Lecturas diarias – 25 de Octubre – Mi pena se va haciendo paz…

Lecturas diarias – 25 de Octubre – Mi pena se va haciendo paz…| Domingo XXX del Tiempo ordinario

Disfruta cada día de la Palabra de Dios y compártela para que llegue a los corazones de tantos cristianos que necesitan este alimento diario.

EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO 22, 34-40

Entonces los fariseos, oyendo que había hecho callar a los saduceos, se juntaron a una. Y uno de ellos, intérprete de la ley, preguntó por tentarle, diciendo: Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley?

Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente.

Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas.


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ORACIÓN a la Virgen del Rosario

ORACIÓN del Ángelus por el Papa Francisco


Mi pena se va haciendo paz en mi corazón

“Como el anochecer entre los árboles silenciosos,
mi pena, callándose, callándose, se va haciendo paz
en mi corazón” (R.Tagore).

¡Qué plenitud desborda mi alma tras las horas de la dura pena!
Puede que este día u otro cualquiera sientas el azote, el latigazo,
el zarpazo de la pena en tu vida. Nada es duradero cuando uno
pone de su parte todo el esfuerzo para que aflore en nuestro ser
lo mejor que encierra. Te invito a que no le des vueltas
a la cabeza pensando lo peor: no hay remedio para mi mal.

Es mentira. Toda pena desaparece en seguida de ti cuando
te sobrepones y la borras ponto. Como una ola borra la huella
que ha dejado la anterior de forma rítmica e intermitente.

La noche, con su canto de oscuridad hace que todo lo veas negro.
Deja que la luz del día alumbre tu vida entera. Recuerda las palabras
del Salmo de la Biblia: «Ante ti, Señor, la noche es como el día».

Esa es la realidad cuando vives envuelto en el espacio
de tu propia realidad y no bajo los efectos de los fantasmas
que crea tu imaginación.

Me contaba un grupo de jóvenes que les costaba insertarse
en el mundo duro del trabajo. La razón no era otra que ésta:
nunca habían sufrido nada. Todo se lo daban hecho en casa.
Nada les había faltado. Y sin sufrimiento, sin pena aceptada
en el fuego del corazón, nadie madura suficientemente.
Acepta la pena que te aflige por horas y días.
Te hará cambiar y te madurará convirtiéndose en tu vida
en un lago cuta paz es visible para todos.

¡Vive hoy feliz!

P. Felipe Santos Campaña SDB

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