Evangelio del Domingo IV – Tiempo Ordinario Ciclo C

Evangelio del Domingo IV Tiempo Ordinario Ciclo C

4º DOMINGO TIEMPO ORDINARIO/CICLO C 3 DE FEBRERO DE 2019

LA FE Y EL AMOR TIENEN QUE IR DE LA MANO

      La fe supone creer en Alguien, pero no como una mera creencia intelectual. La fe implica que el creyente tiene que dar una respuesta personal como corresponde a cualquier encuentro de amor, sobre todo cuando quien toma la iniciativa siempre es Dios.

      Creer en Jesús, el Señor, tener fe en Él como todo acto voluntario que debe ser implica que esa fe debe estar refrendada por nuestras obras y no podemos quedarnos sólo en ritos. La fe adulta compromete desde el momento que debe propiciar tener una actitud que ilumine este mundo nuestro secularizado, sin excluir, por supuesto, el justo valor que tiene todo lo humano. Los cristianos aceptamos la autonomía de las leyes naturales con todas las consecuencias, sin miedos ni anatemas, y con la comunidad científica de la mano, porque estamos convencidos que los avances de la ciencia también son cosa de Dios.

        Los cambios son muy rápidos y el camino es difícil, como en todo tiempo, pero la fe solo está en entredicho cuando el amor fraterno no es la senda que nos caracteriza. Fe y amor van de la mano, por lo que los cristianos deberíamos ponernos, cuanto antes, manos a la obra.                                   

LECTURAS PARA LA EUCARISTÍA

Lectura del libro de Jeremías 1,4-5. 17-19
En los días de Josías, recibí esta palabra del Señor:
– Antes de formarte en el vientre, te escogí; antes de que salieras del seno materno, te consagré: te nombré profeta de los gentiles. Tú, cíñete los lomos, ponte en pie y diles lo que yo te mando. No les tengas miedo, que si no, yo te meteré miedo de ellos.
Mira; yo te convierto hoy en plaza fuerte, en columna de hierro, en muralla de bronce, frente a todo el país: frente a los reyes y príncipes de Judá, frente a los sacerdotes y la gente del campo. Lucharán contra ti, pero no te podrán, porque yo estoy contigo para librarte. Palabra de Dios.

COMENTARIO A LA 1ª LECTURA

     El profeta Jeremías, elegido y llamado por Dios desde el mismo vientre de su madre, sabe que tiene una misión que debe cumplir sin miedo. Sabe que Dios que lo envía lo hará fuerte y no podrán con él cuando se enfrente a reyes y príncipes, sacerdotes y pueblo llano, porque Dios está con él.    

SALMO 

 Sal 70, 1-2. 3-4a. 5-6ab. 15ab y 17
R. Mi boca contará tu salvación, Señor.

2ª LECTURA

Lectura de la 1ª carta del apóstol san Pablo a los Corintios 12,31_13,13
Hermanos:
Ambicionad los carismas mejores. Y aún os voy a mostrar un camino mejor.
Ya podría yo hablar las lenguas de los hombres y de los ángeles; si no tengo amor, no soy más que un metal que resuena o unos platillos que aturden.
Ya podría tener el don de predicción y conocer todos los secretos y todo el saber; podría tener fe como para mover montañas; si no tengo amor, no soy nada.
Podría repartir en limosnas todo lo que tengo y aun dejarme quemar vivo; si no tengo amor, de nada me sirve.
El amor es comprensivo, el amor es servicial y no tiene envidia; el amor no presume ni se engríe; no es mal educado ni egoísta; no se irrita, no lleva cuentas del mal; no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad.
Disculpa sin límites, cree sin límites, espera sin límites, aguanta sin límites.
El amor no pasa nunca. ¿El don de predicar? -se acabará. ¿El don de lenguas? -enmudecerá. ¿El saber? -se acabará.
Porque inmaduro es nuestro saber e inmaduro nuestro predicar; pero cuando venga la madurez, lo inmaduro se acabará.
Cuando yo era niño, hablaba como un niño, sentía como un niño, razonaba como un niño. Cuando me hice un hombre, acabé con las cosas de niño.
Ahora vemos como en un espejo de adivinar; entonces veremos cara a cara.
Mi conocer es por ahora inmaduro, entonces podré conocer como Dios me conoce. En una palabra: quedan la fe, la esperanza, el amor: estas tres.
La más grande es el amor. Palabra de Dios.

COMENTARIO A LA 2ª LECTURA

    El apóstol Pablo les dice a los cristianos de Corinto y nos dice a nosotros que el amor es el manantial de todos los bienes. Podríamos tener dones especialísimos y hacer cosas maravillosas, pero nada de lo que hiciéramos tendría valor alguno si no lo hacemos por amor a los demás, un amor que está al servicio de los demás y que se debe practicar con humildad sin esperar nada a cambio, debe ser un amor desinteresado.                               

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Lucas 4,21-30
En aquel tiempo, comenzó Jesús a decir en la sinagoga:
– Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír.
Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de sus labios.
Y decían:
– ¿No es éste el hijo de José?
Y Jesús les dijo:
– Sin duda me recitaréis aquel refrán: «Médico, cúrate a ti mismo»; haz también aquí en tu tierra lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaún.
Y añadió:
– Os aseguro que ningún profeta es bien mirado en su tierra. Os garantizo que en Israel había muchas viudas en tiempos de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses, y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, más que a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo; sin embargo, ninguno de ellos fue curado, más que Naamán, el sirio.
Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo empujaron fuera del pueblo hasta un barranco del monte en donde se alzaba su pueblo, con intención de despeñarlo. Pero Jesús se abrió paso entre ellos y se alejaba. Palabra de Dios 

COMENTARIO SOBRE EL EVANGELIO

    El evangelista Lucas nos relata lo que sucedió a Jesús cuando se presentó en la sinagoga de su pueblo de Nazaret y afirmó que “la Escritura que leyeron allí, se cumplía en él”. Jesús les habla de su misión salvadora, por el perdón de los pecados, liberando a los oprimidos por el diablo, dando esperanza a los desheredados, en definitiva buscando la conversión a Dios de corazón y por eso no solamente rechazan su mensaje, sino que además tratan de despeñarle y así quitárselo de en medio. 

PARA NUESTRA REFLEXIÓN PERSONAL

SER PROFETA EN EL SIGLO XXI

     El profeta es un llamado por Dios, un consagrado por Dios, un poseído de Dios, un lleno de Dios, a quien se le ha encomendado la misión de hablar palabras de Dios. El profeta siempre tiene que decir lo que Dios le indica, porque habla en su nombre y su palabra es la palabra de Dios. El profeta también tiene que denunciar las infidelidades del pueblo para con su Dios, el pecado presente en las estructuras sociales y religiosas, denunciar que a Dios se le honra con los labios, pero no con el corazón ni con la vida. El profeta con sus denuncias está llamando a la conversión, a que cambiemos de actitud, de forma de pensar y de actuar.

    Nosotros por nuestro bautismo somos profetas, estamos consagrados por Dios, llenos de Dios, poseídos por Dios, y  por nuestra condición de profetas estamos llamados a ser palabras de Dios con nuestra voz y con nuestras obras, a ser anuncio de la buena noticia de que Dios nos ama, a ser denuncia de las condiciones y las manifestaciones del pecado en la sociedad y en las realidades del mundo, a ser una invitación a la conversión personal y a la colaboración en la construcción del Reino.

     ¿Somos conscientes de que debemos cumplir con nuestra misión de profetas? A nosotros, como a Jeremías, el Señor nos dice: “Irás y les dirás lo que yo te mande. No les tengas miedo porque yo estaré contigo y te haré plaza fuerte”.