Evangelio del 31º Domingo del tiempo ordinario

XXXI Domingo del Tiempo ordinario

Evangelio del 31º Domingo del tiempo ordinario

DOMINGO XXXI TIEMPO ORDINARIO/CICLO B

4 DE NOVIEMBRE DE 2018

EL MANDAMIENTO PRINCIPAL

El Señor nos ama a cada uno con todo su corazón y con todas sus fuerzas. Él nos creó a su imagen y cuando nos mira se ve reflejado en nosotros y vuelca hacia nosotros todo su corazón. Cada uno somos para Él sus hijos amados y predilectos.

Y ese amor total, infinito, nos libera de nuestros egoísmos, de nuestras esclavitudes. Nos quita nuestros miedos. Nos hace sentirnos perdonados, comprendidos, apoyados, disculpados, dignos de confianza…

Y ese amor nos hace sentirnos infinitamente felices, con una felicidad que nada ni nadie nos puede quitar, porque incluso en los momentos más difíciles nos sentimos amados con ese amor infinito que sólo Dios nos puede regalar.

Si no hemos descubierto que Dios nos quiere felices y que los mandamientos son el camino de la felicidad, una de dos: o está muerta nuestra fe o está gravemente enferma. Por eso hoy, hemos de preguntarnos si estamos en camino de descubrir que Dios nos quiere felices y que los mandamientos son el camino de la felicidad.

Hemos de preguntarnos también si estamos empeñados en amar a los demás como el Señor nos ama a nosotros y si nos esforzamos cada día por avanzar en ese camino. ¡Que el Señor nos de fuerzas para avanzar por el camino de la felicidad!

 

LECTURAS PARA LA EUCARISTÍA  

1ª LECTURA

Lectura del libro del Deuteronomio 6, 2,6

En aquellos días, habló Moisés al pueblo, diciendo: «Teme al Señor, tu Dios, guardando todos sus mandatos y preceptos que te manda, tú, tus hijos y tus nietos, mientras viváis; así prolongarás tu vida. Escúchalo, Israel, y ponlo por obra, para que te vaya bien y crezcas en número. Ya te dijo el Señor, Dios de tus padres: “Es una tierra que mana leche y miel.”

Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es solamente uno. Amarás al Señor, tu Dios, con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas. Las palabras que hoy te digo quedarán en tu memoria.»

Palabra de Dios  

 

COMENTARIO A LA 1ª LECTURA

El libro del Deuteronomio pone en boca de Moisés una de las grandes profesiones de fe en un Dios único. Moisés habla al pueblo de Israel para decirle: “escucha, Israel: el Señor nuestro Dios es solamente uno y lo amarás con todo tu corazón. El pueblo debe guardar los preceptos que Dios manda y así les irá bien.

 

SALMO

Sal 17,2-3a. 3bc-4 47 y 51ab

Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza.

  • Yo te amo, Señor tú eres mi fortaleza;                                                      Señor, mi roca, mi alcázar, mi libertador. R:
  • Dios mío, peña mía, refugio mío,                                                            escudo mío, mi fuerza salvadora, mi baluarte. R:
  • Invoco al Señor de mi alabanza y quedo libre de mis enemigos.

Viva el Señor, bendita sea mi Roca sea ensalzado mi Dios y Salvador.

Tú diste gran victoria a tu rey, tuviste misericordia de tu Ungido. R:

 

2ª LECTURA

Lectura de la carta a los Hebreos 7,23-28

 

Hermanos: Ha habido multitud de sacerdotes del antiguo Testamento, porque la muerte les impedía permanecer; como éste, en cambio, permanece para siempre, tiene el sacerdocio que no pasa. De ahí que puede salvar definitivamente a los que por medio de él se acercan a Dios, porque vive siempre para interceder en su favor.

Y tal convenía que fuese nuestro sumo sacerdote: santo, inocente, sin mancha, separado de los pecadores y encumbrado sobre el cielo.

Él no necesita ofrecer sacrificios cada día -como los sumos sacerdotes, que ofrecían primero por los propios pecados, después por los del pueblo, porque lo hizo de una vez para siempre, ofreciéndose a sí mismo. En efecto, la Ley hace a los hombres sumos sacerdotes llenos de debilidades. En cambio, las palabras del juramento, posterior a la Ley, consagran al Hijo, perfecto para siempre.

Palabra de Dios.

 

COMENTARIO A LA 2ª LECTURA

   El apóstol Pablo anuncia a los atenienses “al dios desconocido” para ellos. Es el Dios creador de todos y salvador de todos; un Dios personal al que debemos dar culto y amar con todo el corazón, ya que por él vivimos, nos movemos y existimos.

Presenta a Jesucristo, como Hijo de Dios, que se ofrece como sacrificio personal, capaz de transformar al hombre haciéndolo “justo” e “hijo de Dios” por la gracia que Él nos ha merecido con su muerte y resurrección.

 

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Marcos 12, 28b-34

En aquel tiempo, un escriba se acercó a Jesús y le preguntó: – « ¿Que mandamiento es el primero de todos?» Respondió Jesús: «El primero es: “Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amaras al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser.”

El segundo es este: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay mandamiento mayor que estos.»

El escriba replicó: «Muy bien, Maestro, tienes razón cuando dices que el Señor es uno solo y no hay otro fuera de él; y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios.»

Jesús, viendo que había respondido sensatamente, le dijo: «No estás lejos del reino de Dios.» Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

Palabra de Dios 

COMETARIO AL EVANGELIO

Para Jesús los dos únicos mandamientos son: el primero y principal amar a Dios sobre todas las cosas y el segundo y tan importante como el primero amar al prójimo igual que nos amamos a nosotros mismos.

Sólo el amor a Dios hace posible el amor al prójimo y sólo el amor a Dios da firmeza y base al amor al prójimo. Poner en práctica estos dos mandamientos es más importante que todos los sacrificios y ofrendas que podamos hacer al Señor.    

 

PARA NUESTRA REFLEXIÓN PERSONAL

EL AMOR SE APRENDE

 

Hay personas que se pasan la vida esforzándose por lograr que alguien los ame preocupándose por ser atractivos, resultar agradables, hacerse querer.

Hay personas que están convencidas de que amar es algo sencillo, y que lo difícil es encontrar personas agradables a las que se les pueda querer. Sólo se acercan a quien les cae simpático y en cuanto no encuentran la respuesta apetecida, su “amor” se desvanece.

Hay quienes confunden el amor con el deseo. Todo lo reducen a encontrar a alguien que satisfaga su deseo de compañía, afecto o placer. Cuando dicen “te quiero”, en realidad están diciendo, “te deseo”, “me apeteces”.

Para Jesús, el amor es la fuerza que mueve y hace crecer la vida, pues nos puede liberar de la soledad y la separación para hacernos entrar en la comunión con Dios y con los otros. El “amar al prójimo como a uno mismo” requiere un verdadero aprendizaje, siempre posible para quien tiene a Jesús como Maestro.

La primera tarea es aprender a escuchar al otro. Tratar de comprender lo que vive. Sin esa escucha sincera de sus sufrimientos, necesidades y aspiraciones no es posible el verdadero amor. Lo segundo es aprender a dar. No hay amor donde no hay entrega generosa, donación desinteresada, regalo.

El amor es todo lo contrario a acaparar, apropiarse del otro, utilizarlo, aprovecharse de él. Amar exige aceptar al otro con sus debilidades y su mediocridad. Ofrecer una y otra vez la posibilidad del reencuentro. Devolver bien por mal.