Evangelio del día 8 de Abril – Tiempo de Pascua

Decálogo para una Pascua feliz

Manifiesta hacia fuera,
lo que sientes por dentro.
Cuando uno descubre un tesoro,
es bueno compartirlo.

Llena tu vida de la alegría
de la presencia del Señor Resucitado.
No exijas pruebas. Fíate de la Palabra
de Jesús y confía en Dios.

Sé valiente en tus convicciones religiosas.
No cierres las puertas de tu conciencia
por miedo a nada ni a nadie.
Los fuertes se han de notar
en tiempos de dificultades.

Da testimonio de tu fe.
Como entonces también hoy, Jesús,
necesita de manos que trabajen en su campo,
de personas que sigan transmitiendo su mensaje.

Mira hacia el cielo.
Da gracias a Dios porque, con Jesucristo,
nuestra vida no tiene caducidad.
Volveremos a vernos.

Refleja, con tus acciones
y con tus palabras, que Jesús es importante en ti.
Un rostro alegre ayuda y anima mucho.

Reviste tu existencia, de paz y de concordia,
de serenidad y de optimismo.
El mundo tal vez no se transformará
de la noche a la mañana, pero,
allá donde tú estés, algo cambiará de color.

No tiembles por la situación de la iglesia.
De ti depende el que, cada día, sea mejor,
más coherente, más santa y más pascual.

No te dejes vencer por tus dudas.
Dios te ayudará a descubrirle en el momento
más insospechado o en la situación
por donde menos le esperabas encontrar.

Si alguien te dice que creer, exige ver,
demuéstrale con tus hechos que -la fe-
es operativa en ti y que, por lo tanto,
Dios se manifiesta a través de nosotros.

P. Javier Leoz

Evangelio del 8 de abril con el Padre Guillermo Serra

Evangelio según San Lucas 24, 35-48

Cuando los dos discípulos regresaron de Emaús y llegaron al sitio donde estaban reunidos los apóstoles, les contaron lo que les había pasado en el camino y cómo habían reconocido a Jesús al partir el pan.

Mientras hablaban de esas cosas, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: “La paz esté con ustedes”. Ellos, desconcertados y llenos de temor, creían ver un fantasma. Pero él les dijo: “No teman; soy yo.

¿Por qué se espantan? ¿Por qué surgen dudas en su interior? Miren mis manos y mis pies. Soy yo en persona. Tóquenme y convénzanse: un fantasma no tiene ni carne ni huesos, como ven que tengo yo”.

Y les mostró las manos y los pies. Pero como ellos no acababan de creer de pura alegría y seguían atónitos, les dijo: “¿Tienen aquí algo de comer?” Le ofrecieron un trozo de pescado asado; él lo tomó y se puso a comer delante de ellos.

Después les dijo: “Lo que ha sucedido es aquello de que les hablaba yo, cuando aún estaba con ustedes: que tenía que cumplirse todo lo que estaba escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los Salmos”.

Entonces les abrió el entendimiento para que comprendieran las Escrituras y les dijo: “Está escrito que el Mesías tenía que padecer y había de resucitar de entre los muertos al tercer día, y que en su nombre se había de predicar a todas las naciones, comenzando por Jerusalén, la necesidad de volverse a Dios y el perdón de los pecados. Ustedes son testigos de esto”.

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