26 de Junio de 2026
🎵 Canto a San Pedro y San Pablo | Himno para la solemnidad del 29 de junio
Cada 29 de junio, la Iglesia celebra con gran alegría la Solemnidad de San Pedro y San Pablo, dos de los apóstoles más importantes del cristianismo. Pedro, elegido por Jesús como la roca sobre la que edificaría su Iglesia, y Pablo, el gran apóstol de los pueblos, entregaron su vida por anunciar el Evangelio y dejaron un legado que sigue vivo más de dos mil años después.
Con motivo de esta gran fiesta, queremos compartir este canto a San Pedro y San Pablo, una canción de música católica pensada especialmente para la celebración de la Eucaristía, los coros parroquiales y todos aquellos que desean alabar a Dios a través de la música.
La letra recorre algunos de los momentos más importantes de la vida de ambos apóstoles. Recordamos la llamada de Pedro junto al lago de Galilea, cuando dejó sus redes para seguir a Jesús, y la conversión de Pablo en el camino de Damasco, donde un encuentro con Cristo cambió completamente su vida.
El estribillo nos invita a contemplar a Pedro y Pablo como testigos del amor de Dios, unidos por una misma misión: anunciar a Cristo con valentía y esperanza.
«Pedro y Pablo, testigos del amor,
luz encendida para el pueblo de Dios.»
Esta canción quiere ser una invitación para seguir su ejemplo y recordar que, también hoy, Jesús sigue llamando a cada uno de nosotros a ser discípulos y misioneros allí donde vivimos.
Una canción para coros parroquiales y celebraciones
Este himno está pensado para ser interpretado durante la Solemnidad de San Pedro y San Pablo, pero también puede utilizarse en encuentros de jóvenes, convivencias, catequesis, adoraciones o cualquier celebración dedicada a los apóstoles.
Su melodía sencilla y su mensaje hacen que sea fácil de aprender por toda la asamblea, favoreciendo la participación de la comunidad.
San Pedro y San Pablo: dos vidas, una misma misión
Aunque sus historias fueron muy diferentes, Pedro y Pablo compartieron una misma pasión: anunciar a Jesucristo hasta entregar la vida por Él.
Pedro representa la fidelidad, la confianza y la misión de guiar a la Iglesia.
Pablo nos enseña que nunca es tarde para cambiar de vida y dejar que Cristo transforme nuestro corazón.
Ambos son un ejemplo de entrega, evangelización y amor a Dios.
Escucha la canción
Esperamos que este canto a San Pedro y San Pablo os ayude a preparar la celebración del 29 de junio y sirva para seguir evangelizando a través de la música.
Si formas parte de un coro parroquial, una comunidad o un grupo de jóvenes, te animamos a compartir esta canción para que muchas más personas puedan cantar y celebrar la fe junto a los dos grandes apóstoles de la Iglesia.
¡San Pedro y San Pablo, rogad por nosotros !
Solemnidad de los Santos Pedro y Pablo – 29 de junio
Solemnidad de los Santos Pedro y Pablo
Solemnidad – Rojo
Hechos 12, 1-11 / Timoteo 4, 6-8, 17-18
/ Mateo 16, 13-19
Salmo responsorial Sal 33, 2-9
R/. “El Señor me libró de todos mis temores”
Santoral:
San Pedro y San Pablo, Santos María Tian de Du,
Magdalena Du Fengju, Pablo Wu Kiunan, San Juan
Bautista Wu Mantang y San Pablo Wu Wa
¡Quiero ser un pilar, Señor!
Que sostenga un poco más tu Iglesia,
con la fuerza y el calor de tu Palabra.
Que me haga sentir, de arriba abajo,
y de abajo arriba, tu presencia y tu poder,
tu presencia y tu voz,
tu energía y tu confianza en mí.
¡Quiero ser un pilar, Señor!
Como Pedro, que diga quién eres Tú:
¡El Mesías!
Como Pedro, que confiese sin temblor:
¡Eres el Hijo de Dios vivo!
Como Pablo, que de los mil caballos
en los que voy montado, Señor, caiga,
para que descubra, una y otra vez,
que caminas a mi lado y no me abandonas, Señor.
¡Quiero ser un pilar, Señor!
Útil y siempre abierto y buscando tu voluntad.
Firme y agarrado a tu Gracia.
Recio y embellecido por la oración.
Limpio y resplandeciente por la luz de la fe.
¡Quiero ser un pilar, Señor!
Como Pedro, con los poros de las limitaciones.
Como Pablo, con la experiencia de dos mil años.
¡Quiero ser un pilar, Señor!
Que sostenga, con mi pobreza,
la gran riqueza del Evangelio.
En el que edifiques, en mi debilidad,
el imperio y la grandeza de tu Reino.
¡Quiero ser un pilar, Señor!
Como Pedro, sin miedo a ser destruido,
ni derrumbado por el enemigo de la fe.
Como Pablo, aventurero y abierto,
para elevar, sobre mí mismo, lo que
muchos todavía no conocen: A JESUCRISTO.
¡Quiero ser un pilar, Señor!
Y que Tú, cuando quieras y como quieras,
edifiques cuando quieras y como quieras.
Amén.
P. Javier Leoz
Liturgia – Lecturas del día – 29 de Junio
SANTOS PEDRO Y PABLO, APÓSTOLES
Solemnidad
Ahora sé que realmente el Señor me libró
de las manos de Herodes
Lectura de los Hechos de los Apóstoles 12, 1-11
El rey Herodes hizo arrestar a algunos miembros de la Iglesia para maltratarlos. Mandó ejecutar a Santiago, hermano de Juan, y al ver que esto agradaba a los judíos, también hizo arrestar a Pedro. Eran los días de «los panes Ácimos».
Después de arrestarlo, lo hizo encarcelar, poniéndolo bajo la custodia de cuatro relevos de guardia, de cuatro soldados cada uno. Su intención era hacerlo comparecer ante el pueblo después de la Pascua. Mientras Pedro estaba bajo custodia en la prisión, la Iglesia no cesaba de orar a Dios por él.
La noche anterior al día en que Herodes pensaba hacerlo comparecer, Pedro dormía entre los soldados, atado con dos cadenas y los otros centinelas vigilaban la puerta de la prisión.
De pronto, apareció el Ángel del Señor y una luz resplandeció en el calabozo. El Ángel sacudió a Pedro y lo hizo levantar, diciéndole: «¡Levántate rápido!» Entonces las cadenas se le cayeron de las manos.
El Ángel le dijo: «Tienes que ponerte el cinturón y las sandalias» y Pedro lo hizo. Después de dijo: «Cúbrete con el manto y sígueme».
Pedro salió y lo seguía; no se daba cuenta de que era cierto lo que estaba sucediendo por intervención del Ángel, sino que creía tener una visión.
Pasaron así el primero y el segundo puesto de guardia, y llegaron a la puerta de hierro que daba a la ciudad. La puerta se abrió sola delante de ellos. Salieron y anduvieron hasta el extremo de una calle, y en seguida el Ángel se alejó de él.
Pedro, volviendo en sí, dijo: «Ahora sé que realmente el Señor envió a su Ángel y me libró de las manos de Herodes y de todo cuanto esperaba el pueblo judío».
Palabra de Dios.
SALMO RESPONSORIAL 33, 2-9
R. El Señor me libró de todos mis temores.
Bendeciré al Señor en todo tiempo,
su alabanza estará siempre en mis labios.
Mi alma se gloria en el Señor:
que lo oigan los humildes y se alegren. R.
Glorifiquen conmigo al Señor,
alabemos su Nombre todos juntos.
Busqué al Señor: Él me respondió
y me libró de todos mis temores. R.
Miren hacia Él y quedarán resplandecientes,
y sus rostros no se avergonzarán.
Este pobre hombre invocó al Señor:
Él lo escuchó y lo salvó de sus angustias. R.
El Ángel del Señor acampa
en tomo de sus fieles, y los libra.
¡Gusten y vean qué bueno es el Señor!
¡Felices los que en Él se refugian! R.
Está preparada para mí la corona de justicia
Lectura de la segunda carta del Apóstol san Pablo a Timoteo 4, 6-8. 17-18
Querido hijo:
Ya estoy a punto de ser derramado como una libación, y el momento de mi partida se aproxima: he peleado hasta el fin el buen combate, concluí mi carrera, conservé la fe. Y ya está preparada para mí la corona de justicia, que el Señor, como justo Juez, me dará en ese
Día, y no solamente a mí, sino a todos los que hayan aguardado con amor su manifestación.
El Señor estuvo a mi lado, dándome fuerzas, para que el mensaje fuera proclamado por mi intermedio y llegara a oídos de todos los paganos. Así fui librado de la boca del león.
El Señor me librará de todo mal y me preservará hasta que entre en su Reino celestial. ¡A El sea la gloria por los siglos de los siglos! Amén.
Palabra de Dios.
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 16, 13-19
Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Qué dice la gente sobre el Hijo del hombre? ¿Quién dicen que es?»
Ellos le respondieron: «Unos dicen que es Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías o alguno de los profetas».
«Y ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy?» Tomando la palabra, Simón Pedro respondió: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo».
Y Jesús le dijo: «Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo. Y Yo te digo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder de la muerte no prevalecerá contra ella. Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos.
Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo».
Palabra del Señor.