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Lecturas diarias: 29 de Junio – Las llaves de Pedro… – Festividad de San Pedro y San Pablo

San Pedro y San Pablo

San Pedro y San Pablo

Lecturas diarias: 29 de Junio – Las llaves de Pedro… – Festividad de San Pedro y San Pablo

Lecturas diarias

Solemnidad de los Santos Pedro y Pablo

Solemnidad – Rojo
Misa vespertina: del domingo
Hechos 12, 1-11 / Timoteo 4, 6-8, 17-18
/ Mateo 16, 13-19
Salmo responsorial Sal 33, 2-9

R/. “El Señor me libró de todos mis temores”

Santoral:
San Pedro y San Pablo, Santos María Tian de Du,
Magdalena Du Fengju, Pablo Wu Kiunan, San Juan
Bautista Wu Mantang y San Pablo Wu Wa

Las llaves de Pedro y la espada de Pablo

La llave con la que Pedro abrió el corazón del Señor,
la forjó en su arrepentimiento.

La espada con la que Pablo cambió su vida,
la olvidó en su conversión.

La llave con la que Pedro abrió caminos al Señor,
la compró con su entusiasmo.

La espada con la que Pablo levantó pueblos para Dios,
la humilló con su afán de salvación.

La llave con la que Pedro descubrió la verdad de Jesús,
la abrillantó por la confesión de su Nombre.

La espada con la que Pablo dio la vida por Cristo,
la mantuvo limpia por sus incontables viajes.

La llave con la que Pedro abrió corazones para Cristo,
la fortaleció por la inmensa confianza en Él.

La espada con la que Pablo defendía a Cristo,
la cuido con su lenguaje certero y universal.

La llave con la que Pedro levantaba muertos y curaba enfermos,
la recogió de manos de Jesucristo.

La espada con la que Pablo difundió su fe en Jesús,
la firmaba con sus cartas y predicaciones.

La llave con la que Pedro dejó su afán de pescador,
la olvidó con la fidelidad a Cristo.

La espada de San Pablo, cortante, viva y eficaz,
hablaba y se movía a una con la Palabra de Dios.

La llave con la que Pedro se hizo amigo de Jesús,
tenía ruido de sencillez y astucia.

La espada con la que San Pablo abrió horizontes a la fe,
voló lejos por su compromiso activo y misionero.

La llave con la que Pedro mantuvo su cercanía con Cristo,
se hizo grande por su amistad con Él.

La espada con la que se impuso frente a las dificultades,
se alargaba por su inmensa energía evangelizadora.

La llave con la que Pedro probó su fidelidad al Evangelio,
se hizo más dura por su martirio.

La espada con la que venció sus muchas fragilidades,
se dobló por su trabajo incansable.

La llave de oro con la que Pedro guardó el depósito de la fe,
guardó lo más importante y esencial con su primacía.

La espada con la que Pablo, como Pedro, dio razón de su fe:
se tiñó por su sangre derramada.

Pero tanto las llaves de Pedro, como la espada de Pablo,
estuvieron fundidas por un mismo metal: la unidad.
Por un mismo herrero: Jesús.
En una misma fragua: la fe.
En un mismo objetivo: el Evangelio.
Con una misma mano: Dios.
Con una fuerza poderosa: el Espíritu Santo.
En una misma familia: la Iglesia Apostólica.

Nunca, unas llaves ni una espada, siendo tan diferentes,
han logrado abrir tantos corazones para Dios, ni de cortar
tantos hilos que tenían encadenadas conciencias y vidas,
mujeres y esclavos, ricos y pobres, continentes enteros…
para que se agarrasen a Dios.
Han sido y son, las llaves de Pedro y la espada de Pablo.

Con todo ello, en este día de los pilares de la iglesia,
tenemos un recuerdo y oración especial por ese testigo
del Evangelio que nos ensambla con el primer testimonio
de los apóstoles y que es signo de unidad, de caridad
y de comunión en toda la iglesia: el Papa Francisco.
Dios lo acompañe en su intento de renovación, profunda
y espiritual, de nuestra Iglesia.

P. Javier Leoz

Liturgia – Lecturas del día

SANTOS PEDRO Y PABLO, APÓSTOLES
Solemnidad

Ahora sé que realmente el Señor me libró
de las manos de Herodes

Lectura de los Hechos de los Apóstoles
12, 1-11

El rey Herodes hizo arrestar a algunos miembros de la Iglesia para maltratarlos. Mandó ejecutar a Santiago, hermano de Juan, y al ver que esto agradaba a los judíos, también hizo arrestar a Pedro. Eran los días de «los panes Ácimos».

Después de arrestarlo, lo hizo encarcelar, poniéndolo bajo la custodia de cuatro relevos de guardia, de cuatro soldados cada uno. Su intención era hacerlo comparecer ante el pueblo después de la Pascua. Mientras Pedro estaba bajo custodia en la prisión, la Iglesia no cesaba de orar a Dios por él.

La noche anterior al día en que Herodes pensaba hacerlo comparecer, Pedro dormía entre los soldados, atado con dos cadenas y los otros centinelas vigilaban la puerta de la prisión.
De pronto, apareció el Ángel del Señor y una luz resplandeció en el calabozo. El Ángel sacudió a Pedro y lo hizo levantar, diciéndole: «¡Levántate rápido!» Entonces las cadenas se le cayeron de las manos.

El Ángel le dijo: «Tienes que ponerte el cinturón y las sandalias» y Pedro lo hizo. Después de dijo: «Cúbrete con el manto y sígueme».

Pedro salió y lo seguía; no se daba cuenta de que era cierto lo que estaba sucediendo por intervención del Ángel, sino que creía tener una visión.

Pasaron así el primero y el segundo puesto de guardia, y llegaron a la puerta de hierro que daba a la ciudad. La puerta se abrió sola delante de ellos. Salieron y anduvieron hasta el extremo de una calle, y en seguida el Ángel se alejó de él.

Pedro, volviendo en sí, dijo: «Ahora sé que realmente el Señor envió a su Ángel y me libró de las manos de Herodes y de todo cuanto esperaba el pueblo judío».

Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL 33, 2-9

R. El Señor me libró de todos mis temores.

Bendeciré al Señor en todo tiempo,
su alabanza estará siempre en mis labios.
Mi alma se gloria en el Señor:
que lo oigan los humildes y se alegren. R.

Glorifiquen conmigo al Señor,
alabemos su Nombre todos juntos.
Busqué al Señor: Él me respondió
y me libró de todos mis temores. R.

Miren hacia Él y quedarán resplandecientes,
y sus rostros no se avergonzarán.
Este pobre hombre invocó al Señor:
Él lo escuchó y lo salvó de sus angustias. R.

El Ángel del Señor acampa
en tomo de sus fieles, y los libra.
¡Gusten y vean qué bueno es el Señor!
¡Felices los que en Él se refugian! R.

Está preparada para mí la corona de justicia

Lectura de la segunda carta del Apóstol san Pablo a Timoteo 4, 6-8. 17-18

Querido hijo:
Ya estoy a punto de ser derramado como una libación, y el momento de mi partida se aproxima: he peleado hasta el fin el buen combate, concluí mi carrera, conservé la fe. Y ya está preparada para mí la corona de justicia, que el Señor, como justo Juez, me dará en ese Día, y no solamente a mí, sino a todos los que hayan aguardado con amor su manifestación.

El Señor estuvo a mi lado, dándome fuerzas, para que el mensaje fuera proclamado por mi intermedio y llegara a oídos de todos los paganos. Así fui librado de la boca del león.

El Señor me librará de todo mal y me preservará hasta que entre en su Reino celestial. ¡A El sea la gloria por los siglos de los siglos! Amén.

Palabra de Dios.

EVANGELIO

Tú eres Pedro, y te daré las llaves del Reino de los Cielos a Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo16, 13-19

Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Qué dice la gente sobre el Hijo del hombre? ¿Quién dicen que es?»

Ellos le respondieron: «Unos dicen que es Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías o alguno de los profetas».

«Y ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy?» Tomando la palabra, Simón Pedro respondió: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo».

Y Jesús le dijo: «Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo. Y Yo te digo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder de la muerte no prevalecerá contra ella. Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos.

Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo».

Palabra del Señor.

Reflexión – SAN PEDRO Y SAN PABLO, ORIGEN Y META DE LA IGLESIA DE DIOS

Jesús propuso una encuesta a sus discípulos. Primero quiere saber lo que dice de él la gente y después, qué piensan ellos: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del Hombre? – Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? – Simón Pedro contestó: «Tu eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo». Entonces Jesús le hizo una promesa formal: «Dichoso, porque eso no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre, que está en el cielo.

Y yo te digo: Tú eres Pedro» (Mateo 16,13) –Pedro, Petros, Quefá, Piedra, Roca–. En ese momento, Pedro sintió la mirada fija del Señor, pues toda vocación implica una mirada especial del Esposo, que enamora a la esposa, de invitación, predilección, y de gracia. Pedro es el primero a quien Jesús ha llamado.

Nació en Betsaida, junto al lago de Tiberiades y se trasladó a Cafarnaún, donde junto los hijos del Zebedeo, con Juan y Santiago, había montado una sociedad familiar, una empresa pesquera.

Elegidos los tres por Jesús, se convirtieron en los discípulos más íntimos y fueron testigos de los mayores acontecimientos de su vida, como la Transfiguración en el Tabor, donde Pedro pretendía establecerse, la resurrección de la hija de Jairo, y la agonía de Getsemaní, donde le contemplaron chorreando sangre.

El temperamento de Pedro era rudo, impetuoso y espontáneo, lo que hoy consideraríamos primario, sanguíneo y colérico. Lo podemos comprobar tanto cuando contempla exaltado la pesca milagrosa, cuando Jesús se dispone a lavarle los pies en la última Cena, o cuando defiende a Jesús en el huerto con la espada. Y se manifiesta repentizador y creativo, cuando le propone a Jesús construir tres chozas en el monte de la Transfiguración, donde se encontraba feliz.

A Pedro y a sus sucesores les concede Jesús una misión única en la Iglesia. Como ésta es presentada bajo la imagen de un edificio o construcción, necesita cimiento, roca visible, aunque el fundamento invisible es Cristo resucitado, «porque nadie puede poner otro fundamento que el que está ya puesto, que es Jesucristo» (1 Cor 3,10).

Si el fundamento invisible es Cristo resucitado, el visible es la cátedra de Pedro. Estos cimientos son la garantía de la indefectibilidad de la Iglesia en el tiempo y en las tormentas que tiene que superar su barca, que es otra alegoría apropiada al pescador de Galilea, acostumbrado a capear y bracear en temporales y borrascas.

EL SUCESOR DE PEDRO

Hoy es el Papa, sucesor de Pedro, quien tiene la misión de guiar la Iglesia de Cristo, su rebaño. Es el sucesor de Pedro, quien lleva el palio, metáfora de Cristo cargado con las ovejas que redime.

Este episodio evangélico tiene que llevarnos a renovar nuestra fidelidad al Papa y a los obispos, y a pensar que a ejemplo de Pedro, el Señor nos pide saber amar. Sólo podremos ser apóstoles del Señor, si sabemos amar.

El amor y la humildad, son las dos virtudes que debemos aprender de Pedro y tratar de vivir. Sólo cuando vivimos éstas virtudes seremos capaces de cumplir la misión que el Señor nos ha encomendado a cada uno.

EL PRIMADO DE PEDRO

Pedro es el único apóstol a quien Jesús le encarga pastorear a sus corderos y ovejas. «Sólo juntos podemos estar con Cristo, que es el Señor de todos. garantizar así la comunión con Cristo. Jesús le asigna un nuevo nombre, Cefas, que quiere decir Roca.

Siempre es recordado como el primero del grupo en los Evangelios. Custodio de la comunión con Cristo; tiene que guiar en la comunión con Cristo de modo que la red no se rompa, sino que sostenga la gran comunión universal».

«La Iglesia es siempre de Cristo y no de Pedro. La responsabilidad de Pedro consiste en ser Primado de jurisdicción, y esta posición preeminente que Jesús quiso entregar a Pedro «se constata también después de la resurrección», en el nacimiento de la primera comunidad cristiana.

«En el Concilio de Jerusalén, Pedro desempeña una función directiva, y precisamente por el hecho de ser el testigo de la fe auténtica, el mismo Pablo reconocerá en él un papel de «primero» .

«Además, el hecho de que varios de los textos claves referidos a Pedro puedan ser enmarcados en el contexto de la Última Cena, en la que Cristo confiere a Pedro el ministerio de confirmar a los hermanos, muestra cómo la Iglesia, que nace del memorial pascual celebrado en la Eucaristía, tiene en el ministerio confiado a Pedro uno de sus elementos constitutivos».

Este contexto del Primado de Pedro en la Última Cena, explica la esencia del primado: Cristo en los Evangelios confío a Pedro un papel preeminente entre los apóstoles que consiste en garantizar la unidad en la Iglesia.

Recemos para que el primado de Pedro, confiado a pobres seres humanos, sea siempre ejercido en este sentido original deseado por el Señor y para que lo puedan reconocer cada vez más en su significado verdadero los hermanos que todavía no es tan en la Iglesia (7 junio 2006 Benedicto XVI)

El Papa es una persona «perfectamente capaz de afrontar los grandes retos de la actualidad». Está muy preparado en varios frentes y afrontar la secularización, promover el ecumenismo e impulsar una decidida y sincera evangelización.

Jesús Martí Ballester

www.betania.es

PEDRO Y PABLO EN EL AÑO DE LA FE

Al llegar la festividad de San Pedro y de San Pablo salen a flote los primeros pasos de nuestra era cristiana, tomando cuerpo y forma, criterio y testimonio en dos personas que fueron cimientos y puntales de los primeros tiempos de la evangelización cristiana: Pedro y Pablo

Era la hora de la verdad:
-De dar razón de las palabras de Jesús hasta los últimos confines de la tierra
-De pasar del dicho al hecho, incluso vertiendo la sangre
-De no seguir con miradas perdidas en el cielo
-De probar la verdad o la fragilidad de la fe en el discipulado

SAN PEDRO Y SAN PABLO: SERVIR ANTE TODO

-Son columnas de ese gran edificio espiritual que es nuestra Iglesia
-Son testimonio de un Cristo vivo de, aquellos, que lo supieron escribir con sangre
-Son, tan distintos, que fueron capaces de unirse en lo esencial: ¡por encima de todo el afán evangelizador! Como recientemente nos ha recordado el Papa Francisco, fueron personas (cristianos) contracorriente.

-Son punto de referencia a la hora de tomar un camino u otro en nuestra vida cristiana. Como San Pedro, a veces, corremos el riesgo de quedarnos “con y en los nuestros”. Como a San Pablo, qué bien nos vendría si Dios nos tirase de nuestro particular, altivo y querido caballo (orgullo, hipocresía, mentira, debilidad, falsos prejuicios, cobardía…..) para aventurarnos a lo nuevo sin miedo.

Muchos, hoy en la Iglesia, siguen entendiendo que el esfuerzo evangelizador ha de ir recompensado por una responsabilidad mayor, con un reconocimiento implícito o explícito por la Jerarquía Eclesial. Afortunadas las palabras del Papa Francisco: “muchos entienden su servicio a la Iglesia como un carrerismo”.

SAN PEDRO Y SAN PABLO: DIVERSIDAD PARA UNA MISMA FE

En uno Jesús puso la familiaridad y la cercanía, el compañerismo y hasta le leyó de antemano las contradicciones en las que caería en los aledaños de la Pascua.

Con el otro, Dios, quiso saltar las fronteras de una Fe que podía haberse quedado encerrada en las cuatro puertas de Palestina

En uno sobresale aquello de “ser amigo de sus amigos”. No le acompañó precisamente ni la ciencia ni las letras, pero tuvo la virtud de ser sencillo como una paloma y noble como el oro. Jesús, le hizo entrega de las llaves de esa gran familia que es nuestra Iglesia.

Con el otro, Dios hizo el milagro de la conversión radical. Pasó de ser adversario a ser “fan” y propagandista de Jesús. Se sintió derribado de sus esquemas y de sus acepciones, de su sabiduría y de su altanería.

Todo lo estimó en basura cuando lo comparaba con el amor/riqueza de Cristo. Pasó de la vehemencia a la docilidad ante su Dios.

Dios no quiere a superhombres para llevar a cabo su Reino. Dios quiere respuestas. Pedro le falló en las horas más decisivas de la Pasión de Jesús. Pablo se convirtió en uno de los más sangrientos perseguidores. Pero, después, con un “sí” uno pasó de ser pescador en Galilea a ser pescador de almas. El otro, de ser un incrédulo, guerrero e intelectual, a un enamorado de la causa de Jesús.

Dos personas distintas con un mismo denominador común: JESÚS…. ¡TODO POR JESÚS!

LOS NUEVOS “PEDRO” Y LOS NUEVOS “PABLO”

Aún con nuestras historias (buenas o malas), limitaciones (que son otras tantas), con los caminos emprendidos (a veces contrarios a la fe), aun siendo como somos (y mira que somos complicados)…

Dios sigue contando con nosotros: pone el tesoro de su Reino en nuestras manos aún a sabiendas que siempre serán empecinadas y constantes vasijas de barro.

Y, volviendo al Papa Francisco, qué bueno sería saber, pensar y reflexionar una de sus perlas lanzadas en la capilla de Santa Marta: “nunca he visto que detrás de un cortejo fúnebre vaya un camión de mudanzas”. Con nosotros, claro está, se va lo que hemos dado, trabajo, ofrecido y servido.

En esa carne (débil y pecadora) que somos los hombres y mujeres de nuestro tiempo, Dios va manifestándose todos y cada uno de los días. Ojalá seamos capaces de ofrecer a DIOS nuestra vida de tal manera que nos sintamos “menos superhombres” y “más amigos de Dios”.

Javier Leoz
www.betania.es

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