Octubre, mes del rosario

Octubre, mes del rosario

Con el 1 de octubre comienza un mes donde es aconsejable la práctica diaria del Santo Rosario.

De ahí que, desde estas lineas, incitemos a su recitación y si puede ser en familia mejor que mejor que, ya se sabe aquel dicho que en su tiempo se hizo muy famoso “Familia que reza unida, permanece unida”.

Frase que hay que atribuírsela al padre Peyton, uno de los grandes apóstoles que ha tenido el Rosario a lo largo de su ya larga, intensa pero fructífera historia.

Junto al rezo diario del Santo Rosario sería bueno que nos interesásemos por algunos de los ‘apóstoles’ que ha tenido esta devoción y también por los documentos que, sobre esta devoción, han escrito y firmado los diferentes Papas.

Así comprobaríamos directa y personalmente la gran riqueza que atesora esta plegaria y el porqué siempre está de actualidad y no puede pasar nunca de moda por más que algunos digan que “el rosario es cosa de monjas, de beatos y de ancianos.

Quienes así hablan están muy equivocados porque en Lourdes, Fátima y en otros sitios de peregrinaciones se ven a muchos jóvenes rezando el rosario. Y lo más importante, no se avergüenzan de tenerlo en la mano”.

Junto a esta reflexión, ponderada, justa y brillante de monseñor Vicente Jiménez, obispo de Santander, queremos refrescar la memoria intercalando la oración compuesta por el sacerdote, periodista y poeta valenciano Antonio Díaz Tortajada en honor a la Virgen María en su advocación de Virgen del Rosario.

Con ello pretendemos que la gente la rece y que, sobre todo en este mes de octubre, la hagan suya. Sería, si lo hicieran, una forma muy bonita de terminar ese Rosario en familia que desde aquí pretendemos aconsejar.

Les dejo con esta reflexión del obispo de Santander y con la oración que lleva la firma del sacerdote valenciano Antonio Díaz Tortajada. Que ustedes lo pasen lo mejor que piedan y ¡feliz mes de octubre con el Santo Rosario de la Virgen María!

El texto del Obispo de Santander

“El mes de octubre está consagrado, desde el tiempo de León XIII, gran devoto de la Virgen María, al santo Rosario.

El Rosario de la Virgen María, difundido gradualmente en el segundo Milenio bajo el soplo del Espíritu Santo, es una oración apreciada por numerosos santos y fomentada por el magisterio de la Iglesia.

En su sencillez y profundidad, sigue siendo también en el tercer Milenio una oración de gran significado, destinada a producir frutos de santidad.

El Rosario es “compendio de todo el Evangelio”; “oración bíblica”, con orientación profundamente cristológica; vástago germinado sobre le tronco secular de la Liturgia cristiana”, “salterio de la Virgen, mediante el cual los humildes quedan asociados al cántico de la alabanza y a la intercesión universal de la Iglesia”.

Estas son algunas de las expresiones usadas por el Papa Pablo VI, en la exhortación apostólica Marialis Cultus ( 2 de febrero de 1974), que denotan las riquezas y posibilidades inagotables del Rosario.

El Papa Juan Pablo II nos dejó al final de su pontificado una preciosa carta apostólica titulada El Rosario de la Virgen María (16 de octubre de 2002). “Recitar el Rosario – nos dice el Papa Juan Pablo II- es contemplar con María el rostro de Cristo” (RVM 3).

“Nos pone en comunión vital con Jesús a través […] del Corazón de María. Al mismo tiempo, nuestro corazón puede incluir en estas decenas del Rosario todos los hechos que entraman la vida del individuo, la familia, la nación, la Iglesia y la humanidad.

Experiencias personales o del prójimo, sobre todo de las personas más cercanas o que llevamos más en el corazón” (RVM 2). “Conduce al corazón mismo de la vida cristiana y ofrece una oportunidad ordinaria y fecunda, espiritual y pedagógica, para la contemplación personal, la formación del Pueblo de Dios y la nueva Evangelización” (RVM 3).

Tradicionalmente el Rosario ha sido una oración muy apropiada y utilizada para pedir por la paz y la familia. A estas dos intenciones podemos añadir una nueva muy necesaria hoy: por las vocaciones sacerdotales y a la vida consagrada.

Que la práctica diaria del rezo del Rosario, especialmente en este mes de octubre, nos sirva de estímulo para recuperar esta buena costumbre, si la hubiéramos perdido, y de entrenamiento para mantenerla en nuestro plan de vida cristiana, en nuestros hogares y en nuestras parroquias y comunidades”.

+ Vicente Jiménez Zamora. Obispo de Santander.

PLEGARIA A LA VIRGEN DEL ROSARIO

Por Antonio DÍAZ TORTAJADA (Sacerdote-periodista)

Santísima Virgen del Rosario:
Contigo queremos peregrinar a la casa de Dios nuestro Padre
junto con tu Hijo, Jesucristo, animados por el Espíritu Santo.

Te felicitamos Virgen María, por tu cercanía
y por tu bondad de Madre.

Te felicitamos Virgen María
porque tu has contribuido a hacernos más concientes
de nuestra condición de hijos de Dios
y de nuestra común dignidad. a lo largo del camino.

María, madre nuestra, desde el “bendito el fruto de tu vientre”,
hasta el “ahí tienes a tu hijo”; María madre nuestra, desde el “haced lo que os diga”,
hasta el cenáculo, acompañando a la Iglesia orante

en la espera del Espíritu Santo prometido,
queremos expresarte nuestro amor,
nuestro agradecimiento y nuestra súplica,

porque te has manifestado como madre
para recordarnos el camino del encuentro con Jesús
y fortalecer el vínculo fraterno que nos distingue
como miembros de la gran familia cristiana.

Te felicitamos Virgen María
por tu respuesta fiel al proyecto de Dios,
asociada a su plan salvífico a favor de su gloria y de nuestro bien.

Te felicitamos Virgen María porque fuiste coronada
por encima de todo lo creado,
gozando del triunfo de la victoria de Jesús
sobre el dolor, el pecado y la muerte

Te felicitamos Virgen María
porque participas de esa plenitud alcanzada
porque fuiste la servidora del Señor,
misión que se prolonga para nosotros en este tiempo
en el que libramos la gran batalla,
iluminados y aleccionados por tu ejemplo.

Te felicitamos Virgen María
llenos de esperanza en tu mediación maternal,
para que podamos también nosotros alcanzar la victoria.

La humildad y pequeñez
de tu servicio incondicional al querer de Dios
ha significado tu mayor grandeza,
porque gracias a tu actitud de despojo Él creció
y te hizo partícipe, asociándote a su obra redentora.

Tu camino va de la mano con el de Jesús, nuestro camino,
y así, te has convertido en el fruto más espléndido de su obra
y, para nosotros en el modelo de santidad
y adhesión al plan de Dios.

Vemos en tu vida y persona una expresión dócil y sencilla,
y, a la vez, totalizante de cómo debe ser para nosotros
el modo de vivir esta relación con Dios,
sin dudas, ni temor de equivocarnos,
convirtiéndote en un signo de esperanza.

Te felicitamos Virgen Madre del Rosario
pues nos diste al Redentor
que alcanzó pan para nosotros, la gracia y la salvación.

Eres el gran prodigio que creó Dios por bondad.
Eres la promesa de victoria,
nuestro triunfo sobre el mal.

Madre del Rosario:
hoy queremos proclamar tu grandeza
en la magnitud de tu servicio de amor,
hoy queremos confesar
nuestra gratitud y cercanía desde siempre,
que reconocemos y valoramos y anunciamos
de generación en generación.

Esta peregrinación,
reflejada en los misterios del rosario la hacemos contigo;
tu nos ayudas a recorrer un camino de discípulos,
que transitamos en la fe, y nos hace amigos de Cristo.

Él es el maestro que nos forma como los discípulos,
El que nos educa interiormente
para escuchar y asimilar su Palabra, que es la del Padre.

Caminar por los misterios de gozo, luz, dolor y gloria
es una peregrinación espiritual,
a la que estamos invitados a recorrer contemplando
los misterios de la vida de Jesús.

La meditación de cada uno de ellos
es una profunda oración,
y nos mueve a contemplar con María el rostro de Cristo.

Ellos nos permiten ahondar en la profundidad
de todo el mensaje evangélico,
el cual es como un compendio.

Esta familiaridad con el misterio de Jesús
nos es facilitada por el rezo del rosario,
donde aprendemos de ti,

Madre nuestra, a contemplar la belleza del rostro de Cristo
y a experimentar la profundidad de su amor.

Al contemplar sus misterios de gozo, luz, dolor y gloria
creemos y anunciamos la buena noticia de Jesús,
Mesías, Hijo de Dios.

Como hijos obedientes a la voz del Padre,
queremos escuchar a Jesús
porque Él es el único Maestro.

Como discípulos suyos sabemos
que sus palabras son Espíritu y Vida.

Con la alegría de la fe,
enséñanos a ser misioneros
para proclamar el Evangelio de Jesucristo,
y, en Él, la buena noticia de la dignidad humana, y de la vida,
de la familia y del trabajo,
de la ciencia y de la solidaridad con la creación.

Enséñanos a conocer y contemplar
los misterios de la vida de tu Hijo en forma amistosa
y haznos crecer como seguidores y discípulos de Cristo.

Conocer a a tu hijo Jesús
es el mejor regalo que podemos recibir cualquier persona;
haberlo encontrado nosotros
es lo mejor que nos ha ocurrido en la vida,
y darlo a conocer con nuestras palabras y obras
es nuestro gozo y nuestra alegría.

María:
Al desgranar las cuentas de tu rosario,
nos dirigimos directamente a ti.

Que este acto de amor, contigo y por ti
se dirija a Jesús que nos atrae a sí,
y nos ofrece la paz que conquistó para nosotros.

Por eso, Madre del Rosario,
llénanos de alegría;
eres tu, quien orienta nuestra oración;
tu eres aquella que con ojos de misericordia
nos muestra el modo de abrir nuestro corazón
a la voz del Espíritu Santo,
y a su Hijo, para ser anunciado a todo el mundo.

Tu has vivido por entero toda la peregrinación de la fe
como la Madre de Cristo
y luego, también de sus discípulos.

Enséñanos a peregrinar contigo y hacia Cristo.
Así como desde la anunciación,
tu silencio te permitió recibir y responder con fidelidad
a la voz del Ángel,
así también
la fe te acompañó a lo largo de todo tu camino terreno,
peregrinando en los misterios de Cristo.

Ayúdanos a recorrer contemplando
los misterios de la vida de tu Hijo Jesús.

Como pueblo peregrino que se pone bajo tu amparo,
te pedimos que nos hagas semejantes a Jesús
y podamos mostrar su rostro
labrando la amistad entre nosotros
para adelantar aquí el gozo de la patria futura.

Tu eres la reina del corazón,
de la mano tendida,
del cobijo y el acompañamiento,
del estar y caminar juntos,
de tu mirada serena y de tu ofrenda divina
al entregarnos a tu Hijo.

Tu eres la inspiradora de nuestros grandes ideales
de comunión y fraternidad,
ayudándonos a vivir en la alegría y en el dolor,
en la siembra y en la poda y en la sazón del fruto
que madura al calor de tu mirada.

Tu has entrado en el quehacer cotidiano de nuestras vidas,
haciendo de nuestras casas tu Nazareth;
de nuestras vidas, tu misión;
de nuestras conductas, tu obrar;
de nuestra oración, tu disponibilidad,
a lo que Dios te pidió de nuestras comunidades,
la fraternidad que nos imprime tu presencia de Madre.

Esta presencia en nosotros nos convierte
en discípulos de Jesús,
de quien eres la maestra que eligió la mejor parte,
en Iglesia como lugar de encuentro y vivencia,
porque al darnos a Jesús te convertiste en nuestra madre.

Queremos ser un signo visible y fuerte y gozoso
de todo lo que haces y significas para cada uno de nosotros,
que con fe grande y amor de correspondencia,
queremos expresarte el lugar que ocupas en nuestras vidas.

Bajo tu amparo, madre del Rosario
confiamos las personas que viven en viviendas degradadas
que se les aseguren condiciones de vida dignas,
la satisfacción de las necesidades fundamentales
y la posibilidad de realizar sus propias aspiraciones,
en particular en el ámbito familiar
y en una convivencia social pacífica.

Te pedimos que la cultura
no se vacíe de los valores trascendentes;
y que la vida sea más fuerte que la muerte,
que la tercera edad sea querida y reconocida,
que la el niño por nacer sea aceptado
porque ya es un hijo de Dios y hermano nuestro.

Ponemos bajo tu amparo, Virgen del Rosario,
la esperanza de los rostros sufrientes
que nos duelen.

particularmente los de aquellas personas
que tienen mayores necesidades,
y que la sociedad las ha arrinconado en la cuneta,
que viven en la calle,
que requieren especial cuidado y atención.

Que tu amor sea una luz en el camino de nuestra vida
–en el fondo la única– que debe iluminar a un mundo oscuro
y nos de la fuerza para vivir y actuar.

Madre del Rosario:
Enséñanos a amar con tu corazón.

Sabemos que como Madre
curarás las heridas de nuestras caídas
y como maestra nos indicarás el camino para no volver a caer.

Somos tuyos:
Te ofrecemos hoy nuestra vida y nuestro corazón,
tu guárdanos y defiéndenos como una posesión tuya.

Madre del Rosario:
Te sentimos tan cercana,
tan Madre y tan nuestra
que nos fusionas en la intimidad de Dios,
¡haznos uno, para que el mundo crea!

Amén.

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