, cesó el maná. Así debemos vivir nosotros: a Dios rogando y con el mazo dando. Y mientras nosotros tengamos trabajo y posibilidades de vivir del fruto de nuestro trabajo, demos gracias a Dios y acordémonos de los que no tienen trabajo, ni posibilidades de vivir del fruto de su trabajo. Este sentido debe tener nuestra limosna cuaresmal: dar a los que lo necesitan parte de lo que a nosotros nos sobra, de lo que para nosotros resulta no necesario, superfluo. La limosna es una virtud cristiana, que en este tiempo de cuaresma debemos practicar de una manera especial. Seamos capaces de discernir en cada caso, con sentido cristiano, cuánta limosna podemos dar y a quiénes debemos dar limosna.
3. El que es de Cristo es una criatura nueva… En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios. Cristo, con su vida, pasión y muerte, nos reconcilió a nosotros con Dios, haciéndonos una criatura nueva. Lo que ahora san Pablo pide a los fieles cristianos de Corinto es que ellos se reconcilien con Dios, viviendo como criaturas nuevas. Sabemos que en la comunidad cristiana de Corinto existían desavenencias y divisiones dentro de la comunidad cristina, precisamente porque, en muchos aspectos, seguían viviendo como criaturas carnales. San Pablo les dice que por el bautismo de Cristo han sido ya hechos criaturas nuevas, espirituales, y que deben vivir como tales, amándose mutuamente y viviendo como auténticos hijos de Dios, no como esclavos del pecado y de los ídolos. Apliquémonos a nosotros mismos estos consejos de san Pablo y vivamos como personas espirituales, dirigidos y gobernados por el espíritu de Cristo, por el amor cristiano, no por nuestras pasiones y esclavitudes corporales. Viviendo así podremos “gustar y ver qué bueno es el Señor”, como nos pide el salmo 33.
Gabriel González del Estal
www.betania.es
¡ALEGRÍA! ¡DIOS VIENE!
Vino, hecho niño en Belén y de nuevo pero en el calvario, se presentará dócilmente, obediente, con los brazos abiertos en cruz, sin ruido (como en Belén) pero con el mismo amor divino que en Belén. Viene, como Padre, a recuperarnos cuando malgastamos las horas de nuestra vida y, descubrimos, que tenemos las puertas del hogar tan abiertas como el primer día. Pero hoy, en este Año de la Misericordia, una interpelación sale a nuestro camino: ¿Somos conscientes de que nos hemos alejado de Dios? ¿Verán algunos que, lejos de malgastar su existencia, la disfrutan, la viven y la sienten como si esa fuera la mejor forma? Lo tenemos que reconocer: hay mucho católico que es feliz viviendo pródigamente para el mundo y muy escasamente para Dios. Al mundo, manos abiertas. Para Dios, puños cerrados.
1. Estamos de lleno metidos en la Santa Cuaresma y a pocos días ya de iniciar la Semana Santa. Y, que no se nos olvide: el Señor –con la parábola del hijo pródigo– nos hace ver que, no sólo es paciente sino que, cuando regresamos, salta de gozo y de alegría. El júbilo de Dios, al contrario del de muchos de nosotros, es una alegría por el que vuelve, por aquel que se libera de las garras de la mediocridad o de la frialdad del mundo para retornar y vivir definitivamente en la Casa del Padre. ¿Sentimos esto así? ¿En qué nos hemos alejado de Dios? Hoy no solamente contemplamos al hijo que se prodiga en el mundo hasta quedar arruinado. Vemos, además, un Dios que se prodiga con lo único que sabe hacer: amar.
2. Cuando nos marchamos lejos de Dios echándonos en manos de tantas seducciones que nos adormecen o engañan, no solamente vamos nosotros. Dios, mejor dicho, su corazón de Padre, va donde nosotros nos vamos. Lejos de abandonarnos, Dios, nos acompaña en esas situaciones en las que nos encontramos frecuentemente traicionados, despreciados, minusvalorados o huérfanos. Nos parecía encontrar a….y resulta que…
Dios, cuando miramos hacia atrás para buscarle, siempre sale a nuestro encuentro. Brinca de gozo porque, como hijos, nos recupera. Prepara, una auténtica fiesta, porque para Él es más importante el retorno que aquel momento de deserción. Puede más la misericordia que el ajuste de cuentas. Salta a la vista su mano abierta y queda a un lado el reproche. El padre de la parábola, con aquel hijo que cortó por lo sano (con la educación recibida, con su familia, trabajo, responsabilidad, etc.) marchó corriendo detrás de Él (aunque el hijo no lo supiera) y, el hijo cuando regresó encontró, sin fisura alguna el mismo amor que sin miramiento alguno dejó atrás.
3. Dios, a ninguno de los que creemos en El, nos fuerza a quedarnos bajo su amparo. Somos libres para creer y, tenemos libertad, para dudar de Él. Lo que nunca conseguiremos, y ese es el propósito del hijo mayor que refunfuñaba con la vuelta de su hermano, es cambiar el corazón del Padre, los sentimientos de Dios, su bondad infinita, sus brazos siempre abiertos a nuestra vuelta.
En cuantos momentos, consciente o inconscientemente, dejamos la seguridad de Dios para ir en búsqueda de otros dioses, de otros “padres” que van arruinándonos por dentro y por fuera. Y, en cuántas ocasiones, después de haber sido utilizados a merced de esos ídolos –cuando ya no hemos sido útiles– nos han dejado escorados en nuestra propia miseria. ¿O no? Es, en esos momentos de despiste o de tragedias personales, cuando nuevamente nuestros ojos comienzan a mirar y anhelar la casa del Padre, añorando su presencia, su cercanía o su amparo.
4.- Tal vez el hijo pródigo, está representando a esta sociedad nuestra (caprichosa e independiente) que intenta crearse un futuro sin Dios. Sin más pretensión que un mundo sin valores eternos o sin referencia a un Absoluto. ¿Es bueno? Creo, sinceramente, que no. En todo caso, la autodestrucción del hombre a manos del propio hombre, se acelera cuando nos alejamos del corazón de Dios.
Que el Señor, con su cruz, nos haga visualizar, entender, comprender y vivir el inmenso amor que Dios nos tiene.
Javier Leoz