Domingo de la Santísima Trinidad

Domingo de la Santísima Trinidad

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo

¿Cómo se comunicaba Jesús con Dios?, ¿qué sentimientos se despertaban en su corazón?, ¿cómo lo experimentaba día a día? Los relatos evangélicos nos llevan a una doble conclusión: Jesús sentía a Dios como Padre, y lo vivía todo impulsado por su Espíritu. Jesús se sentía hijo querido de Dios.

Siempre que se comunicaba con Él lo llamaba Padre, un Padre que no excluía a nadie de su amor compasivo, un Padre cuyo gran proyecto era hacer de la tierra una casa habitable.

Fiel a este Padre y movido por su Espíritu, Jesús solo se dedicará a hacer un mundo más humano, todos han de conocer la Buena Noticia, sobre todo los que menos se lo esperan: los pecadores y los despreciados.

El Espíritu del Señor empuja a Jesús hacia los que más sufren. Es normal, pues ve grabados en el corazón de Dios los nombres de los más solos y desgraciados.

Los que para nosotros no son nadie, esos son precisamente los predilectos de Dios. Jesús sabe que a ese Dios no le entienden los grandes, sino los pequeños. Su amor lo descubren quienes le buscan, porque no tienen a nadie que enjugue sus lágrimas.

La mejor manera de creer en el Dios trinitario no es tratar de entender las explicaciones de los teólogos, sino seguir los pasos de Jesús, que vivió como Hijo querido de un Dios Padre y que, movido por su Espíritu, se dedicó a hacer un mundo más amable para todos.

LECTURAS PARA LA EUCARISTÍA

 

1ª LECTURA

Lectura del libro del Deuteronomio 4,32-34. 39-40

Habló Moisés al pueblo y dijo:

– Pregunta, pregunta a los tiempos antiguos, que te han precedido, desde el día en que Dios creó al hombre sobre la tierra: ¿hubo jamás desde un extremo al otro del cielo palabra tan grande como ésta?, ¿se oyó cosa semejante?, ¿hay algún pueblo que haya oído, como tú has oído, la voz del Dios vivo, hablando desde el fuego, y haya sobrevivido?, ¿algún Dios intentó jamás venir a buscarse una nación entre las otras por medio de pruebas, signos, prodigios y guerra, con mano fuerte y brazo poderoso, por grandes terrores, como todo lo que el Señor, vuestro Dios, hizo con vosotros en Egipto?

Reconoce, pues, hoy y medita en tu corazón que el Señor es el único Dios allá arriba en el cielo y aquí abajo en la tierra; no hay otro. Guarda los preceptos y mandamientos, que yo te prescribo hoy, para que seas feliz, tú y tus hijos, después de ti, y prolongues tus días en el suelo que el Señor tu Dios te da para siempre.

Palabra de Dios

COMENTARIO A LA 1ª LECTURA

Moisés presenta al pueblo de Israel a un Dios único y grande que está presente en sus vidas y que les protege constantemente por el mucho amor que les tiene. Trata al Señor con familiaridad, respeto y también con confianza, porque es el Dios único y verdadero al que no hay que ofrecerle sacrificios para apaciguarle sino respetarle por amor.

SALMO

Sal 32, 4-5. 6 y 9. 18-19. 20 y 22
R. Dichoso el pueblo que el Señor escogió como heredad.

  • La palabra del Señor es sincera, y todas sus acciones son leales;
    Él ama la justicia y el derecho, y su misericordia llena la tierra. R:
  • La palabra del Señor hizo el cielo, el aliento de su boca, sus ejércitos;
    porque Él lo dijo y existió, Él lo mandó y surgió. R:
  • Los ojos del Señor están puestos en sus fieles,
    en los que esperan en su misericordia,
    para librar sus vidas de la muerte
    y reanimarlos en tiempo de hambre.
  • Nosotros aguardamos al Señor: Él es nuestro auxilio y escudo;
    que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
    como lo esperamos de ti. R:

2ª LECTURA

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8,14-17
Hermanos:
Los que se dejan llevar por el Espíritu de Dios, ésos son hijos de Dios. Habéis recibido, no un espíritu de esclavitud, para recaer en el temor, sino un espíritu de hijos adoptivos, que nos hace gritar: ¡Abba! (Padre). Ese Espíritu y nuestro espíritu dan un testimonio concorde: que somos hijos de Dios; y si somos hijos, también herederos, herederos de Dios y coherederos con Cristo, ya que sufrimos con Él, para ser también con Él glorificados. Palabra de Dios

COMENTARIO A LA 2ª LECTURA

El apóstol Pablo nos presenta a un Dios cercano, próximo a nosotros y al que podemos llamar Padre. Los que nos dejamos llevar por el Espíritu de Dios formamos la familia de Dios. Esta integración familiar en lo divino como hijos de Dios y hermanos en Cristo nos responsabiliza en la adopción de una conducta y de una manera de actuar coherente con este principio de nuestra fe.

EVANGELIO

Final del santo evangelio según san Mateo 28,16-20
En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado.
Al verlo, ellos se postraron, pero algunos vacilaban.
Acercándose a ellos, Jesús les dijo:
– Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra. Id y haced discípulos de todos los pueblos bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Palabra de Dios Final del formularioPrincipio del formulario

COMENTARIO AL EVANGELIO

Jesús encomienda a sus discípulos una misión universal: extender su Buena Nueva a todos los pueblos y que a quien la acogiera y quisiera poner en práctica lo que Él les había enseñado recibieran el bautismo en el nombre de la Trinidad. Jesús prometió que estaría con nosotros hasta la consumación de los tiempos.

 

PARA NUESTRA REFLEXIÓN PERSONAL

 

EL DIOS EN QUIEN CREEMOS   

La fiesta de hoy nos invita a preguntarnos cuál es el Dios en quien creemos. Puede ser:

1.– Un Dios dispuesto a castigar a los que hacen el mal y a premiar a los que hacen el bien, un Dios vigilante siempre de nuestros comportamientos que nos hace vivir con la preocupación de no disgustarle para contar siempre con su favor, al que queremos tenerlo contento y evitar así su rechazo.

2.– Un Dios Todo Poderoso del que podemos arrancar favores y ventajas según nuestras necesidades. Un Dios al que podemos comprar, con quien podemos negociar, a quien podemos tener de nuestra parte para que nos resuelva nuestros problemas y si no conseguimos lo que le pedimos nos olvidamos de Él y decimos que no sirve para nada.

3.– Un Dios que como una abuelita todo nos lo consiente y nada nos exige con el que tenemos una relación superficial, engañosa que no nos comprometa a nada ni nos exige nada.

4.– El Dios de Jesús, que es el Dios en quien nosotros creemos, es un Padre bueno, misericordioso, preocupado por nosotros porque cada uno somos para Él importantes. Todo lo nuestro le interesa, y nos quiere felices y dichosos, pero es también un Padre que quiere que sepamos aprovechar todas las cosas que Él ha puesto en nuestras manos para que con responsabilidad procuremos que den fruto abundante. Es un Dios que se ha hecho hombre para que nos sea más fácil conocerle, encontrarle, sentirle cerca, que ha compartido todas las circunstancias de nuestra condición humana y sabe lo que es la alegría y la amistad, la traición y la violencia, la justicia y la persecución…

 

 

 

 

 

SOLEMNIDAD DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD/CICLO A